Carlos Armando Gruezo Quiñonez, ayudante técnico de Luis Zubeldía en Lanús, habló en exclusiva con ESPN.com. El exdelantero surgido de Barcelona SC y padre de uno de los integrantes de la Tri de Alfaro recorrió su vínculo de años con el entrenador argentino, opinó sobre el crecimiento del fútbol ecuatoriano y, también, se refirió al presente de la Selección y al de Carlos Gruezo hijo.
Carlos Gruezo padre forma parte del cuerpo técnico de Luis Zubeldía desde el paso del argentino por la banca de Barcelona, en 2011. Luego de una década de trabajo conjunto, que los llevó a recorrer diversas ligas de América, incluídas Paraguay, Colombia y México, desde septiembre de 2018 están en Lanús, el club del que surgió Zubeldía. Aprovechando el final de temporada en Argentina, nos contactamos con Carlos para hablar un rato fútbol y recorrer su historia reciente como entrenador. Esto nos dijo.
-Lleva casi 3 años en Lanús, ¿Ya se siente un argentino más?
-Desde que conocí a Luis (Zubeldía), fue inteligente al integrarme a sus costumbres. Aprendí a tomar mate y a jugar al truco.
-Y de Ecuador, ¿extraña algo?
-La comida nuestra se extraña muchísimo. Cada tanto trato de hacerme algo, o voy al restaurant ecuatoriano de un amigo y como algo típico.
-¿Cómo conoció a Zubeldía y se sumó a su cuerpo técnico?
-Nos conocimos en 2011. Yo era coordinador de las formativas de Barcelona, dirigía la sub20 y era ayudante en la reserva. Como el DT anterior se había ido yo quedé, junto a Rolando Guerrero, como técnico interino. Dirigimos 3 o 4 fechas hasta que llegó Luis. Él quería a alguien del club dentro de su cuerpo técnico, alguien que conozca la idiosincracia del país. Tuve la suerte de entablar una buena amistad con él y todo su equipo. A partir de ahí seguimos teniendo vínculo hasta el día de hoy, gracias a Dios.
-¿Cuál es su funcionó en ese equipo de trabajo?
-Una de las virtudes de Luis es que sabe delegar. Y una de nuestras virtudes, como parte de su cuerpo técnico, es respetar las jerarquías. Cada quién sabe qué función debe cumplir. Una de mis funciones, al haber sido delantero, es trabajar con los jugadores ofensivos. También analizamos el rival, opinamos sobre el equipo, el sistema, estamos pendiente de nuestros jugadores. Después Luis tiene la última palabra.
¿Podemos decir que el fútbol de hoy es un juego de presión?
En mi época no me hablaban de presionar, lo hacía innato. Quizás muchas veces mal. Los delanteros de hoy lo tienen muy incorporado. Saben que con ellos empieza la presión. Eso hace que quizás no descansen tanto. Es una virtud para lo que es hoy el fútbol mundial. Los jugadores maduros manejan mejor esos tiempos de recuperación y presión. Por ahí los pibes, con el impetu de querer hacer bien las cosas, muchas veces les sale, otras veces no y pierden fuerza para lo que tienen que hacer en ofensiva.
-¿Cómo influye la posiblidad de hacer 5 cambios en este fútbol de pandemia?
-Influye mucho porque oxigena a los equipos. Pero no se si será lo adecuado porque por ahí pierde dinámica el fútbol en los últimos minutos. Además, hay que ver esos cambios qué características y qué jerarquía tienen. Se nota la diferencia cuando hace 5 cambios con jugadores de jerarquía, eso lo tienen los planteles más importantes.
-¿Está cerca el fútbol ecuatoriano del argentino?
-El fútbol argentino es una potencia a nivel sudamericano y mundial. Y el fútbol ecuatoriano viene creciendo mucho. En mi época había jugadores excelentes. Nosotros tenemos el biotipo: jugadores rápidos, potentes, fuertes, técnicamente muy buenos, pero la mentalidad era diferente. Hoy hemos crecido muchísimo y eso está demostrado en las Eliminatorias, en la Copa Libertadores y en Sudamericana. Los equipos ecuatorianos le juegan casi de igual a igual y a los argentinos les cuesta vencerlos. No digo que Ecuador está al nivel del fútbol argentino, obviamente no, pero sí está muy cerca.
-¿A qué se debió ese cambio de mentalidad?
Las condiciones y las características las tenemos pero la cabeza nuestra fue cambiando desde hace muchos años. ¿Quién lo hizo? Creo que la sociedad, los diferentes entrenadores que fueron pasando por los clubes y la Selección, y, sobre todo, que el futbolista se profesionalizó para lograr cosas importantes en su vida deportiva y así tratar de sacar a su familia adelante. Creo que ha sido la bandera de muchos, y lo digo a ciencia cierta porque me tocó vivirlo con mi hijo y con muchos compañeros que tuve. La cabeza de los jugadores ecuatorianos hoy es otra. Si analizas a un ecuatoriano y reúne las características no dudas en ficharlo.
-¿Cómo analiza la actualidad de la selección?
-Obviamente, como ecuatoriano, estoy muy contento por la Selección, por los logros obtenidos. Sabiendo que tiene un gran entrenador, tuve la oportunidad de enfrentarlo acá en Argentina. También lo dicen los jugadores, me lo dicen Carlos. Evito, muchas veces, hablar de eso porque es cuestión de ser profesional. Pero tengo amigos en la Selección y hablamos. Creo que se van a ir posicionando partido a partido. Si mantienen la mentalidad, esperemos que puedan conseguir el objetivo final de clasificar al Mundial. Falta mucho todavía.
-¿Siente que su hijo, Carlos Gruezo, se consolidó como jugador de la Tri?
-Siempre he dicho que es un futbolista más, que se ganó el lugar en la Selección. Dejó de ser el hijo de fulano de tal y hoy es Carlos Gruezo porque se lo ganó. Fue criticado durante mucho tiempo y se ganó su lugar a pulso.
-¿Cómo mantiene ese vínculo a la distancia?
-Nos invita a Alemania siempre, a Luis también, le tiene un aprecio enorme a todo el cuerpo técnico. Luis lo llevó a Barcelona en 2012. Siempre nos invita pero, lamentablemente, no podemos compartir tiempo juntos por los deberes de cada uno. Cuando tenemos vacaciones coincidimos en Ecuador.
-Zubeldia lo hizo debutar pese a que usted no quiso recomendarlo, ¿es cierto?
-(Risas) No porque es mi hijo y yo era parte del cuerpo técnico. Luis me preguntó: ‘¿Juega bien?, quiero verlo’. Yo le respondí: ´Listo, bajo tu responsabilidad’. Lo vieron, charlaron, Carlos había estado en la banca con Independiente del Valle, lo llevaron a Barcelona y la semana debutó.
-¿Cómo fue compartir casa y entrenamientos con un hijo futbolista?
-Sabía mucho de los rivales. Entrenábamos y después ibamos a casa. Siesta, obligatoria. Y luego, tipo 5 o 6 de la tarde, yo me ponía a analizar el rival y lo sentaba conmigo. Primero analizabamos al rival, luego la práctica, orientándolo a lo que le iba a decir el entrenador. Creo que eso lo ayudo.
-¿Le ve futuro de entrenador, como al padre?
-No quiere ser entrenador. Ve muchísimo fútbol y sabe mucho pero dice que quiere ser representante.
