MÉXICO -- Las fotografías confirman el hecho: Pelé, Samuel Eto´o, y Ruud Gullit patean un balón en Robben Island, la isla en la que Nelson Mandela pasó 18 de sus 27 años de prisión. Era julio de 2007 y el hombre que cambió Sudáfrica cumplía 89 años. Era también un anticipo del Mundial de 2010. Mandela, un hombre de biografía inmensa, se convirtió en un gran aficionado al futbol justo en 1964, cuando llegó a esa isla que era un infierno dentro del infierno del Apartheid. Ahí durmieron dos mil presos políticos entre 1964 y 1965. Muchos de ellos tenían un talento especial para el futbol.
El amor de Mandela por el balón creció gracias a una liga amateur que fundaron sus compañeros de sombra Lizi Sitoto, Marcus Solomon, Antony Suze y Sedick Isaacs, cuatro hombres que fueron descubiertos con conjuras en contra del sistema de segregación del Apartheid. Fundaron dentro de la cárcel la Asociación Makana de Futbol, una liga de 15 equipos que llevaba el nombre de un libertador sudafricano que murió tras esas rejas. La organización estaba basada en las reglas de la FIFA, gracias a un libro que estaba en la escasa biblioteca de la prisión. Mandela vio en sus compañeros las ganas de probar que podían trabajar con disciplina, con armonía; una forma de encontrar una pasión.
El juego pronto fue prohibido por las autoridades de la prisión, pero los trámites de los presos hicieron que las autoridades externas apoyaran la liga, que se mantuvo entre 1966 y 1973. Pocas veces Mandela tenía licencia para ver los juegos.
Este hombre cuyo camino de negociación era una mezcla entre la apertura y tolerancia, también se dio cuenta de que el deporte era un camino de la política. En 1964, el mismo año en que Mandela fue recluido, la FIFA expulsó a Sudáfrica y su equipo blanco de toda competencia internacional.
Ese mismo año el Comité Olímpico le prohibió asistir a los Juegos de Tokio y lo expulsó de su lista de afiliados. Mandela fue liberado de prisión en 1990. Dos años después Sudáfrica se reintegró al futbol internacional y a los Juegos Olímpicos. El Apartheid, ese monstruo que pisaba fuerte, había desaparecido de las leyes sudafricanas.
En 1994 Mandela fue elegido como el primer presidente de color y un año después sucedió aquel juego de rugby en el que Sudáfrica venció a los All Blacks neozelandeses en la final del Mundial. Mandela, hombre, político y aficionado deportivo, aprovechó el deporte más blanco de Sudáfrica para firmar la convivencia entre razas. Después vino la fiesta del mundo. Las bubuzelas y los Bafana-bafana, que fueron los locales del único Mundial africano.
La idea había comenzado mucho antes y deja otras estelas: Jacob Zuma, el actual presidente sudafricano fue árbitro de la liga Makana, aquella con la que Mandela encontró pasión por el balón. Hoy el campo de juego ya extraña a uno de sus referentes del Siglo XX.
Mandela En los cincuentas se había legalizado el Appartheid y con él la forma de en que la gente debía vivir, trabajar Mandela fue tomado en custodia en 1964. Al mismo tiempo la FIFA había vetado al equipo blanco de Sudáfrica para participar en cualquier competencia internacional 18 de julio de 2007, en Robben Island: Pelé, Samuel Etoó, George Weah y Ruud Gullit jugaron en Robben Island y patearon 89 balones, cada uno para festejar el cumpleaños de Mandela El futbol jugó un papel muy importante para mantener la tranquilidad en Robben Island. Tardaron cuatro años en persuadir a las autoridades de la prisión de lo importante que era el juego.
Crearon la Asociación de Futbol Makana, en concordancia con reglas de la FIFA Josep Blatter se dio cuenta de lo bueno que había sido el futbol para menguar el Appartheid Antes de llegar a Robben Island, Mandela no era un aficionado del futbol, pero comenzó a observar su gran capacidad para unir gente.
Se dio cuenta también de que los afrikaneers les dolía no asistir a un gran evento deportivo como el Mundial y los Juegos Olímpicos A lo largo de la década de 1960 y 1970, Sudáfrica estuvo vetado de la mayoría de los eventos deportivos internacionales. Se dio cuenta que era un hecho político.
"La meta es que eventualmente no haya sudafricanos negros", Cornelius Mulder, Ministro del Gabinete. En los cincuentas Sudáfrica tenía un jugador negro que jugó en Inglaterra y en Holanda.
"El deporte es un derecho de los hombres. Nosotros los prisioneros tenemos derecho a practicarlo". Lo dijo el prisionero 898/63.
El futbol era el deporte más popular de la Sudáfrica negra.
