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Lourdes Carlé: "Después de lo que viví quiero competir en ese nivel"

El trabajo del tenista es silencioso. El crecimiento es paulatino, a veces imperceptible y se puede apreciar en los detalles. También es cierto que una buena racha, producto de lo anterior, puede generar la confianza necesaria para seguir creciendo.

Es el caso de lo vivido por Lourdes Carlé en las últimas semanas, que fue la mejor argentina en los tres torneos W25 jugados en su país, donde acumuló cinco triunfos, accediendo a dos cuartos de final. El ritmo de juego le ayudó a llegar en óptimas condiciones a la serie de Billie Jean King Cup ante Kazajistán donde sumó victorias ante dos jugadoras Top 30 WTA.

Nacida el 10 de febrero del año 2000 en Daireaux, localidad de 12 mil habitantes de la Provincia de Buenos Aires, comenzó a jugar en Independiente de su ciudad y, desde los 12, a viajar para entrenar junto a Marcelo Gómez (primer entrenador de Juan Martín Del Potro) en Tandil, una ciudad que se transformó en un imán por ser escuela de grandes tenistas, al punto de contar con cuatro jugadores en el Top 100 ATP en forma simultánea.

Aquella niña que llamaba la atención con sus dos colitas llegó a destacarse a nivel mundial ganando el Orange Bowl Sub 16 en 2015. Ya como Sub 18, alcanzó semifinales del US Open en 2017 y metiéndose en el Top 10, lo que le valió clasificar al Masters de la categoría en Chengdu, China. Al año siguiente fue olímpica.

“Fue una etapa super positiva”, le cuenta hoy a ESPNTenis.com. “En los torneos del Grand Slam aprendés a jugar con presión porque jugás con las chicas que en un futuro vas a enfrentar como profesional. Fue una etapa que disfruté muchísimo. Y me dio un alto nivel porque la mayoría de las que enfrenté hoy están metidas en el ranking WTA. Y estar en los Juegos Olímpicos de la Juventud para mí fue una de las experiencias más lindas. La disfruté mucho y ahora espero jugar esos torneos como mayor”.

En Buenos Aires 2018, quedó al borde de la medalla en pareja con la colombiana Camila Osorio, luego de ceder en semifinales frente a la dupla que integraba la polaca Iga Swiatek, la campeona de Roland Garros 2020.

Elena Rybakina es otra de las que enfrentó y venció en juveniles. Y lo volvió a hacer el último fin de semana en Córdoba. La kazaja ya es 23ª WTA mientras que Lulú sigue fuera del Top 400. ¿Por qué? En parte porque decidió volcarse al mundo universitario en Estados Unidos durante un año, donde estudió management deportivo y fue campeona representando a Georgia.

“Haber estado ese año me permite tener una beca universitaria abierta para cuando yo quiera. Pero la idea es ser profesional. No estoy apurada. Mi idea es seguir jugando, meterme lo más que pueda y el día de mañana evaluaré. Tomé otro camino y ahora con esto que me está pasando me dan muchas ganas de seguir. Estoy en el ranking que me toca pero si sigo lo voy mejorando”.

A pesar de esa experiencia y de la escasez de torneos para aquellas que no están en el Top 100, situación acentuada en pandemia, ya sumó siete títulos a nivel W15 (los últimos 3 en 2020 sobre canchas duras). Este último envión en los torneos W25 disputados en Argentina y su trabajo en la Billie Jean King Cup ratifican que su ranking (N°406 WTA) es un tanto mentiroso.

Ya desvinculada de la universidad, sigue haciendo base en Miami, donde está su equipo de trabajo encabezado por Franco Davín. Sí, el hombre de Pehuajó (a 100 kilómetros de Daireaux) que orientó a Gastón Gaudio a ganar Roland Garros o al propio Del Potro conquistar el US Open y que también guía a Cristian Garin. “Franco me ayudó muchísimo en este tiempo”, reza Lourdes. “Tiene muchísimas cualidades. Es muy tranquilo, me transmite confianza en mi juego. Incorporé muchas cosas, me siento muy cómoda y contenta por trabajar con él. Toda la experiencia que me transmite me ayuda muchísimo. Espero poder aprender al lado de él. Por una cuestión de practicidad es más sencillo estar en Estados Unidos que en cualquier parte de Sudamérica”.

Hoy, intenta controlar la ansiedad a pesar de haber demostrado que solo necesita de continuidad en el nivel exhibido para insertarse en la élite. “Este año los objetivos son escalar el máximo y tener un ranking que me permita jugar las quallies de los torneos del Grand Slam. Después de lo que viví quiero competir en ese nivel con este tipo de jugadoras. Pero soy consciente que me falta un tiempo. Es un proceso. Pero estoy motivada para seguir trabajando. El ranking va a ir llegando, aunque con la pandemia está complicado por los puntos que no se caen pero si logro ser regular lo voy a poder hacer. Ese es el mayor objetivo”.