Cuál es el plan de Scaloni para reinventar a la Selección Argentina

“Lo importante es que hay una base linda”. A la hora de pensar el futuro inmediato de la Selección Argentina, será difícil encontrar una definición mejor que la que dejó Lionel Scaloni luego de la despedida de Lionel Messi con el 3-0 amistoso ante Benín. En esa frase está, por un lado, la admisión de que Argentina necesita repensarse ya sin el 10 dentro del campo de juego. Por otro, la consciencia de que la estructura tiene cimientos más que sólidos. Para que se pueda pensar el tiempo que viene como el de una remodelación que, si bien será muy grande, no se tratará de una reconstrucción desde cero.

Además de una epopeya, el último Mundial significó un final de ciclo para la Scaloneta. No sólo por tratarse del último torneo grande de la Pulga. Con Nicolás Otamendi a la cabeza, algunos referentes dejarán el equipo o perderán la influencia que tuvieron. Argentina estará obligada a rearmarse para que ese proceso de renovación sea virtuoso, a diferencia de lo que ha ocurrido con otros equipos exitosos en el mundo cuando se quedaron sin algunas de sus figuras. Vale recordar un ejemplo doloroso: a la salida de la era de Diego Maradona, que incluyó también un título y un subcampeonato mundial, Argentina sufrió una sequía de 28 años sin títulos.

El legado para la Selección Argentina que viene

En la sabiduría popular argentina se habla de un objeto conocido como el hacha de Rivadavia, a la que primero se le cambia el filo y después el mango. La paradoja es que, aunque ya se le cambiaron sus piezas, se la sigue pensando y nombrando como si fuera el objeto original. La era de Scaloni en el seleccionado ya lleva ocho años en los que forzosamente algunas piezas se fueron y llegaron otras nuevas. Messi era el único elemento constante, más allá de su ausencia en partidos puntuales, y a partir de ahora tampoco estará él. Tal vez en ningún momento del proceso se vaya a registrar un recambio como el actual. Y así y todo, la aspiración será que se conserve el espíritu del equipo original, que tantas alegrías generó.

Después de haber dado señales concretas de que continuará en el cargo -algo que tras el Mundial él mismo puso públicamente en duda-, Scaloni también dejó en evidencia que apuntará a formar un nuevo equipo pero con la misma fibra del grupo anterior. Esa que llevó al entrenador, cuando se consumó la épica remontada contra Egipto en octavos de final del último Mundial, a expresar entre lágrimas y con la voz entrecortada: “¡Qué grupo de jugadores, hermano!”.

Poder conservar ese espíritu, uno de los valores más admirados de esta Selección Argentina en todo el mundo y también puertas adentro, es uno de los puntos de apoyo imprescindibles para la reinvención que se viene. “Hay que formar el grupo otra vez, marcar pautas. Que el que venga sepa lo que representa, y eso demanda tiempo. Esperemos que la gente entienda eso”, explicó con sabiduría el DT, como para que nadie pueda hacerse el distraído acerca de la dificultad que entraña.

Los ejes de la renovación de Argentina

El técnico es más consciente que nadie de cuáles son los sectores a los que debe apuntar el recambio de nombres en la nueva etapa. Más allá de lo que piense algún desprevenido, no habrá que pensar nuevas variantes solamente para ocupar el -imposible de llenar- vacío que deja Lionel Messi en la creación sino también en otros sectores en los que variar se vuelve imprescindible.

Scaloni dio una señal muy concreta en los últimos amistosos al ubicar fijo en el lateral derecho a Agustín Giay (Palmeiras), de 22 años y una grata novedad para un puesto en el que a Argentina le ha costado encontrar estabilidad, al margen de que Nahuel Molina seguramente siga teniendo oportunidades. Otro que se ganó buenos minutos fue el volante Gianluca Prestianni (Benfica), que a los 20 años aporta recambio en un sector en que Rodrigo De Paul, ya con 32 años y en la MLS, perdió algo de protagonismo.

También aprovechó la oportunidad de mostrarse Nicolás Paz (Como), que a los 22 años es el jugador al que más se mira como posible reemplazante de la función que cumplía Leo. Y desde el banco de suplentes saltaron a la cancha los también muy jóvenes Franco Mastantuono (Fiorentina) y Leonel Flores (Boca), ambos de 19 años, que dejaron sentado una vez más cómo Argentina sigue siendo una fuente inagotable de jugadores talentosos.

La búsqueda de Scaloni para el futuro

Si bien es imposible que un jugador pueda reemplazarlo, el proyecto de Scaloni apunta a que con el aporte de todos se pueda subsanar la ausencia de Leo. Después de todo, Argentina dio pruebas en el pasado reciente de poder jugar muy bien sin él. Como el 25 de marzo de 2025, cuando la Scaloneta consumó una de las mejores actuaciones que se recuerde de un seleccionado argentino y aplastó por 4-1 a Brasil en Buenos Aires por las Eliminatorias. También en la final de la Copa América 2024, en la que Messi tuvo que salir lesionado y, a fuerza de un juego más físico, se llevó el título con justicia al superar por 1-0 a una Colombia que llegaba en alza. Pero una cosa era no tenerlo por un partido y otra muy distinta es asumir que ya no podrá apelarse a él como pieza de recambio cuando la historia lo precise.

Aunque sea inevitable reformularse, hay elementos del juego de Argentina que no podrán cambiar porque afectarían su naturaleza. Se mantendrá la búsqueda de controlar la pelota y ser protagonistas para no tener que soportar desarrollos como el de la final contra España, cuando la Selección se vio forzada a cumplir el libreto que menos le gusta: agruparse de forma compacta en defensa para evitar que un equipo con control de la pelota le hiciera daño. Ese papel que le tocó en aquel partido de triste recuerdo es el que en general obliga a interpretar a sus rivales.

Lo esencial será que la Selección Argentina, esa que jugó tres de las últimas cuatro finales en los Mundiales y se llevó las dos últimas competiciones continentales, siga representando lo mismo que supo construir en los últimos años. Aunque, como al hacha de Rivadavia, se le hayan cambiado las piezas.