¿Cómo fue la época post Maradona y que podría pasar con Argentina después de Messi?

Es difícil que en la vida haya tal cosa como un final feliz. Es un concepto más bien reservado a la literatura o al cine, donde a veces los hechos se suceden de manera perfecta como para que el lector o el espectador crean que al menos una vez el universo se acomodó. En el fútbol es más difícil todavía, porque incluso cuando se cierra un ciclo exitoso la alegría se mezcla con la nostalgia por no poder conseguir más logros en el futuro. Ni hablar cuando se trata de la -lugar común mediante- breve carrera de un jugador, y mucho más si es uno de los más grandes. En el caso de Diego Maradona, todo se multiplicó en un proceso traumático que el fútbol argentino pagó durante muchos años.

Conviene remarcar que la carrera de aquel 10 no se cerró por decisión propia. Primero, porque fue excluido del Mundial 1994 por su caso de doping luego de la victoria 2-1 frente a Nigeria, a la postre su último partido con la Albiceleste. Después, porque las características de esa exclusión definieron el mapa de la Selección en el complicado proceso posterior.

Maradona, afuera de Argentina por decisiones ajenas

Argentina había comenzado la Copa del Mundo de Estados Unidos con el juego de un candidato al título. Las sólidas victorias por 4-0 frente a Grecia y luego frente a los africanos generaron un optimismo tal vez desmesurado pero que se apoyaba en el gran nivel del equipo. Previsiblemente, después de la expulsión de Maradona todo se desmoronó, se perdieron los dos partidos siguientes y el equipo volvió a casa antes de lo previsto.

Fue el momento, como pasa después de las derrotas en el fútbol, de buscar culpables. Y en este caso no se apuntó solamente a Diego y al entrenador, Alfio Basile, sino que se estigmatizó a todo el proceso con un concepto: anarquía. Se habló de falta de autoridad del cuerpo técnico hacia los jugadores, a los que se los cuestionaba entre otras cosas por el uso de gorros con publicidad para hacer una diferencia económica. Pero había una acusación que iba más allá y que Julio Grondona, mandamás de la AFA por aquellos años, percibió a la hora de definir la sucesión de Basile.

El elegido fue Daniel Passarella. Si se hubieran tomado solamente en cuenta los resultados deportivos se habría tratado de una decisión absolutamente lógica. El Kaiser no sólo era -como sigue siendo- el único futbolista bicampeón mundial con Argentina por sus títulos en 1978 y 1986. Como entrenador, había logrado armar un River hegemónico en el fútbol argentino y que había conseguido, desde su llegada en 1990, tres títulos locales. Y aunque ese currículum justificaba plenamente su ascenso al seleccionado, lo que se buscó sobre todo fue un perfil que iba absolutamente en contrario del proceso precedente.

Todo lo que no fuera Maradona

Passarella dejó claros los términos que pretendía para su ciclo en una de las primeras entrevistas que le realizaron luego de asumir, en el programa “Fútbol de Primera”, por Canal 13. Allí ratificó la impronta que había tenido ya su ciclo en River: los jugadores no podían usar pelo largo, por considerar que los podía incomodar, y tampoco aritos, con la excusa de que corrían riesgo de lastimarse. Pero entonces apareció un elemento que iba también en el sentido de una disciplina férrea y que no se había mencionado antes: a los convocados a la Selección se les realizaría una rinoscopia para detectar si habían consumido drogas como cocaína.

Fue obvia la alusión, sin mencionarlo, a Diego, que había sido detenido en 1991 por tenencia de estupefacientes. "Es una cosa vergonzosa. La rinoscopia, el pelo corto. Passarella va mucho más con los militares que con la democracia", disparó Diego, que de paso apuntó contra un ex compañero que se había mostrado plenamente adaptado al nuevo tiempo: "Batistuta es un alcahuete. Cortarse el pelo por pedido de Passarella es de alcahuetes, porque Bati hizo 300 goles con el pelo largo".

La decisión de Grondona tuvo el efecto deseado. Passarella, distanciado de Diego incluso desde antes de 1986, cuando compartieron plantel, se mantuvo firme en la decisión nunca confesada abiertamente de no convocarlo durante su ciclo. No titubeó ni siquiera después de verlo en buen nivel en su regreso a Boca en 1995 y 1996, cuando se le escaparon por poco dos títulos locales. La puerta estaba definitivamente cerrada.

Sin Diego, la obediencia no tuvo premio

En el primer Mundial post-Maradona, Ariel Ortega fue un muy digno heredero de la número 10. De todos modos, el equipo no pudo avanzar más allá de los cuartos de final, cuando cayó 2-1 ante Países Bajos y el Burrito fue expulsado por agredir al arquero Edwin van der Sar. Con distanciamiento de la prensa, a la que el plantel eligió como enemigo, disciplina táctica y sin aritos ni pelos largos, Argentina se despidió casi en silencio.

Cuatro años después, la historia resultó todavía peor: pese a contar con muy buenos jugadores y la conducción de Marcelo Bielsa, Argentina sufrió la primera eliminación en la fase de grupos desde 1974. Faltaban todavía cuatro años para que Lionel Messi tomara la posta de la genialidad de Diego e iniciara una nueva era en la Selección.

Lo que vendrá en Argentina después de Messi

Ninguna época es igual a otra y tampoco un adiós será igual al anterior. Es incomparable la despedida de Messi, en un entorno sumamente controlado y con Argentina como subcampeón del mundo y en buen nivel, a aquel desgarro que sufrió un país que vio cómo le arrancaban de las manos la posibilidad de ver nuevamente a Maradona con la camiseta que más quiso.

El propio Messi dio razones para el optimismo en mayo de este año, cuando todavía ni siquiera se había consumado la gran actuación del equipo de Lionel Scaloni en la Copa del Mundo con la llegada a una nueva final. “Va a quedar un grupo grande y fuerte cuando se termine esta etapa y se inicie otra. Si bien hay algunos jugadores que si van a dejar de estar, la gran mayoría va a seguir. Siguen apareciendo y sigue habiendo muchos chicos que vienen de abajo con muchas ganas y mucha fuerza”, comentó.

Habrá con seguridad una renovación esperable de los que ya dieron muchas alegrías. Pero detrás de Leo estarán los Enzo Fernández, los Cristian Romero, los Julián Álvarez, los Lautaro Martínez y los que vienen detrás, como Nico Paz o Franco Mastantuono.

Con entrenador nuevo o no, Argentina seguirá teniendo un equipo de estrellas. Pero, como la vida no es una película, también habrá que convenir que se extrañará a ese jugador que podía resolver un partido en un segundo y destrabar historias que venían muy complicadas. Porque los finales perfectos en la vida real no existen, aunque algunos puedan ser más felices que otros. O, aunque sea, un poco menos tristes.