BUENOS AIRES -- Anoche vi un partido con dos fuera de serie, Gustavo Chicho Lopez y un gran editor mexicano que ahora no me acuerdo el nombre. El kiosco 24 horas estaba que explotaba, de pronto éramos un grupo heterogéneo de policías, barrenderos, tipos extraños, tres chinas que alentaban por Argentina. Y un niño de 10 años muy bien vestido con un traje blanco. ¿Qué hacía un niño vestido así a esa hora de la noche? ¿Sería un ángel?
No importa. Afuera llovía horrendamente, el viento sacudía a los árboles como si fuera un juego y el frío era polar. El Kiosco 24 horas estaba en una esquina y no tenía puertas por lo cual soplaba un vientito de afuera. Argentina jugaba mejor que Chile. Siempre jugó mejor.
Nos entusiasmábamos con Messi que hizo echar a un jugador y luego Vidal que nunca lo podía detener. Messi es imparable. El niño-ángel miraba cada jugada y cada tanto cerraba un puño en un clásico gesto de toda la bronca. Los minutos pasaban e inconscientemente todos adivinábamos el peor final.
Y pasó lo que todos saben, perdimos. Messi llorando en el campo de juego, los chilenos festejando como si hubieran ganado la Copa del Mundo y yo pensaba en el mundial de Rusia. El niño sacó su celular y me dijo: pasame tu hastag. ¿Qué?, le respondí. ¿No tenés hastag, ni whattsap, ni tuiter, ni face, ni mail?, insistió. ¿Eh?, me quedé pensando en todas esas palabras sin sentido para mí. Bueno, dejá. No pará te paso mi mail, le dije y se lo di. Y me fui.
Caminamos llorando por la noche tétrica de Buenos Aires, el viento nos daba en la garganta y la cara. Y Gustavito Lopez me dijo en broma: ¿y, vamos a festejar al Obelisco? Y nos reímos los tres. El editor mexicano parecía triste, pero por dentro, para mí que disfrutaba nuestra derrota.
No nos une el amor sino el espanto. Nos separamos sin un llanto, pero con un gran abrazo. Volví a casa, fracasado en todos los sentidos. La noche me empujaba a su abismo inconmensurable de depresión y alcohol. Qué feo es ser un hincha fracasado, un tipo que espera algo y ese algo no se da. En fin, volví a casa. Pero vi en mi celular que me llegaba un mail. Te invito al banderazo, mañana, a las seis de la tarde en apoyo a Messi.
Me quedé helado, la que me faltaba. Mañana debería ir a saltar al Obelisco para apoyar al mejor del Mundo, que no quiere jugar más en nuestro equipo. El único equipo de los argentinos. Bajo la lluvia, bajo el frío...
Bajo la lluvia, bajo el frío... Parece que va a llegar el momento de demostrar mi verdadero amor por la selección, por Messi, por Agüero y por todos. Parece que el bienestar de nuestro equipo no es algo exclusivo de los jugadores y cuerpo técnico.
Pero el mensaje, la convocatoria al banderazo. ¿La habrá iniciado el niño-ángel? Yo voy a estar, en las buenas y en las malas.
