<
>

El análisis de Carlos Irusta: a Óscar le faltó final

Digno hasta el final, generoso en la entrega, sólido en el ataque y bravo en los cruces, Óscar Rivas sin embargo no pudo ganarle a Dillian Whyte, el jamaiquino inglés que, a los 31 años, se consagró retador obligatorio al campeonato mundial del CMB, en una batalla porque eso fue, una batalla, en la que el ganador anduvo por el suelo en uno de los momentos más dramáticos del combate.

Asumiendo la iniciativa con energía y combinaciones, el colombiano comenzó a hacerse dueño del ring desde los primeros momentos. Su rival, que ahora suma 26 victorias, con 18 nocauts y una sola derrota ante Deontay Wilder, lució siempre como el más sólido de los dos. De hecho, en el primero cruce de dinamita, fue Rivas quien acusó más el impacto, aunque logró pasar el mal rato. El colombiano, que ahora se queda sin invicto en 26 peleas ganadas con 18 nocaut y esta derrota por puntos, logró a pesar de todo, inclinar el riel de la balanza a su favor en los rounds intermedios.

Llevando el ataque, metiendo buenas combinaciones y sacando provecho de su mayor velocidad, fue superando a un hombre estático, pero muy fuerte, que se jugaba en las contras de derecha.

En el noveno asalto se produjo la gran conmoción. El momento en el que todo pareció estar a favor del colombiano, quien con un tremendo uppercut de derecha lo tuvo por el suelo a su rival, quien cayó pesadamente.

Se levantó, sentido, pero se levantó. Faltaba casi todo el asalto para que Rivas pudiera rematar su faena, pero no pudo ser. Tal vez por falta de claridad, tal vez porque Whyte logró también salir de la incómoda situación o tal vez porque falló la suerte, pero el round terminó con un Whyte no totalmente recuperado, pero al fin de pie.

De ahí en más empezó otra pelea, porque mientras Rivas parecía tener todo a su disposición, también pareció como ahogado tras haber tirado muchos golpes en ese asalto, el noveno, que lo tuvo tan cerca de un triunfo terminante.

A su vez, guiado más por su instinto que otra cosa, aunque en realidad habría que destacar su corazón de campeón, Dillian Whyte pareció resurgir de sus cenizas.

Cansado Rivas, sólido Whyte, ambos llegaron agónicamente a un final electrizante. Y no estamos hablando de una pelea fragorosa, o un combate de rayos y truenos, sino de una muy buena pelea, cargada de alta tensión, entre dos peleadores que nos tuvieron al borde de la butaca, por lo cambiante de las situaciones.

Le faltó final a Rivas, el mismo que sí tuvo el ahora campeón. Y, aunque teníamos ventajas en nuestra tarjeta para Rivas, sabíamos también que, peleando de visitante, con un encuentro lleno de matices y, esto es para tener en cuenta, con un rival como Whyte que no se entregó nunca, especialmente en los asaltos finales, era previsible que el fallo fuera para el dueño de casa, tal cual como fue.

Sí, le faltó cerrar la pelea a Rivas, tal vez por agotamiento o por falta de experiencia. Nos cuesta hablar de robo. De hecho, transmitimos la pelea por ESPN junto a un gran campeón, como Iván Calderón, quien también estuvo de acuerdo con las ventajas para el colombiano.

Pero… en este boxeo de hoy, donde la localía y el negocio siempre tienen peso específico, se sabe que hay que ganar sin dejar dudas para llevarse el fallo. Máximo cuando como en este caso, el dueño de casa ofrece coraje, decisión y potencia. Nadie le regaló demasiado a Whyte. Si la pelea hubiera sido en Colombia hubiera ganado Rivas.

Pero el hubiera no existe y se llevó la decisión Whyte.

Eso sí, que se quede tranquilo Óscar, porque hay tiempo por delante, porque fue una gran experiencia, porque no siempre se gana y no siempre se pierde así, de esta manera, sabiendo que se hizo todo lo posible, aunque no haya alcanzado.

Le faltó final, le sobra futuro.