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Lonnie Ali no permitió muchos cambios en los planes del funeral

Nota del editor: A un año de la muerte de Muhammad Ali, ESPN The Magazine compila los eventos y protagonistas durante la agonía, muerte y sepelio del llamado "El Más Grande". Esta es la segunda de tres partes sobre los eventos que se suscitaron luego de que Alí expirara el 3 de junio de 2016.

No hay nadie mirando. No hay nadie ovacionando. No hay multitudes. Es muy temprano en la mañana del domingo, y tres vehículos se están dirigiendo al aeropuerto. Uno es un coche fúnebre blanco que contiene un atúd especial para viaje envuelto en una tela funeraria provista por Zaid Shakir, negra y con versos islámicos bordados en oro. Los otros dos son un automóvil de la policía y un SUV negro. El vehículo que va al frente de la procesión lleva a una guardia de la policía local; el que va al final lleva a los tres detectives de homicidios de Louisville. Hay tanto silencio que los hombres que integran este cortejo de extraños comparten una sensación de incredulidad -- seguramente serán descubiertos, atacados. Pero no lo son. Llegan al aeropuerto, donde un jet alquilado está esperando. Los vehículos entran directamente a la pista, y se detienen junto a la bodega de carga del avión. Unos pocos amigos de Ali están cerca para ayudar a los empleados de la funeraria, a la policía y a la tripulación de vuelo a cargar el ataúd cubierto en el avión; ponen sus manos en él, sobre él, y luego suben las escaleras para unirse a los vivos. El automóvil, el SUV y el coche fúnebre comienzan a partir, el avión se prepara para despegar. Pero cuando lo está haciendo, el conductor del coche fúnebre ve que varias camionetas de televisión avanzan sobre la pista. Se detienen al mismo tiempo que su presa se eleva al cielo.

El avión es un 737 alquilado a los San Francisco Giants. Es el avión grande que quería el hombre que viaja en la bodega. No alcanza a haber 30 pasajeros. Aunque todos están dispersados en la cabina, todos tienen algo en común. No es accidental que estén juntos; no sorprende que lo estén. Hasta donde pueden saber unos de otros, se conocen entre sí porque durante años ellos estuvieron comprometidos con el mismo secreto. Mucho antes de que Muhammad Ali falleciera, fueron elegidos para acompañarlo a su último descanso.


Lonnie está sentada en la parte delantera del avión con sus hijos y nietos, muchos de ellos vistiendo camisetas que proclaman a su marido "The Greatest of All Time" (El Más Grande de Todos los Tiempos). Algunos familiares no están en el avión alquilado y cuando Lonnie trató de hacer reservas de vuelos y hoteles para ellos mientras todavía estaba en Arizona, tuvo el primer indicio que el tamaño y alcance del funeral podrían superar sus expectativas. "¿Qué es lo que está ocurriendo en Louisville?" le dijo el agente de viajes. "¿Por qué es tan difícil conseguir vuelos a Louisville?"

"Bueno, falleció mi marido", le dijo Lonnie.

"Siento escuchar esto", le dijo el agente de viajes, como si Lonnie hubiera dicho una incongruencia. "Claro, ¿pero qué es lo que está ocurriendo?"

Lonnie nunca le explicó al agente que su marido era nada menos que Muhammad Ali. Pero así es Lonnie. Aunque su cara está demacrada por la tensión y camina con una leve renguera, todavía tiene las pecas y el talento para girar sus ojos que la identifican como lo que fue, es y siempre será. Yolanda Williams, la chica del vecindario. Ella tenía 6 años cuando conoció a Cassius Clay; él tenía 21 años y estaba por convertirse en el campeón mundial de los peso pesados. Ella vivía enfrente de los padres de él; las madres de ella y de él eran amigas. Ella es la prueba viviente de lo importante que siempre fue Louisville para él; porque una de las muchas cosas que ella terminó haciendo para él fue mantener a Louisville en su vida. Cuando Lonnie se define como una "chica de Louisville", ella quiere decir que es una chica sureña y una chica de escuela católica a la vez, sin mencionar que es la chica que Ali reconoció rápidamente como poseedora de sentido común. Ella se refiere a sí misma como "ol' Lonnie" (vieja Lonnie); insiste en que ella y Ali no fueron nada más ni nada menos que personas normales, a pesar de que su marido era el hombre más famoso del mundo. Su padre tuvo polio, así que hasta la enfermedad de Parkinson de Ali le pareció normal a ella. Por experiencia personal ella sabía que él le pertenecía a cualquiera que pidiera su autógrafo, pero era difícil comprender que él le pertenecía a todos. Y cuando él hablaba de realizar su servicio fúnebre en una arena o un estadio, ella contestaría, "Sí, está bien, Muhammad". Esto no quiere decir que no está consumida por un sentido de misión cuando está en el avión. Lo está, pero es la misión de una chica de Louisville que quiere llevar a Muhammad Ali a casa.


En el Corán, está escrito que todo está escrito -- "nada nos sucederá excepto lo que Alá haya decretado para nosotros". Y así es con Ali, en el sentido más literal. Hay un libro, llamado "The Book" (El Libro), que es la crónica de su muerte, por anticipado, Es una cierta recopilación, tomada de la experiencia de abogados, policías, clérigos y maestros de las artes mortuorias. Fue escrito por Bob Gunnell. Ocho años atrás, cuando los Ali estaban buscando a alguien para planificar el funeral de Muhammad, eligieron a Gunnell, un experto en relaciones públicas de Louisville que más tarde fundaría su propia firma, BoxcarPR, y que no tenía experiencia en planificación de eventos. Se sentían cómodos con este vecino de Louisville, aunque en realidad Gunnell comenzó como muchacho de campo de Eminence, Kentucky. Se encontró con el tipo de escenario que estaba por ocupar cuando miraba el funeral de Michael Jackson en 2009. Lonnie lo llamó y le dijo, "Bob, no quiero que el funeral sea como este. Queremos que sea de acuerdo a la tradición islámica. Debe ser llevado a cabo de acuerdo a los deseos de Muhammad, hasta el último detalle".

Gunnell y su asociada en Boxcar, Danielle Rudy Davis, completaron tres borradores de "The Book" antes de someterlo a la aprobación de Ali, y cuando lo hicieron, él revisó e inicialó cada página. Eran 169 páginas. Además, había un fajo de acuerdos de confidencialidad, varios de los cuales habían sido firmados por los pasajeros del vuelo de Phoenix a Louisville. Jeff Gardner, en su traje y corbata; Todd Kessinger y su equipo, en sus uniformes azules de gala; Zaid Shakir y Timothy Gianotti; el mismo Gunnell: Todos estaban comprometidos a guardar el secreto, y "The Book" se llama "The Book" porque bajo ninguna circunstancia debía existir - y quedar al alcance de ojos curiosos - un documento que se llamara "El funeral de Muhammad Ali."

¿Y sin embargo quién sabe qué dice el propio libro de Dios, cuántas ideas de último momento y tachaduras complican sus páginas? "The Book" podría estar almacenado en la caja fuerte de Boxcar, pero estará siempre sujeto a revisión. Cinco días antes de que Ali fuera admitido en Scottsdale Osborn, Gunnell tuvo la reunión con Lonnie y tuvo que reducir a la mitad sus cálculos sobre la multitud. Ayer, no mucho después de que el cuerpo de Ali fuera purificado por Ahmad Ewais, Gunnell se encontró con Lonnie en la sección calzado de Nordstrom y acordaron lo que parecía ser el plan final para la semana siguiente. Y sin embargo ... ¿quién sabe lo que les espera en Louisville? "The Book", en su versión presente, está basado en que unas 5.000 a 6.000 personas concurrirían al homenaje funeral de Ali. Pero Gunnell, aquí en el avión, en uno de los trajes que compró en Nordstrom, no puede evitar que lo obsesione una conversación que tuvo con Matt Lauer el día que Ali falleció. Lauer ha sido el primer periodista en saber que la muerte era inminente y en una de sus conversaciones, Gunnell le preguntó si podía imaginar cuántas personas asistirían al funeral. La respuesta de Lauer fue: "Piensa en Nelson Mandela."


"Tenemos que tener una reunión de emergencia", le dice Shakir a Gunnell. Todavía están en el aire. Es un vuelo de tres horas y todavía hay tiempo antes de que aterricen. Sin embargo, hay una sensación de urgencia. Es domingo; cuando el avión aterrice, la muerte de Muhammad Ali, todavía un suceso privado, se transformará en uno público. Gunnell ya ha dado instrucciones al personal de Boxcar para despejar hoteles y salones de eventos en todo Louisville, y Boxcar y Lonnie estuvieron abrumados por las consultas que recibieron de celebridades y líderes mundiales. Una de ellas provino del presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, que quería sumarse a los oradores del servicio de homenaje funeral de Ali.

Ali había seleccionado a los oradores hacía mucho tiempo y Erdogan no estaba entre ellos. Pero cuando Lonnie sugiere que tal vez él podría orar o leer del Corán en el servicio oraciones islámicas denominado la jenazah, Gunnell le recordó que la jenazah, al menos como se la describe en "The Book", debe ser un evento pequeño y privado, al que solo pueden acceder los familiares y amigos. Así que la pregunta no es cuán grande va a ser el funeral, ni cuántas personas famosas van a poder ser atendidas, sino ¿a quién pertenece Muhammad Ali?

Él poseía esa clase de espíritu, la clase que la gente reclama como propia, así que enterrarlo requiere contemplar cualquier cantidad de aspectos. Él era un marido y un padre. Era un ciudadano de Louisville; era un ciudadano del mundo. Era un orgulloso hombre negro que sostuvo la verdad de su propia belleza; el fue mencionado -especialmente en sus últimos años cuando el silencio lo había hecho más seguro- como la incorporación de la posibilidad post-racial. Se convirtió en una figura global, no cuando llegó a ser campeón mundial de peso pesado sino cuando cambió su nombre de Cassius Clay a Muhammad Ali, cambiando el nombre de un orgulloso hombre joven por un nombre que había enorgullecido a su pueblo. Era un musulmán, devoto y conservador, y era una celebridad que tenía la tendencia de referirse a sí mismo con superlativos. Nunca dejó de llamarse a sí mismo "El Más Grande" y nunca dejó de decir que Dios es grande y, de alguna manera, reconcilió ambas afirmaciones.

Es fácil decir que Ali les pertenece a todos. Hasta podría ser verdad. Pero en el avión, Shakir se reúne con Loonie Ali y Bob Gunnell y le dice que él le pertenece a las personas que lo necesitan, y las personas que lo necesitan son los musulmanes y los afroamericanos. El pertenece a Alá, es cierto, pero él pertenece a Alá porque él pertenece a esas personas. Si a esas personas se les niega la posibilidad de rezar por él -- bueno, eso no solo les hará daño a ellas sino a él. Él no está aquí solo para ser homenajeado; está pasando al más allá así que está aquí para ser ayudado por muchas manos. Alá necesita su alma; por lo tanto, las personas necesitan su cuerpo, para rezar por la liberación de su alma.

El avión llega a Louisville y cuando aterriza y los pasajeros comienzan a agitarse, Lonnie se para. Ella es una mujer que habla en voz baja, pero también lo hace de manera directa y ahora hace un anuncio que suena como una declaración general de principios: "Todos pueden sentarse. Muhammad será el primero."


Es un día ventoso en Louisville, y el viento desplaza la tela funeraria negra y dorada del ataúd cuando lo descargan de la bodega de carga del avión y lo cargan en la parte posterior de un coche fúnebre. El alcalde, Greg Fischer, está esperando en Louisville, junto con una formación en media luna de ocho SUV negros, que contienen todo un contingente de seguridad liderado por Kelly Jones, el jefe de operaciones especiales de la Policía Metropolitana de Louisville. Hay helicópteros en Louisville, tomando imágenes sin sonido y hay nervios alterados en Louisville, y camino a la casa funeraria, Jones ve a las personas que están en los automóviles sacar sus teléfonos para tomar fotografías, así que le ordena a la procesión comenzar a ignorar las luces de tránsito.

Woody Porter está esperando a Lonnie en el segundo de los locales de A.D. Porter Funeral Home, lejos del centro de la ciudad. Porter es el descendiente de cuatro generaciones de directores de funeral afroamericanos. Es calvo y atildado, y aunque está afectado por la diabetes y sabe cómo bajar su voz en señal de respeto cuando es necesario hacerlo, es una destacada presencia con una risa ruidosa -- un vivaz encargado funerario. Él enterró al padre y a la madre de Muhammad y a la madre de Lonnie, y cuando Ali aprovechó el velatorio de Cassius Marcellus Clay Sr. como una oportunidad para repartir literatura islámica en la cabecera del ataúd, Porter conocía a Ali lo suficientemente bien como para decirle, "Ali, siéntate. No tienes que estar parado durante el velatorio de tu padre". Lonnie confía en él porque es como de la familia y sabe hacerla reir.

Ocho años antes, fue con Jeff Gardner a la casa de Ali en Louisville para una reunión preliminar sobre el funeral de Ali. Cuando Zaid Shakir y Timothy Gianotti le explicaron que Ali, como un musulmán respetuoso de los preceptos, debía ser enterrado en un ataúd tan sencillo como fuera posible, Porter se dirigió a Ali y le preguntó: "Ali, ¿qué prefieres: metal o madera?" Ali respondió, "Madera". Porter esperó a Lonnie mucho tiempo hasta que se decidió a comprar el ataúd y, cuando ella lo hizo, el mismo se quedó en A.D. Porter durante casi cuatro años. Ahora, mientras él espera a Lonnie, el ataúd espera a Ali.

El ataúd no está demasiado adornado, de acuerdo con los deseos de los Ali. Pero tampoco es un cajón de pino; y no es nada menos que lo que Porter llama "una hermosa pieza de mobiliario". Tuvo que hacer un ataúd a medida, dado el tamaño de Ali o -- según las palabras de Porter, su longitud. Está hecho de caoba africana, cada tabla de 4 a 6 pulgadas (10 a 15 cm) de espesor, así que todo el ataúd pesa unas 700 libras (317 kg), vacío.

Después que el cuerpo de Ali llega a A.D. Porter Southeast, Porter ayudó a mover el cuerpo del ataúd de viaje al que tenía preparado para él. Lo mismo hacen Jeff Gardner, Zaid Shakir, Timothy Gianotti y el hijo menor de Ali, Asaad. Porter mira el rostro de Ali y piensa, "Se lo ve bien. ¡Ali se ve bien!" Cuando Lonnie y Asaad están por tener su propio momento a solas con él, el primer momento de tranquilidad con su esposa desde su muerte, Porter le pregunta si quier verlo. Gardner abre el ataúd y ella observa el rostro de su esposo. Él siempre fue tan cuidadoso de su rostro y ahora, es cierto, brilla. Pero ella no puede decir que es hermoso, porque está ensombrecido por el hecho de que ella nunca lo volverá a ver.


Cuando Todd Kessinger vuelve a su trabajo el lunes, verifica lo que ha sucedido mientras estuvo ausente. Como detective a cargo del departamento de homicidios, él ha estado ocupado porque Louisville ha estado sangrienta; sin duda, en 2016, la ciudad está en pleno récord de asesinatos. Pero el último asesinato ha tenido lugar el 2 de junio, cuando un joven de 21 años, llamados Maulik Patel fue víctima de disparos en su regreso a casa desde una gasolinera. No ha habido otro desde que murió Ali, y Kessinger comienza a contar los días de gracia.

A las 9:04, el sol se pone y comienza el Ramadán.


El campeón tiene un sueño persistente -- él está corriendo en Broadway, en el centro de Louisville, y toda la ciudad ha salido a saludarlo, coreando un nombre destinado a ser coreado, "¡Ali!" ¡Ali! ¡Ali!" hasta que al final el coro le da alas a él, y da un paso en el aire y comienza a volar. Pero Broadway,en el centro de Louisville, no termina en el cielo; termina en el Cementerio Cave Hill, donde él será enterrado.

Cave Hill es un cementerio histórico elaborado, un jardín ondulante y bien cuidado cuyas primeras tumbas fueron cavadas en 1848 y en el cual crecieron los monumentos de granito de las familias que se hicieron de renombre durante los mejores días industriales de Louisville. Es blanco, en términos de la impresión que deja su pálida flora de piedra, y también blanco en términos de su venerable clientela -- tan blanco, sin duda, como el saco del traje de uno de sus habitantes más famosos, el Coronel Sanders. Alberga a 6,100 soldados de la Unión y 228 Confederados, todos enterrados bajo las banderas de sus respectivas naciones. Es desgarradoramente hermoso y hermosamente desgarrador, un sueño no de vida eterna sino de estatus eterno, y ocho años antes de la muerte de Ali, Lonnie lo visitó con Woody Porter y compró un lote de 12 tumbas en la sección U, sobre una colina ubicada entre el cobertizo de mantenimiento y el lago previsto para la dispersión de los restos de cenizas. Si bien podría resultar tentador asignar un significado simbólico a la decisión de los Ali para descansar para siempre entre aquellos cuyos hogares sus ancestros solo hubieran podido visitar por la puerta trasera, Lonnie, fiel a Louisville, lo simplifica: "Era Cave Hill o la Meca".

Ahora, que es martes, Lonnie retorna con un contingente de asesores, no solo Woody Porter sino también Bob Gunnell, Jeff Gardner, Zaid Shakir y Timothy Gianotti. Una tienda funeraria se alza sobre el terreno que los Ali han adquirido, pero Lonnie ha venido para considerar una oferta: ¿Le agradaría cambiar de ubicación? Se reúne con Gwen Mooney, una amistosa y comunicativa mujer que da la impresión de que se está pellizcando continuamente porque no puede creer que esté a cargo de un lugar tan encantador como Cave Hill. Mooney le dice que ella simplemente quiere asegurarse de que no se arrepientan, pero al mismo tiempo comparte la duda de que el lote que Lonnie ha elegido no es el mejor disponible -- por lo que le ofrece un lote cercano al portal de Broadway de Cave Hill, cerca de una de las avenidas circulares que tradicionalmente han sido ocupadas por los nombres más prestigiosos del cementerio. A la sombra de viejos árboles, ese lugar es sagrado, dice Mooney, un lugar que no había sido tocado por la retroexcavadora o la pala -- hasta ahora. Allí no se han hecho entierros; no se han permitido entierros, pero por Ali, Cave Hill está dispuesto a no solo hacer una excepción, sino también a que esa excepción no cueste más que el lote de la Sección U.

Lonnie dice no-no, no, con total énfasis. No se trata simplemente de que ella prefiera el aislamiento del lote que ya había adquirido, o que Zaid Shakir esté cerca para decirle que la orientación correcta del cuerpo de Ali, con sus pies apuntando al norte y su cabeza al sur, se logrará más fácilmente sobre la pequeña colina al lado del lago. Es que Ali debe ir adonde Ali creyó que iba a ir cuando falleció. Los planes de ella son los de él; años atrás, él vino aquí con Lonnie, permaneciendo en el automóvil mientras ella le mostraba el lote y ese lote será adonde ella acuda para encontrar la paz, si la paz alguna vez llega.

Desde Cave Hill se dirigen a Kentucky Fairgrounds (Terrenos Feriales de Kentucky), donde tendrá lugar la jenazah el jueves -la jenazah, el servicio de oraciones que ahora tiene vida propia, ha pasado de ser algo no planificado a algo pleno de energías contradictorias. El cuerpo estará alli. En un ataúd cerrado, debajo del paño negro y oro ... pero el cuerpo estará alli, tiene que estar alli, en una habitación entre los fieles, todos los cuales tendrán acceso irrestricto. En los terrenos feriales, hay un estadio llamado Freedom Hall, donde los Louisville Cardinals acostumbraban a jugar al básquetbol y donde Cassius Clay tuvo su primera pelea como profesional. Es el lugar que los asesores de seguridad de Lonnie han sugerido, porque pueden controlar todos los puntos de acceso. Pero para Zaid Shakir todavía no es lo suficientemente grande para Ali -así que los funcionarios de los terrenos feriales le muestran el salón de exposiciones comerciales que se encuentra al lado. Es vasto y tiene el color de las telas de hilo, con altos techos sostenidos por elegantes columnas, y tan pronto lo ve, Shakir piensa:

Esto se parece a una mezquita.

(Continuará)

Antes de incorporarse a ESPN como redactor sénior, Junod escribió para Esquire y GQ. Ha ganado dos Premios National Magazine, un Premio James Beard y el Premio June Biedler por artículos sobre el cáncer. Sus trabajos figuran en muchas antologías y su artículo sobre el 9/11 del 2003, "The Falling Man" (El hombre cayendo), fue elegido en el 75 aniversario de la revista Esquire como uno de los siete mejores artículos escritos en la historia de la revista.