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El brujo al que el León le vendió su descenso y duraron 10 años ahí

ESPN.com.mx

LEÓN -- Se cumplió la palabra del Brujo Mayor. León vendió su descenso y una década en la Liga de Ascenso en 500 pesos.

Corría el año del 2001, ya casi el 2002, el León vivía una profunda crisis, agonizaba, se batía entre la vida y la muerte. Estaba destinado a descender. Sólo un milagro o un hechizo lo salvarían, así que personal del Club León viajó a la ciudad vecina, San Francisco del Rincón, conocida por la gran cantidad de personas que se dedicaban a la brujería, ahí encontraron a Chihuín, el Brujo Mayor, y lo llevaron al Nou Camp.

La tarea del Brujo Mayor era salir antes de cada partido con un ramo de Pirul a hechizar las porterías para que sólo cayeran goles del León, para así sumar triunfos y salvar la categoría. Pero no fue suficiente. León descendió.

De inmediato se creó la leyenda de que el León no había descendido deportivamente, sino que el Brujo Mayor invirtió el hechizo en contra de la Fiera para acabar con ella. Junto con ese mito se decía que Chihuín, antes de irse a la ciudad de donde venía, San Francisco del Rincón, dejó un gato negro enterrado en la puerta cinco, destinando así al equipo a vivir diez años en el abismo de la Primera División "A".

Pasaban los años, los torneos, la Primera División "A" cambió de nombre a Liga de Ascenso, León cambiaba de dueños, de directivos, de jugadores, de técnicos. Armaba equipazos, pero no volvía al máximo circuito.

El equipo perdía finales dramáticas. Siempre, cada que llegaban fuertes y como candidatos a ascender algo raro sucedía. La leyenda del Brujo Mayor tomaba más fuerza.

Pasaron exactamente diez años para que el León volviera a la Primera División (2002-2012). Se cumplió la palabra de Chihuín.

ESPN.com.mx se dio a la tarea de buscar al Brujo Mayor, viajó de León a San Francisco del Rincón y entre poco más de cien mil habitantes buscó a Chihuín. Él se encontraba en el lugar menos esperado: Afuera del Seguro Social vendiendo fruta picada con limón, sal y chile en polvo.

El 'Brujo Mayor' rompió el silencio. De entrada, confesó su nombre, se llama Prisciliano Hernández, pero prefiere que todos lo llamen Chihuín.

La plática se extendió por más de una hora donde contó sus anécdotas en el mundo del futbol, donde dice que fue un árbitro reconocido en San Francisco del Rincón y León, y sobre todo cómo y cuándo comenzó a ser de brujo en un estadio para hechizar las porterías. Confesó que todo inició en el Atlético San Francisco.

"La historia del Brujo Mayor nació en 1991 a raíz de que el equipo de San Francisco FC pasó a la final de la Tercera División, para ascender a Segunda, contra el Xalapa. La idea surgió porque hace muchos años, allá por los sesenta, había un brujo que salía en los partidos, me acordé de él y dije que lo reviviría. Usaba una túnica, un sombrero, una escoba, y un puño de Pirul encendido", recordó.

Luego, dijo la verdad sobre si él fue el que embrujó al León para descenderlo y luego destinarlo a vivir diez años en la división inferior. Pero antes contó cómo llegó al Nou Camp.

"Yo llegué al Club León en la época del señor Roberto Zermeño, por ahí del 2001. Me llevó ahí el "Pelón", hijo de "Petere" Santillán (QEPD), son muy amigos míos, ellos me conocían en el mundo del futbol. Recuerdo que "Pelón" vino a mi lugar, aquí a donde vendo fruta desde hace años, me dijo que si no iba a ser de brujo a León como le hacía con el San Pancho. El equipo vivía momentos muy difíciles, de crisis".

Ahora sí, contó la verdad el embrujo, un día el León no quiso pagarle 500 pesos, eso lo enfureció. La Fiera vendió su vida al Brujo Mayor. Nunca hubo conjuro, pero se cumplió su palabra.

"Yo en las porterías hacía las limpias para que no cayeran goles en contra del León, porque el equipo tenía que ganar.

"Recuerdo que una vez no ganó, empató a un gol con el Puebla, fui a las oficinas a cobrar a una señorita por mi trabajo, pero me dijo que no me iba a pagar porque el equipo no ganó. Me daban 500 pesos y no me los dio.

"Me dijo "no ganó el León, no hay dinero y váyase como pueda, como llegó; le dije que estaba bien, pero que de mí se iban a acordar, me respondió diciéndome "no pasa nada brujo mugroso", así que regresé y le dije "no me diga así, nada de eso, pero ahora le digo, téngalo en cuenta, siempre lo va a recordar: Este año el León va a descender.

"No me creyó y me repitió la primera frase, de brujo mugroso, volví y le repetí "no me diga así, porque ahora le digo, no sólo descienden, sino que van a durar diez años para regresar a Primera División, de mí se acordarán" y me salí enojado porque me repitió lo mismo que me dijo primero.

"Cuando pasaron los años y León no ascendía vino gente hasta a mí y me decían "quítale la maldición al equipo, sabemos que tú lo tienes embrujado. Yo sólo les respondía: "Ya lo saben, el equipo va a durar diez años en la Segunda División."

"La gente me decía que todo era mi culpa, que ellos me pagan lo que me habían quedado a deber pero para eso tendría que quitarles el conjuro. Yo insistí, les dije "eso ya está escrito, el León va a durar diez años en volver al máximo circuito. La señorita (del Club León) no me creyó y ahí están las consecuencias de que si trabajas por qué no te van a pagar. Cuando ascendieron, hace casi tres años, vino gente a agradecerme por quitarles el conjuro", dijo.

La palabra del Brujo Mayor tuvo más fuerza que cualquier hechizo: León descendió en el año que él dijo y volvió a Primera División diez años después de haber perdido la categoría, como él lo anunció.

Al final de esta plática, Prisciliano Hernández confesó otra verdad, la más grande de todas. Rompió el silencio.

"Yo no soy brujo, nunca me he dedicado a la brujería. Yo creo en Dios. Cuando ascendieron me dio gusto porque siempre le he ido al León, y todavía es día que no he acabado de comprender de que lo que dije se cumplió, todavía no acabo de comprender porque eso yo lo dije solo por hablar, estaba enojado con la señorita de la oficina. No me pagaron y hablé de más, dije eso del descenso y los diez años sólo por decir algo, hablar por hablar, no sé por qué, a lo mejor tengo una boca salada".

"Sobre lo del gato negro me dijeron que estaba ahí enterrado y que la culpa era mía, querían que fuera a sacarlo, pero yo no sé nada de ese gato. Ahora yo me dedico con mi carrito a vender fruta picada a fuera del Seguro de San Pancho, de ahí me mantengo, porque también me alejé de las canchas del futbol", concluyó.