Lewis Hamilton brilló en Barcelona y ganó por primera vez con Ferrari

El británico cumplió su sueño de vencer vestido de rojo después de un 2025 lleno de sinsabores. Con el abandono de Kimi Antonelli, se puso a 41 puntos de la cima del Mundial. ¿Puede soñar con el octavo título?

Lewis Hamilton ya no tenía absolutamente nada más para demostrar en Fórmula 1. Ni tan siquiera necesitaba tomarse revancha de aquella temporada 2021 en la que considera que le robaron un título en la recordada y polémica definición de Abu Dhabi que se cerró con la primera corona de Max Verstappen. Sin embargo, dueño de todos los récords, con una cuenta bancaria como para que vivan sin problemas hasta sus bisnietos, de mínima, y a punto de cumplir 40 años, el heptacampeón decidió salir de la comodidad extrema que vivía en el equipo Mercedes, del que casi era el dueño, para mudarse nada menos que a Ferrari. El británico soñaba desde chico vestirse de rojo y representar al Cavallino y, finalmente, lo consiguió en la recta final de su campaña deportiva. En 2025, Hamilton se sumó a las filas del único equipo con presencia perfecta en todas las temporadas de F1, el más campeón, el más ganador, el que más hinchas tiene… La empresa no era fácil. Y le costó, vaya si le costó. Alerta spoiler: todo esto es porque Hamilton logró en el GP de Barcelona-Cataluña su primera victoria con la Rossa.

Hamilton debió esperar 31 carreras para poder subir al primer peldaño de un podio con Ferrari. Antes de eso vivió los momentos más oscuros de su carrera. El 2025 de Lewis fue extremadamente difícil, no logró ningún podio y hasta le tocó quedarse fuera de las clasificaciones en Q1. Muchos lo daban por retirado. El efecto Fernando Alonso y Sebastian Vettel, dos campeones que quisieron celebrar un título en Maranello y que se fueron sin conseguirlo, parecía que se había apoderado del inglés, pero con más intensidad porque ni siquiera podía subir al podio. En 2025 fue vapuleado por Charles Leclrec, su compañero de equipo e integrante del equipo italiano desde las inferiores. En Abu Dhabi 2025, la cita que cerró la temporada, algunos deslizaban que podría haber sido la última carrera en F1 para el siete veces campeón del mundo.

Pero Hamilton nunca dudó. Se fue de vacaciones y hasta se alejó de su teléfono para evitar estar en contacto con el mundo prácticamente. Volvió a Maranello en enero para ponerse a trabajar en el proyecto 2026 con un dato para nada menor: un proyecto que lo tuvo como protagonista desde el nacimiento. En 2025 heredó un auto que no se había diseñado con sus consejos y pedidos, recibió lo que Ferrari le dio. Para colmo, Frédéric Vasseur contaría a fin de año que en abril habían cerrado el trabajo sobre el SF-25 para poner todas las fichas en el auto de 2026 que llegaría con cambio de reglamento técnico.

Con energías renovadas, Hamilton volvió para subirse al SF-26, el auto de este año desde los tempraneros ensayos de pretemporada de Barcelona, desarrollado en enero. De entrada, se lo vi diferente, ya no quedaban rastros de aquella versión del heptacampeón de fin de 2025, apesadumbrado, callado y sin ganas de hablar. Y empezó la temporada con un séptimo puesto en Australia. Poco. En la segunda carrera, en China, fue tercero y consiguió, al fin, su primer podio. En la tercera cita, en Japón, Lewis golpeó la mesa en Maranello y pidió cambio de proveedor de frenos. Por supuesto, Ferrari se lo dio. Fue sexto, posición que repitió en Miami. Pero no estaba contento, estaba lejos de luchar adelante, de presentarle batalla a Mercedes, que acumulaba triunfos. Lewis volvió a hacer un movimiento interno: no más simulador. El inglés entendió que los datos de la virtualidad no tenían correlación con la realidad. Así llegó a Canadá y… Fue segundo. Y volvió a ser segundo en Mónaco para quedar como escolta de Kimi Antonelli en la tabla. El triunfo se intuía, se olía…

Y llegó en el GP de Barcelona-Cataluña, séptima fecha del año. Justo en Montmeló, el mismo circuito en el que en 1996 Michael Schumacher lograba su primera victoria vestido de rojo. ¿Será un preanuncio o solo una casualidad? Hamilton se había ganado el segundo cajón de partida con una vuelta infernal de clasificación el sábado. El inglés era el jamón del sándwich de Mercedes, que tenía a George Russell en el primer lugar y Antonelli en el tercero. Los ingenieros de la Scuderia apostaron por una estrategia distinta y arriesgada: le calzaron neumáticos blandos, contra las medias de ambas Flechas de Plata. El objetivo era tomar la punta en la largada y tratar de hacer una brecha en las pocas vueltas de vida que tendría el compuesto blando. Pero no funcionó, porque Russell partió perfecto y el orden de la carrera se mantuvo tal como era en la partida.

En la 12ª vuelta Hamilton paró en boxes y le cambiaron blandas por duras. Parecía que su chance se ganar se había esfumado. Pero en la vuelta siguiente se detuvo Russell. Sus medias duraron un giro más que las blandas del Ferrari. Y en el giro 14 se detuvo Antonelli. ¿Entonces? Todos con duras y carrera de estrategia similar. Todo igual que antes de las detenciones: Russell, Hamilton y Antonelli. En la vuelta 28 para la Ferrari 44 nuevamente y le ponen medias. Y empezó a volar. Sus tiempos de vuelta eran, en algunos casos, hasta dos segundos por vuelta más bajos que los de Mercedes. ¡Volvió el Hammer time! Su ingeniero de carrera le pedía que mantuviera ese ritmo y le daba ánimo. Lewis sacaba fuego de su SF-26. En la vuelta 36 se detiene Russell y vuelve detrás de Lewis. En la 38 para Antonelli y el heptacampeón quedó como líder de la carrera. Eso sí, debía otra parada. No le alcanzaba la brecha obtenida para volver delante de los Mercedes. Pero… Suerte, porque siempre se necesita una cuota de fortuna.

Fernando Alonso, justo Alonso, el piloto con el que vivió un tormentoso 2007 como compañeros de equipo en McLaren, con quien tuvo duelos rueda a rueda en pista y con quien la relación vivió momentos tensos, le dio una mano. Involuntaria, por supuesto. El débil Aston Martin del asturiano se quedó tirado en la novena curva, dirección de carrera desplegó auto de seguridad virtual y Hamilton pudo ir a boxes, cambiar los neumáticos y volver adelante. La ayuda estuvo, pero desde que la pista se habilitó nuevamente, imprimió un ritmo feroz, marcó el rércord de vuelta y viajaba no menos de medio segundo más rápido que Russell en todas las vueltas. En la 50, por ejemplo, Lewis marcó 1m20s293 contra 1m21s522 del de Mercedes. Brutal. El éxito estaba en el bolsillo.

Hamilton logró darse el gusto enorme de ganar con Ferrari. Cumplió un sueño y demostró su vigencia. El abandono de Kimi Antonelli le permitió quedar a 41 puntos del jovencito italiano y puede darse lugar a soñar con el octavo título. Se despertó el alma del campeón y eso no es bueno para sus rivales, no para su compañero. Leclerc acumuló su segundo abandono consecutivo y ya perdió 40 puntos con el inglés.

“¿Por dónde empiezo? No podría haber hecho esto sin este increíble equipo. El apoyo que tuve de ellos en el último año, aún más al comenzar este año. Fue un año tan difícil el 2025. Mis fans realmente me salvaron en un momento tan difícil el año pasado. Todos los días teniendo este sueño, desde que era un niño. Acabamos de decir que, en 1996, Michael Schumacher ganó aquí para Ferrari y recuerdo ver el auto rojo y siempre preguntarme cómo sería ganar en ese auto. Cómo sería estar en ese podio, ser esa persona que le dé al equipo el momento de cantar el himno nacional. No hay nada igual. Vengo de un lugar bajo para volver aquí. Nunca te rindas y sigue intentándolo”, dijo Hamilton después de su victoria.

Hamilton también habló sobre los comentarios negativos que llovían sobre él durante la temporada pasada: “A menudo uso a la gente que dice cosas negativas como motivación. Creo que es fácil ser negativo, y lo peor son los pilotos que saben lo que es trabajar en la pista. Como dije, fueron los aficionados quienes me rescataron. Varios me gritaban: 'No olvides quién eres'. Eso me impactó mucho; me hizo preguntarme cómo reencontrarme conmigo mismo y encontrar el valor para seguir adelante”, dijo

“Creo que estoy recuperando mi equilibrio. Tuve una excelente preparación, me entrené muy duro para estar acá. Estoy feliz con mi vida, así que estoy en un buen momento. Me encanta lo que hago. No hay mayor sensación que pilotar un coche de Fórmula 1. ¿Si pienso en el título? Queda un largo camino por recorrer y, como pueden ver, los Mercedes todavía tienen un ritmo excelente. Pero seguiremos trabajando para reducir la diferencia. Esto no ha terminado, de eso no hay duda", cerró.

Hamilton tiene siete títulos, 106 triunfos, 104 pole positions, 69 récords de vuelta, 206 podios… Y desde este domingo, algo que soñó siempre: ser ganador con Ferrari.