MÉXICO -- Apenas se creó el motor de combustión interna, era solo cuestión de tiempo para que el espíritu competitivo del hombre soñara y realizara competencias de automóviles. Esta es una breve reseña de cómo inició todo.
En 1894, ocho años después de que Karl Benz presentara su primer diseño de auto con motor de combustión interna, en Francia, se organizaron las primeras carreras: Pruebas de un pueblo a otro que rápidamente evolucionaron para convertirse en verdaderos desafíos para máquinas y pilotos. El deseo de ir más rápido llevó pronto a romper la barrera de los 100 km/h; era finales del siglo XIX, parecía muy lejano aquel hito realizado por Bertha Benz cuando cumplió su viaje de Mannheim a Pforzheim a un promedio de 20 km/h apenas en 1888. Sucedió mucho, en muy poco tiempo.
No era barato, nunca lo ha sido en realidad, así que las personas más acaudaladas organizaron los primeros eventos: En Francia, James Gordon Bennett Jr, magnate de los medios de comunicación, organizó la… Copa Gordon Bennett, por supuesto. En los EE.UU. William Kissam Vanderbilt II lanzó la... Copa Vanderbilt (¿alguien sorprendido con el nombre?)
De vuelta en Francia, pero en 1906 se llevó a cabo el primer Grand Prix organizado por el Club del Automóvil de Francia, mismo que se disputaba durante el mes de junio en la localidad de LeMans. El húngaro Ferenc Szisz ganó el evento en un apropiado auto Renault. Uno de los factores que contribuyeron para el triunfo de Szisz, fue la innovación de la llantera Michelin, que desarrolló el concepto de llantas desmontables para poder cambiar el caucho. Ese método sigue siendo usado hoy en día.
A Le Mans le siguieron rutas en Italia (Targa Fiorio y Mille Miglia), Alemania, (Kaiserpreis) en Inglaterra (Brooklands), y finalmente, en 1909 el Indianapolis Motor Speedway, un circuito hecho expresamente para la competición de autos. Los otros no eran pistas de carreras sino rutas entre pueblos que eran cerrados para hacerlos trayectos de competición. En 1922, en Italia, debutó el Autodromo Nazionale di Monza.
El automovilismo no escapó al nacionalismo y la mayoría de los eventos eran realizados como una competencia entre naciones y se adoptaron colores para los principales fabricantes: Rojo para Italia, Azul para Francia, Verde para Inglaterra, y Plateado para Alemania que fue el país que dominó esos años entre Guerras con Mercedes Benz y Auto Union (hoy AUDI).
Los ‘ases’ de aquellas épocas sin cinturones de seguridad, neumáticos delgadísimos y rutas sin la menor seguridad, fueron los alemanes Rudolf Caracciola y Bernd Rosemayer, y el italiano Tazio Nuvolari quien en 1935, en Nurburgring, derrotó en un viejo Alfa Romeo a cinco Mercedes (incluyendo el de Caracciola) y cuatro Auto Union (incluyendo el de Rosemayer). Fue la ‘victoria imposible’.
La Segunda Guerra Mundial detuvo a los autos de carrera. Los fabricantes ahora diseñaban motores y chasises para camiones de guerra y tanques, y otras armas. Ferdinand Porche, por ejemplo, dejó Auto Union y sus sueños de construir un auto de carreras con su nombre, para crear ‘el auto del pueblo’, el Volkswagen, encomendado por el mismo Fuhrer.
En 1946 hubo cuatro carreras con rango de Grand Prix. El automovilismo, como otros deportes y actividades, contribuyeron a sanear a Europa tras vivir años de destrucción. En 1947, la antigua AIACR (Asociación Internacional de Clubes de Automóviles Reconocidos) que gestionaba las competiciones, pasó a ser la FIA (Federación Internacional del Automóvil) que en 1949 anunció que para 1950, uniría los Grand Prix nacionales para crear la Fórmula Uno y un Campeonato Mundial de Pilotos.
El resto, es historia... (y se sigue escribiendo).
