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¿Dónde está la cabeza de Young?

AP Photo/Eric Gay

LOS ÁNGELES -- La pregunta dirigida al entrenador de Los Ángeles Lakers era obligada: ¿Dónde tiene la cabeza Nick Young?

El coach se rió a carcajadas.

"¿Me estás preguntando a mí dónde tiene la cabeza Nick? Creo eso debes cuestionárselo a él", apuntó a su interlocutor. "Yo no sé dónde tiene la cabeza, sólo quiero que vuelva a encontrar su juego pronto".

Sobran los adjetivos hacia 'Swaggy P'. Entretenido, disperso, ausente, huidizo, desmotivado... la lista podría ser mayor, pero con estos cinco calificativos se describe muy bien el momento que vive el jugador que estaba llamado a minimizar los daños provocados por la lesión de Kobe Bryant. Su productividad está dejando mucho que desear, su actitud le está costando quebraderos de cabeza y su finura sobre la duela se ha convertido en una efectividad a trompicones en ocasiones e inexistente otras.

La pregunta a Scott sobre Young se produjo el martes, después de que los laguneros cayeran frente a Denver Nuggets tras tirar por tierra el segundo tiempo al completo. Su pupilo llegó tarde, otra vez más y ambos se intercambiaron algunas palabras. Que si "tienes que pagar multa", que si "no llego tarde", que si "sí llegas". Avatares propios de un equipo en decadencia sumido en una crisis institucional que no se salva por ningún lado.

Y así, con un Young más preocupado por explicar por qué no puede ver a los delfines ni en pintura (confesó que en una ocasión tuvo una mala experiencia con uno que le intentó asesinar, según él, porque le quería robar a su novia, Iggy Azalea), huyendo de los medios cuando las cosas no salen bien y siendo el foco de atención cuando mete un par de triples espectaculares, el jugador deambula en tierra de nadie sin ser capaz de encontrase a sí mismo.

Un día después, el miércoles, Young dio un paso en falso en el juego ante Portland Trail Blazers (supuso la derrota 15 en los últimos 16 partidos). Se vio obligado a marcharse en el segundo tiempo y el jueves se confirmó que tiene una distensión en un tendón de la pierna izquierda. Asegura no estar preocupado por ello, que estará de vuelta a las duelas cuando regrese del parón del Juego de las Estrellas que pasará en Hawaii.

Lo cierto es que las lesiones se producen por muchas razones. Por meros infortunios, por fallas en la preparación física, por sobrecarga de trabajo o por falta de mentalidad. En el último caso entra en juego la concentración, algo que ha parecido estar fallando en un Young que está registrando sus peores números desde que llegó a los Lakers la campaña pasada. Participa menos minutos (23.7 mpj frente a 28.3 mpj el años pasado), intenta menos lanzamientos (casi tres intentos menos por juego), y entran menos (36.5 por ciento este año contra 43.5 por ciento en tiros de campo el año pasado para anotar casi 4.5 puntos menos).

Además, sus encontronazos con Scott están siendo cada vez más constantes. Ya son dos las ocasiones en las que el coach decidió dejarle en el banquillo o incluso darle pocos minutos de juego, algo que el entrenador achacó a la actitud durante el partido ante Houston Rockets de finales de enero. No dudó en sentarle durante todo el segundo tiempo.

Las lesiones han impedido que Young participe en 13 partidos. La mala actitud también ha hecho mella en él. La situación es delicada con el jugador, quien volvió a firmar este verano, cuando fichó por tres años con opción a un cuarto. Scott ya ha dado muestras de su poca permisividad con la falta de compromiso y no le temblará la mano con el que debería ser su jugador más determinante ante la ausencia de Kobe.