BARCELONA -- Tal como ahora, se habían disputado once jornadas de Liga pero a diferencia de la actualidad, el liderato no era del Barcelona. Ni del Madrid. El líder era el Osasuna con 24 puntos y el FCBarcelona, campeón, era segundo con 22, uno más que el Madrid, tercero con 21. 19 de noviembre de 2005. Una noche para la leyenda.
Aquella era la tercera temporada de Ronaldinho en el Barça. Su excelencia no alcanzó para evitar el título del Valencia en la temporada 2003-04 pero fue vital para la conquista de la Liga en la campaña 2004-05, la primera después de seis años de sequía, y siguió siéndolo en aquel curso que se cerró con el doblete (Liga y Champions)... Y la exhibición en Chamartín. Mayúscula.
Ha pasado a la historia como la noche en que el Bernabéu aplaudió a Ronaldinho, quien marcó dos goles en una exhibición del Barça, que puso de los nervios a Casillas, martirizó a Helguera o Sergio Ramos y dejó señalado a Wanderley Luxemburgo, quien apenas se mantendría en el banquillo del Real Madrid dos semanas más antes de ser despedido.
Se cumplen diez años de la noche en que Ronaldinho, el último mago efímero que Brasil le regaló al barcelonismo, arrancó la ovación de un estadio que solamente había aplaudido tímidamente a Maradona dos décadas antes. Campeón de Liga la temporada anterior, el equipo de Rijkaard buscaba su lugar en la eternidad. Lo alcanzaría seis meses después en París y ante el Arsenal... Pero hay escenarios que quedan fijados en la memoria.
10 años atrás... Seguro que @setoo9 y @10Ronaldinho se acuerdan con cariño de este día ¿Y vosotros? https://t.co/PBiGXv79VG #elclásico #FCB
— FC Barcelona (@FCBarcelona_es) noviembre 19, 2015
Allí, en Chamartín, Johan Cruyff lideró el 0-5 de 1974, Calderé besó la gloria con el 0-3 de 1984, Amor enfiló el título con el 0-1 de 1994 y Ronaldinho, en 2005, dibujó la samba. Hubo muchas noches mágicas y otras tantas malditas pero algo ocurre cuando el imaginario del barcelonista evoca ese 0-3 de manera tan generalizada.
A lomos de Leo Messi el Barça se ha acostumbrado a asaltar el Bernabéu. De sus diez visitas más recientes, el equipo azulgrana ha ganado más partidos de los que ha perdido (4-3), y desde que Ronaldinho llegó al Camp Nou, en el verano de 2003, el Barcelona ha vencido 16 Clásicos por 12 del Real Madrid.
Desde la temporada 2003-04 y hasta la 2014-15, el equipo catalán ha conquistado un total de 25 títulos por 10 del Real Madrid, en un intercambio de poder acentuado e imposible de ocultar que comenzó con aquella sonrisa contagiosa de Ronaldinho, un tipo que a través de la felicidad que irradiaba en el terreno de juego devolvió la alegría a un Barcelona deprimido tras la etapa más oscura de su era moderna.
MESSI, EL SECUNDARIO
Aquel 19 de noviembre Casillas ‘flipó’ con la magia de Ronaldinho, la sobriedad de Deco, el acompañamiento de Xavi, el remate de Eto’o o la firmeza de Puyol. Y apenas reparó en el número 30, quien apenas había completado dos partidos de los ocho que había sido utilizado por Rijkaard antes del Clásico, marcando un gol al Panathinaikos.
Aquel ‘30’ era Lionel Messi. Jugó su primer Clásico como titular aquella noche y apenas si fue un secundario en el festival de Ronaldinho, permaneciendo 69 minutos en el césped hasta que Iniesta le sustituyó con el 0-2 en el marcador y el Real Madrid prácticamente entregado a su desgracia.
Fue un secundario al que no le costó apenas nada convertirse en protagonista para acabar convirtiéndose en la peor de las pesadillas merengues. Suma 30 Clásicos Messi, con 21 goles en 14 victorias por nueve derrotas. Y este sábado se espera su regreso con especial énfasis después de dos meses apartado de los campos.
Ahora sigue siendo su turno. El del líder del mejor Barcelona de la historia que arrancó con el fichaje de aquel brasileño que rechazó esperar un año al Real Madrid que había elegido a Beckham y que dirigió el despertar del Camp Nou.
“Es imposible no recordar aquel partido”, convino hace pocos días Ronaldinho en un reportaje especial que le dedicó TV3 con ocasión del décimo aniversario. “Pocos han tenido la felicidad de que te aplaudan en el Bernabéu en un Clásico”, aseveró el brasileño, que mantiene muy fresco el recuerdo de aquella noche.
“Fue un gran partido de todo el equipo, no sólo mío” destacó Ronaldinho, quitándose de encima el mérito que el barcelonismo en pleno le trasladó. Y que le convirtió de forma eterna en uno de sus símbolos.
Un símbolo que comenzó a cambiar la historia. Siguieron Guardiola y Messi, al mando del mejor Barça de la historia para colocarle en la cima. Pero todo empezó a través de Ronaldinho. Un mago efímero... Pero a partir de quien todo fue diferente.
