En algún momento de los pasados meses, los Brooklyn Nets se tuvieron que cuestionar si esto sería así: de favoritos en la pretemporada a un imán de controversias, la campaña no ha sido nada sino una montaña rusa de emociones para la escuadra de Steve Nash.
Para muchos, Kyrie Irving fue el principal conductor en ese ‘sube y baja’ a raíz de su decisión de no vacunarse contra el COVID-19, desatando una cadena de eventos que incluyó su tiempo inicial apartado del equipo, su regreso como jugador a tiempo parcial, la salida de James Harden que rompió el Big 3 de Irving-Harden-Kevin Durant, el resbalón de los Nets en la tabla de posiciones, y finalmente, su regreso a jugar a tiempo completo luego de que Nueva York levantó su mandato a los atletas no vacunados.
A través de todo eso, Irving aguantó las críticas, se mantuvo firme y nunca vaciló. Sus compañeros siempre lo apoyaron. Su juego ha ido de menos a más, y ahora que la postemporada se encuentra a la vuelta de la esquina, es el base mercurial quien posiblemente mejor está posicionado para dejar su marca en la contienda por el Trofeo Larry O’Brien; justo como los Nets lo envisionaron.
El estatus de Irving y la controversia de Harden, sumado a lesiones, inconsistencias y otros factores, se combinaron para dejar a Brooklyn en la parte trasera de la conferencia, asegurados de tener que jugar y ganar en el play-in para competir en los playoffs. Entrando a la acción del último miércoles de la temporada contra sus vecinos Knicks (7:30 p.m. ET, ESPN Deportes), los Nets están en el octavo puesto con una o dos victorias necesarias en el torneo de entrada para avanzar a los playoffs.
Eso es muy lejos de lo que se anticipaba para esta temporada, pero no necesariamente significa que todo está perdido. Ahora los Nets tienen la posibilidad de ser uno de los menores sembrados más peligrosos en la historia de la postemporada de la NBA, gracias a los talentos generacionales de Irving y Durant.
Las destrezas de Irving nunca fueron cuestionadas, por algo fue seleccionado número 1 en el draft de 2011, y en cancha ha demostrado ser uno de los bases/escoltas más talentosos de todos los tiempos. Ese juego de genio le ‘perdonó’ varias de las actitudes que marcaron su salida de los Cleveland Cavaliers, su tiempo con los Boston Celtics y la actualidad que vive con los Nets.
Su juego, aunque se presta para eso, no ha sido egoísta; no al lado de LeBron James, no al lado de Durant (aunque sí tuvo dificultades en Boston, más allá de su juego en cancha, como mentor de estrellas en ciernes como Jayson Tatum y Jaylen Brown). La gran apuesta de los Nets es que el dúo de Irving-Durant aparezca todas las noches, cumpliendo en y fuera del tabloncillo.
Brooklyn no cuenta con el personal de 1-12 en papel para compararse con los primeros 4 equipos en el Este, y la ausencia prolongada de Ben Simmons los dejaría con poco tiempo en cancha para desarrollar química si el ex base de los Sixers llega a debutar esta temporada. Lo que sí tiene Brooklyn es a dos de los mejores jugadores de la NBA -quizás el dúo más dinámico en toda la liga- con motivación extra a raíz de todo lo sucedido en 2022.
Y un Irving motivado, puede ser un Irving imparable, capaz de hacer de su combo con Durant uno intratable para el resto de la competencia, en especial si la salud los beneficia a ambos el resto del camino.
Irving tiene la experiencia necesaria de postemporada como para jugar un papel de actor principal, una versión más refinada del socio en cancha de James que ayudó a los Cleveland Cavaliers a alcanzar tres Finales corridas y ganar el campeonato en 2015-16. Y si bien James tuvo la jugada emblemática de su carrera en dicha serie contra los Golden State Warriors con una de los mejores bloqueos en la historia de las Finales, Irving también tuvo la suya, aunque en el otro lado de la cancha.
Su canasta sobre Stephen Curry en el Juego 7 es una de las mejores y más dramáticas en la historia de las Finales, asegurando que vivirá para siempre en ese momento destacado que tanta historia hizo en contexto, desde romper la sequía de campeonato de 52 años en Cleveland (y cumplir la misión de James), a frenar a los Warriors de 73 victorias con la primera remontada de 3-1 en las Finales (y destrozar los sueños de Curry de liderar la temporada más exitosa de todos los tiempos). De cualquier forma que se vea, simplemente no se puede escribir mejor.
Analizando el panorama en el Este también nos deja con la impresión de que Irving tiene muy pocos rivales de cancha perimetral capaz de pararse de tú a tú contra él, especialmente a la hora de ir 1-1, y de obligarlo a sobresalir en defensa.
La producción de Irving ha ido en aumento desde su debut a principios de año (de 24.5 PPJ en enero a 25.7 PPJ en febrero y 30.0 en marzo), y de seguro forzará la acción en la postemporada, sin importar el equipo en frente, tratando de imponer su ofensiva ante sus debilidades defensivas. En cuestión de pareos específicos, en seis partidos de temporada contra los primeros 4 del Este (Miami Heat, Milwaukee Bucks, Philadelphia 76ers y Celtics), todos menos en la carretera, Irving promedió 24.0 PPJ y ganó tres de seis.
Claro está, habrá noches en que esa formula de apoyo total en Durant-Irving simplemente no será suficiente como para ganar, similar a lo que ocurrió cuando el dúo de superestrellas se combinó para 78 puntos el 23 de marzo en una derrota 132-120 ante los Memphis Grizzlies (que para colmo jugaron sin Ja Morant).
No obstante, la dupla de Irving y Durant es tan tentadora (como Kirk Goldsberry explicó detalladamente), que los Nets, a pesar de todos los cambios, lesiones, drama etc, siguen estando entre los favoritos de las apuestas para ganarlo todo, considerando además la travesía larga que el equipo encara en los playoffs. Recordamos que los Houston Rockets de 1994-95 son el sembrado más bajo (6) en alzar el trofeo, así que lo Nets tendrían la historia en contra también de sus aspiraciones.
Irving ya tuvo su momento de postemporada, ya tiene su campeonato y lo que hace con el balón muy pocos lo pueden replicar. Entonces, por cada controversia que surge, por cada momento que se cuestiona su sanidad o se etiqueta como ‘inmaduro’, Irving tiene una respuesta.
Solo tiene que dejar que su juego en cancha hable por él.
