BUENOS AIRES -- Los ciclos en fútbol transcurren como la vida de las personas. Nacen. Crecen. Se desarrollan. Y mueren. Un equipo tiene esos cuatro momentos de manera indefectible y 2014 ha traído el certificado de defunción del más brillante FC Barcelona de la historia, así como le ha entregado su relevo al Real Madrid.
Aquel Barça conquistó un sextete inolvidable en 2009 tras haber conseguido la excelencia en el juego, fomentar y expandir una cultura propia dentro del mismo. Cinco años más tarde el Real se ha hecho con un póquer extraordinario. Los dos gigantes del fútbol español, junto al mejor Atlético de Madrid de todos los tiempos, marcan el ritmo de una Liga que se propone acabar con el bipartidismo que la había asolado durante 10 años, desde que en 2004 la ganara el Valencia de los argentinos Ayala, Aimar, Pellegrino y el uruguayo Canobbio.
40 años después de haber llegado a la final de la Copa de Europa tras ganar la Liga de forma brillante, el Atlético volvió a emocionar a su gente de la mano de otro entrenador argentino. De Juan Carlos 'Toto' Lorenzo a Diego Pablo 'Cholo' Simeone. La misma mística, aunque con un mérito especial. En la actualidad hay diferencias tan abismales entre las economías de los clubes, que tener recursos limitados potencia estratosféricamente la obra de 'Cholo'. Atlético es campeón de Liga, campeón de la Supercopa de España, subcampeón de Europa tras tener contra las cuerdas al mismísimo Real Madrid hasta casi el final del tiempo reglamentado, y semifinalista de Copa del Rey.
Simeone ha conseguido al frente del Atlético 5 títulos desde que asumió la dirección técnica del equipo en diciembre de 2011 y, lo que tiene gran valor añadido, lo ha hecho compitiendo como si se tratara de un moderno David contra Goliaths casi indestructibles.
Es justo arrancar este resumen con el Atlético pese al póquer del Real Madrid porque el conjunto rojiblanco es el vigente campeón de Liga y Supercopa de España, y porque aún con cambios que habrían diezmado a cualquier otro grupo, mantiene el tono y busca repetir esa conquista en 2015. Se trata del único equipo del mundo que parece tenerle tomada la mano actualmente al Real Madrid. Esto, por su capacidad para jugarle a corazón abierto, y con determinación cuando se le presenta una opción de gol. Sin sentirse inferior de antemano. Simeone se ha ganado a pulso integrar la terna de entrenadores candidatos al Balón de Oro (junto a Carlo Ancelotti [Real Madrid] y Joachim Löw [selección alemana]) por su gestión este año.
Su Atlético recuperó los fundamentos de la mejor época del club, se empapó de aquel espíritu con un experto a la hora de reciclar tesón y coraje, y nunca negocia la capacidad de sacrificio dentro de la cancha. Hace de la defensa un arte, pero cuando ataca lo hace con la fiereza de los 300 que resistieron junto a Leónidas frente a los persas en Las Termópilas hace dos mil quinientos años. Moya, su arquero, y Godín, defensa central y caudillo, han jugado todos los minutos en la Liga. Godín también lo ha hecho junto a Juanfran y Koke en la UEFA Champions League, competición en la que en octavos de final chocarán contra el Bayer Leverkusen alemán. Este Atlético conmueve tanto, despierta tanto sentimiento en la gente, que nadie repara en la goleada recibida por parte del Real Madrid en la última parte prórroga durante la última final de la Copa de Europa disputada en Lisboa.
Momento de describir a grandes trazos al Real Madrid, que amenaza con extender su poder como el imperio romano lo hiciera con el planeta en la época de los césares. Lo más curioso del conjunto blanco es que en el primer semestre de 2014 se proclamó campeón de Europa y de Copa del Rey, pero lejos de mantener a todas sus figuras, su presidente decidió meter mano en el plantel y efectuar cambios sustanciales. Esa política disgustó a jugadores como Ángel Di María, Xabi Alonso y Diego López, quienes emprendieron otros caminos, y por esa razón el equipo dirigido por Carlo Ancelotti arrancó patitieso y con muchas dudas la nueva temporada. Pero cuando ganó confianza y Cristiano Ronaldo superó los problemas que le aquejaban en su rodilla, recuperó el ímpetu para volver a avanzar a velocidad de crucero. Es CR7 el estilete de este Real Madrid que por momentos parece incontenible y por eso vuelve a optar al Balón de Oro que ya ganó en 2008 y 2013.
Que le pregunten sobre el Real Madrid a San Lorenzo de Almagro, que no pudo hacerle ni cosquillas en la final del reciente Mundial de Clubes disputado en Marrakech (Marruecos). Los blancos ganaron (2-0) jugando a menos de media máquina. Pero proclamarse campeones del mundo no parece en este caso una culminación, sino el inicio de uno de esos ciclos a los que me refería en el comienzo.
Cierra el Real Madrid su 2014 con 4 títulos relucientes. Copa de Europa, la décima de su historia. Copa del Rey. Mundial de Clubes. Supercopa de Europa. Siendo un club que aún con tanta magnificencia jamás ha hecho cosecha parecida en una sola temporada, semejante año se debe subrayar con color oro en su historia. La única pega responde a que el club maneja un presupuesto tan abrumador que en cierta forma el equipo está obligado a ganar todo eso y mucho más por la calidad individual y colectiva que atesora. Si Simeone destaca en el Atlético por su capacidad de liderar y reducir las desventajas corporativas desde el estímulo, Ancelotti lo hace por su excepcional labor para mantener el equilibrio grupal a pesar de convivir con egolatrías irreducibles.
En el aspecto deportivo, encontró paz al descubrirse firme y sólido jugando un 4-4-2 impensable. En el primer semestre del año se coronó campeón de Europa con un 4-3-3 no negociable, pero al cambiar piezas fundamentales en el centro del campo le costaba hacer pie. Al final, el fichaje del fabuloso Toni Kroos puede considerarse una ganga, y el de James Rodríguez, otro acierto. Luego, como Ancelotti supo mantener motivados a jugadores como el virtuoso Isco, la constelación de luminarias que es el cuadro blanco acabó por imponer su ley. Termina el año con 22 victorias consecutivas, récord absoluto en el fútbol español, y construye goles con la rapidez con la que te dan una hamburguesa en un local de MD o BK. El pleno se lo dio la victoria descomunal (0-4) en Múnich el 29 de abril frente al Bayern de Pep Guardiola (la bestia negra del club blanco a lo largo de su historia) en las semifinales de la Copa de Europa. Un resultado de escándalo que sacudió los cimientos del fútbol europeo.
En cuanto al último equipo rey del fútbol mundial, el FC Barcelona, ha entrado en un período de decadencia. Algo inevitable porque los años pasan para todos, y porque cuando los hombres consiguen la gloria se relajan. No puede considerarse eso un pecado, porque es algo inherente a la mayoría de los seres humanos, pero como los futbolistas tienen los contratos que tienen, no pueden esquivar la crítica cuando ya no corren ni muerden tanto como corrieron y mordieron en épocas de vino y rosas. Bajo la conducción de Gerardo 'Tata' Martino el Barça tuvo un arranque fulgurante, pero en el primer semestre de 2014 perdió gas y se quedó sin nada a pesar de haber hecho méritos para ganar un torneo grande como la Liga o la Copa del Rey.
En cuanto al semestre final de este año, la pérdida es más grave porque ya se trata de la identidad. Los sabios del lugar reclamaban que Luis Enrique, actual entrenador del equipo, lo dirigiera desde 2013, pero lo que se ve partido a partido dista de ser algo acorde a las expectativas. Lionel Messi sostiene con goles y apariciones de muchos quilates a un equipo que va hacia delante porque ha de hacerlo, pero sin estar convencido de hacerlo correctamente. Así sólo ha podido ganar un partido contra un rival de su altura. Al PSG (3-1) en el Camp Nou el 10 de diciembre por la UEFA Champions League. En el resto de pulsos naufragó por mostrarse demasiado cándido y contemplativo. Luis Enrique fue convocado para imponer mano dura y devolverle a los jugadores el orgullo de pertenecer, pero después de su llegada trascendió el interés de varios por buscar nuevos horizontes. ¿Casualidad o causalidad? Lo cierto es que el Barça ya no es lo que era, sino un equipo más.
Tan vulgar como puede serlo uno con jugadores de gran categoría pero en horas bajas. Hoy le cuesta un Perú abrir la lata de un equipo cerrado en banda en su área. Descarta hacerlo por los costados. Abusa del efecto embudo (el intento de perforar con juego interior aunque los partidos a veces le pidan otra cosa), y acusa falta de velocidad más fisuras en la transición defensiva cuando debe enfrentarse a delanteros ágiles y ambiciosos que no lo respetan. Necesita armarse de razones para ganar un título esta temporada, porque si no lo hace arderá Troya. Sin un líder visible al frente del club, inmerso en disputas de poder que lo dañan más de lo que pueden contribuir al debate constructivo, necesita el FC Barcelona parar la pelota y preguntarse hacia dónde quiere ir. Es imposible que se repita algo como lo que vivió con Guardiola como entrenador, pero eso no quiere decir que deba tirar por la borda los fundamentos de semejante obra. Llegará el momento en el que Messi no pueda aparecer siempre y en cada partido para sacar las papas del horno, y es obvio que el club debe planificar pensando en alargar la resiliencia del crack en el equipo, sin la necesidad de desquiciarlo a él y a todos quienes le rodean.
Ahora mismo Real Madrid es líder de La Liga con 39 puntos. FC Barcelona lo escolta con 38. Atlético, con 35, se mantiene cerca. L campeonato está abierto y puede pasar de todo, con tres equipos que van a desvivirse por sobrevivir también en la UEFA Champions League.
Último párrafo para Sevilla, Valencia y Villarreal, que aún se mantienen en la pelea pero saber que juegan otra liga particular para alcanzar el cuarto boleto que da acceso a la Liga de Campeones de Europa. Valencia se hace fuerte en Mestalla donde como local tiene la misma cantidad de triunfos que Real Madrid y Atlético. En cuanto a poderío ofensivo, los tres contendientes están casi en igualdad de condiciones. 29 goles Valencia, 27 Villarreal y 25 Sevilla. Con cifras de goles en contra también similares (13, 14 y 17). Sevilla había comenzado con mayor firmeza a nivel defensivo, pero se desdibujó después de encajar 5 goles del Barcelona en noviembre. Villarreal es el que tiene un estilo más agradable de ver. Trata bien la pelota, formula su propuesta a base de pequeñas sociedades, y construye muy buenos partidos. Le falta asentarse después de haber recuperado hace poco la categoría, y por el hecho de tener un plantel ciertamente joven. El Valencia tiene un plantel más experimentado, y la llegada del nuevo magnate asiático Peter Lim le proveerá de recursos con los que hasta hace poco tiempo tenía prohibido soñar por culpa de las deudas y de una situación rocambolesca. Su propietario, después de los desaguisados cometidos por sus últimos dueños, era el Gobierno de la Comunidad Valenciana, y su gestor, el grupo bancario Bankia. Así las cosas, el futuro amanece más venturoso para un equipo cuya gente se lanzó este año a la calle para evitar la desaparición, como sucediera en Argentina a comienzos de 2000 con Racing Club de Avellaneda. Racing es hoy campeón del fútbol argentino. Valencia se ilusiona con volver a serlo como hace 10 años, antes del bipartidismo que asoló a La Liga.
