MADRID - Su gol no fue una hermosura, él es una obra en construcción y no estoy siquiera intentando venderles la idea que Vinicius Jose Paixao de Oliveira Junior se encuentra a punto de amenazar con irrumpir en el podio de candidatos al Balón de Oro. Pero vamos directo al grano: Nos encontramos en presencia de un joven corcel hecho futbolista, corajudo, técnicamente talentoso e inspirador que acaba de volver a colocar la pelea por el título de La Liga española firmemente a favor del Real Madrid. Este Clásico también ha servido para demostrar aún más que las clases personales impartidas por Zinedine Zidane a su pupilo estrella sobre las tranquilas y aisladas canchas del complejo de Valdebebas, a las afueras de Madrid y cerca del aeropuerto de Barajas, están a punto de conferirle a Vinicius sus alas.
Existe una predilección terrible entre muchos hinchas, demasiados periodistas y algunos ex profesionales, de tomar la ruta fácil a la hora de analizar a un jugador. La tentación, porque es más sencillo de hacer y probablemente genera mayor cantidad de declaraciones merecedoras de titulares, es criticar, destacar las cosas que una persona no puede hacer, hace mal o causantes de frustración.
Se trata de una tendencia en auge. Mientras se dispone de más información, la gente tiende a juzgar más en base a tangibles que no reflejan la naturaleza real, caótica, al estilo "gana quien se atreve" del fútbol de alta tensión, con mucho en juego. Entonces, es facilista, al igual que consumir alimentos chatarra sin sustancia llenos de carbohidratos, cuando los analistas e hinchas se aferran a los aburridos lugares comunes: "Pero miren lo que hace Vinicius cerca del arco", o "Sigue siendo demasiado errático en el tercio final".
El hecho de que el brasileño anotó el gol definitorio del cotejo y que bien podría haberle dado el título de liga al Madrid no es el único elemento al cual nos referimos, de ninguna forma. El tanto de la victoria convertido por Vinicius lo hace merecedor de un "hat trick" en los partidos vitales más recientes disputados en la cancha del Real Madrid, sobre los cuales él ha repercutido de forma decisiva.
Permitan que sus mentes regresen al derbi madrileño jugado en febrero pasado. Le salieron las cosas mal a Zidane en el primer tiempo, hizo varios cambios en el descanso y puso a dos extremos sobre el terreno. Vinicius jugó de forma excelente, utilizó su ritmo vertiginoso sobre la banda izquierda para hacer un tremendo pase a Ferland Mendy quien incursionó en el área del Atleti para darle la oportunidad a Karim Benzema de convertir el gol del triunfo. A mediados de la semana pasada, a pesar de que la Casa Blanca perdió a manos del Manchester City, fue Vinicius quien asistió a Isco Alarcón para anotar el gol que abrió el marcador 1-0.
Muy bien, el Madrid no ganó, pero eso no fue culpa de este joven oriundo de Brasil.
Estoy ignorando su tanto que rompió el empate en jornada de Champions en Brujas, porque fue en condición de visitante, en un partido celebrado a finales del año pasado; pero, créanme cuando les digo que estamos presenciando el proceso de madurez de un talento especial. Sin embargo, es la naturaleza de su confianza, digna del caucho industrial, lo que más me agrada de él. O quizás, digamos mejor que se trata de su inamovible creencia en sí mismo, sin importar cuántas veces no logra completar un movimiento, cuántas veces los medios de comunicación lo atacan, diciendo que es incapaz de concretar, o cuántas veces el estadio gruñe en vez de rugir cuando él intenta alguna acción.
Si un jovencito nace con talento, habilidad técnica y velocidad, ya cuenta con ventajas sustanciales. Sin embargo, si éste es incapaz de soportar la presión, está permanente propenso a la gripe y se queda en casa cada vez que el clima no le favorece, entonces se desperdiciará tanto talento. Vinicius está, sin duda alguna, lleno de cualidades aptas para remontar. Intenta desbordar a su rival y cuando eso no funciona, él no se deprime. No frunce el ceño como sí lo hacen muchos futbolistas, incluso mayores y más experimentados que él.
No se trata de los fracasos personales. Todo tiene que ver con la respuesta que muestras cuando sientes que el mundo está en tu contra, cuando sientes que tus compañeros empiezan a dudar de tí, cuando comienzas a pensar cosas. Tenemos el caso, por ejemplo, de Junior Firpo, el lateral izquierdo que Quique Setién ha omitido en fechas recientes, porque el chico está lleno de temor de hacer las cosas mal, en vez de arriesgarse a intentar que salgan bien. Cuando esa mentalidad negativa se apodera de ti, comienzas a estar en problemas.
Vinicius abrió el marcador del partido dominical e incluso si Marc-Andre ter Stegen cayó tumbado porque Gerard Pique intentó bloquear el tiro al arco del joven brasileño, Vinicius se forjó su propia suerte. A mi criterio, lo que ocurrió después fue lo que hizo de ésta una ocasión extra especial para el chico de 19 años. Seguidamente, se encargó de asegurarse que el Barcelona no tuviera la oportunidad de remontar en este compromiso. Desde el minuto 79 hasta el final, Vinicius corrió a robarle el balón a Arthur, en el momento en el cual su compatriota brasileño estaba manejando el balón y planificando su próximo movimiento. Vinicius se inmiscuyó y le robó la posesión del esférico antes de que el volante del Barcelona estuviese siquiera consciente de que había dejado abierta la puerta de atrás. Aproximadamente un minuto después, Nelson Semedo fue desbordado y despojado del balón.
Vinicius estaba dispuesto a todo, pero lo más importante, aportaba en la que precisamente era el área en el cual el Madrid acusaba mayor necesidad: privar al Barcelona de tiempo o espacios para generar fútbol o creer.
Cuando se habla con respecto a Vinicius, el debate es monocromático, en mayor medida debido a que gran parte del análisis y discusión futbolísticos de hoy en día es similar a un rebaño de ovejas. Alguien dirá, de forma razonable que, si tomamos en cuenta la propensión de Vinicius a crear espacios por la banda izquierda y tomar el balón por los aires con un simple y confiado toque con su muslo, pecho o pie derecho, el producto terminado no será similar a un metrónomo.
Algo que raramente se menciona sobre Vinicius es su disposición a replegarse, presionar, defender, recuperar el balón, a trabajar hasta el agotamiento total. Los extremos no suelen hacer cosas así, pero Vinicius no es elogiado por las cosas que suele hacer: tales como, por ejemplo, lo visto a principios de año en su visita al Getafe cuando el gol, que puso el marcador 0-3, fue producto de su disposición de replegarse hasta la esquina para ayudar a Mendy, quien cedió el balón a Gareth Bale. El galés armó la escena para Federico Valverde, quien asistió en el tanto a Luka Modric. Vinicius fue el corazón del contraataque madridista.
Pues bien, en ese domingo lluvioso, con un Barcelona intentando sin éxito dar un zarpazo que los colocara en ventaja en el Clásico, el siguiente movimiento de Vinicius fue quitarles el balón a los lentos e inseguros jugadores barcelonistas al borde de su área, irrumpiendo de forma tal que Ter Stegen se vio obligado a deslizarse para evitar el segundo tanto. No obstante, debido a que Mariano Díaz (criado más cerca del Camp Nou que la mayoría del actual plantel del Barça) fue quien convirtió el segundo gol del partido para el Madrid, pasará desapercibido para la mayoría de los analistas e hinchas que fue Vinicius quien, faltando seis minutos para la conclusión del cotejo, en su propia área, a la derecha del Madrid, le robó el balón a Semedo, cuando el portugués intentaba armar un ataque. Vinicius se replegó, convirtiéndose en toda una molestia, recuperando para pasar a Toni Kroos.
En conclusión, hay que rendir tributo a Vinicius. ¿Es acaso perfecto? No. ¿Es capaz de que se le congele el cerebro, como sucedió con aquella oportunidad que tuvo ante el City a mitad de semana, justo frente a la puerta contraria? Sí.
Pero él es todos nosotros. Se trata del niño que se atrevió a soñar, el chico que quiere usar el balón para entretener y arriesgar y estampar su nombre, a pesar de lo largo y complicado, en la historia del club más famoso y exitoso del balompié europeo. Es una obra en desarrollo, pero también lo fueron alguna vez la Capilla Sixtina, la Mona Lisa, los Jardines Colgantes de Babilonia, Cristiano Ronaldo y hasta el mismo Lionel Messi.
Si Vinicius nunca alcanza la cúspide para convertirse en la octava maravilla del mundo (futbolístico), no me sentiré avergonzado porque, en este momento, es un jugador inspirador, atrevido, motivador y, para la causa del Real Madrid, vital.
