Opinión: La inexplicable animadversión por Messi y Argentina

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España domina a la Argentina de Messi y se corona Campeona del Mundo (2:14)

Todo el Mundial Argentina y Messi estuvieron bajo la lupa, envueltos en teorías de conspiración, acusados por supuestas ayudas de los árbitros y la FIFA, hasta que perdieron la Final y eso fue motivo de disfrute para muchos.


Resulta complejo entender que quien ama al futbol fundamente su felicidad (deportiva) en la derrota de un equipo o de un futbolista.

En gran medida eso pasó en el Mundial. Argentina y Messi fueron blanco de odio y animadversión por el simple hecho de ganar y de llegar a la justa con la etiqueta de campeones del mundo.

Cada partido estuvo bajo la lupa: no expulsaron a Messi, el portero se comió sus goles, otra vez les regalaron penaltis, estuvo mal anulado el tanto a Egipto, no era roja la del suizo, y ante Inglaterra “tal vez” hubo fuera de lugar o falta, previo a las anotaciones, y no se revisó en el VAR.

Ese fue el nivel del discurso y teorías de conspiración que envolvieron a la albiceleste a lo largo de ocho partidos en la Copa del Mundo, sin olvidar el señalamiento en el sentido de que la FIFA le trazó un camino fácil para que llegara a semifinales sin enfrentar a una selección de peso.

A esos grados se llegó, de ese tamaño fue el descrédito hacia la campeona defensora encabezada por el mejor futbolista de la historia, que a los 39 años demostró su vigencia, preparación y mentalidad para llevar a su selección a una segunda final del mundo de forma consecutiva, con lo complejo que eso resulta.

Nunca como ahora los ‘anti Messi’ y ‘anti Argentina’ se mostraron de cuerpo entero: fueron fans de Argelia, Austria, Jordania, Cabo Verde, Egipto, Suiza, Inglaterra y España, y hasta el octavo intento les tocó festejar.

Por fin cayó el héroe y eso fue motivo de disfrute, sin importar que si dichos ‘haters’ son mexicanos, su selección se quedó en la misma instancia que desde hace 40 años; o si son admiradores de Cristiano Ronaldo, el veterano realizó un Mundial penoso y fue un lastre que Portugal arrastró y quedó eliminada muy temprano. Por España, por cierto.

Ya ni hablar de los madridistas, sin un solo futbolista en la ahora campeona del mundo. Se abrazaron a Kylian Mbappé y a Jude Bellingham que acabaron disputando el partido que a nadie le interesa jugar, el del tercer lugar.

“¿Por qué tanto odio a Messi, qué hizo Leo?”, se preguntó en un podcast el ‘Kun’ Agüero, ex compañero de selección y amigo cercano del capitán de Argentina, luego de la remontada histórica frente a los ingleses.

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Messi, el amo moderno de las finales mundialistas

Porque ni en ese momento se le dio crédito a la albiceleste: la conversación giró en torno a la manta sobre Las Malvinas o al festejo de Enzo Fernández que, según algunos, fue “irrespetuoso” por llevarse las manos a los oídos en claro mensaje a sus críticos.

Y sí, ¿qué les hizo? El éxito lastima a quienes son incapaces de encontrar el propio o ya de menos disfrutarlo de vez en cuando a la distancia a través de los colores con los que se comulga, si se trata de futbol.

“Nuestras sonrisas molestan”, escribió Rodrigo de Paul, otro cercano a Messi. Y sí, a lo largo de cuatro años dolió mucho que Argentina y campeón del mundo fueran parte de una misma oración.

No es poca cosa la manipulación y mensajes que rebasaron lo deportivo desde algunos medios y no se diga comunicadores para fomentar el odio hacia Argentina. No solo contra la selección, también dirigido al pueblo argentino que tendría que ser hermano y resulta que es enemigo.

Se les tacha de agrandados, racistas y engreídos con una ligereza que asusta, como si el país estuviera representado por unos cuantos. Impresentables hay en todos lados, sin excepción, y mal hacen muchos mexicanos que muestran su clasismo hacia la comunidad argentina que radica en estas tierras.

La violencia no se justifica en ninguna de sus formas y mucho menos si se trata del futbol, que en su esencia tiene la virtud de unir y ser un generador de alegría. No es tan difícil de entender.

Tú defiendes y apoyas a tus colores y yo hago lo propio con los míos, con el respeto como regulador de las pasiones. Nada más.

Por ello la ola de mensajes de odio y burlas en las redes sociales y los hechos violentos en centros comerciales, aviones, el metro o cualquier otro sitio resultan condenables.

¿No te gusta Messi, te cae mal la selección Argentina? Está bien, es válido. De ahí a atacar, celebrar su tropiezo como si te fuera la vida en ello y basar tu felicidad en la derrota ajena habla más de ti que de los eternos campeones del mundo. Porque eso son y eso serán siempre.

Digan lo que digan y le duela a quien le duela, como expreso Leo tras la épica remontada frente a Inglaterra.

Para cerrar, bien vale la pena recordar en este contexto una frase de Jorge Valdano: “El que no quiere a Messi, no quiere al futbol”.