Hay mundiales que no dejan un trofeo físico ni una estrella más en la camiseta, pero que alimentan la historia de un país: Argentina tuvo un torneo increíble con un final triste, nada más.
Cuando el dolor ceda un poco, Argentina abrirá los ojos y caerá en la cuenta de que tuvo un Mundial extraordinario en 2026… con un desenlace no deseado.
Tres años y medio después de coronarse en Qatar 2022 luego de siete partidos en los que fue superior a todos sus rivales —incluida la derrota ante Arabia—, la albiceleste no ofreció una justa tan brillante, sencillamente porque igualar aquella gesta era tarea imposible.
Sin embargo, en lo absoluto desmereció, tan es así que defendió su corona hasta las últimas instancias: en los tiempos extra de la final contra la mejor selección y con un hombre menos. Y si eso no es vender cara la derrota, ¿qué lo es?
Una primera ronda perfecta con el “acabado” —según algunos— Messi marcando seis goles, y a partir de la fase de ‘matar o morir’ hubo sufrimiento, corazón, amor propio, garra, virtuosismo y gozo.
Tiempo extra ante la sorprendente Cabo Verde, resurrección en 12 minutos frente a Egipto, otro alargue contra Suiza y el mejor gol del Mundial obra de Julián Álvarez, y voltereta agónica a los ingleses con la magia del ‘10’ como bandera. Eso fue Argentina. Y el resumen es frío, pero costó sangre, esa que solo el futbolista albiceleste sabe poner.
La Final, el único reproche
En el circo previo que armó la FIFA con las conferencias un día antes de la Final, Messi no escatimó elogios para su rival, y entre líneas dio a entender que España era la favorita, aunque advirtió que ellos tenían sus armas y tratarían de emplearlas de la mejor manera.
El anuncio de Leo nunca se cumplió porque Argentina asumió una postura indigna de su grandeza y de su condición en ese momento como la campeona defensora.
Se sintió menos que España al grado que no intentó ni competirle. Nunca se sacudió el pánico escénico y sus mejores hombres quedaron reducidos a nada. No tocaban el balón, no salían de su mediocampo, no le daban juego a Messi. Solo defendían como gato boca arriba encomendados al ‘Dibu’, encomendados a un milagro.
Resultaría injusto señalar y no se diga responsabilizar por completo a Scaloni porque los futbolistas argentinos también fueron culpables de la postura adoptada. Ni el largo descanso al medio tiempo con un afortunado 0-0 los hizo despertar.
El propio Emiliano Martínez —según se aprecia en un video— les pidió ir para adelante antes de volver a encarar el complemento y usó la palabra “cobardes”. Su exigencia fue competir.
En medio de todo el escenario catastrófico en el que Argentina no hizo ni un disparo a gol en 90 minutos, la cosa empeoró con la expulsión —justa— de Enzo Fernández. Y ante la mayor adversidad posible, los campeones se acordaron de quiénes eran y rozaron la hazaña al estar a punto de forzar los penaltis.
No alcanzó, pero esas jugadas de Messi ya con el 1-0 y cerca del minuto 120 revelaron mucho, revelaron todo: Argentina sí tenía con qué pelear, pero se decidió tarde a hacerlo.
¿Qué pasó, por qué no lo buscó antes, por qué se asumió inferior desde el silbatazo inicial? Sólo ellos lo saben. Y por supuesto, en lo absoluto se hace eco en este espacio de teorías extrañas sobre amenazas o aspectos extradeportivos.
Sí que la arenga de Messi fue débil y los rostros de prácticamente los 11 titulares denotaban todo menos confianza. Va de nuevo, lo que sucedió en ese vestuario lo conocen únicamente los integrantes de la selección.
Hoy el dolor sigue fresco, pero que nadie lo dude, cuando Argentina abra los ojos se dará cuenta que el Mundial 2026 no fue un fracaso y mucho menos se resume en una derrota… Fue un capítulo maravilloso que alimentó su historia, con un final triste porque el rival fue superior. Así toca aceptarlo y así toca contarlo.
