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Neymar fue imponente, impreciso y milagroso ante Atalanta

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PSG protagoniza espectacular remontada y avanza a semis (1:03)

Los parisinos anotaron dos goles al 90' y 93' para vencer al Atalanta. (1:03)

Neymar miró a un lado y no vio a Mbappé. Miró atrás sin encontrar a Verratti y giró los ojos para no hallar a Di María. Y Neymar debió entender que era la noche elegida. La cita indispensable para mostrar no solo sus galones en el PSG sino, más aún, para enseñar al universo del futbol que siendo un futbolista descomunal era capaz de llevar a su equipo a las semifinales prácticamente en solitario.

Comenzó haciéndolo sin suerte y no fue hasta el desenlace de un partido que comenzaba a llorar por la derrota, cuando acompañado de dos aparecidos en la segunda mitad, Mbappé y Choupo-Moting, y aprovechando el desgaste de un Atalanta fundido, cambió el llanto por felicidad.

Rozando el desastre, encaminándose el PSG a un nuevo, sonado, y mayúsculo fracaso, Ney asistió casi sin querer, a la desesperada, a Marquinhos para que su compatriota, rozándose el minuto 90, lograse un gol milagroso que empataba el 1-0 con que le vencía el Atalanta desde antes de la media hora de partido.

Y como si de la final de 1999 se tratase, cuando el Manchester United volteó al Bayern Múnich cuando los alemanes celebraban el título, el PSG conquistó una remontada impensable cuando Ney combinó con Mbappé y éste le regaló una asistencia precisa y magnífica para el gol definitivo de Choupo-Moting, el invitado sorpresa final.

Comprometido, líder, entregado y omnipresente, el '10' brasileño fue el protagonista absoluto de la primera mitad, que comenzó fallando un gol impensable y despidió con otro error impensable en él ante la portería. Fue la cruz de 45 minutos en los que el PSG se diría que existió simplemente a través suyo.

Entre una jugada y la otra, claves, Neymar dejó imágenes imprescindibles para figurar en cualquier resumen, jugadas de YouTube en las que se le veía escaparse de uno y de otro, revolucionarse con cambios de ritmo inmensos y actuaciones personales en las que sus compañeros, demasiado a menudo, aparecían como simples espectadores, apenas protagonistas en una primera mitad centrada en él. De principio a fin.

MBAPPE AL AUXILIO

Sufría y disfrutaba a partes iguales el Atalanta, acariciando el sueño de las semifinales, entendiendo la trascendencia cada vez más concluyente de frenar al '10' para alcanzar el objetivo hasta que Tuchel entendió la necesidad de arriesgar con Mbappé para que no todo girase alrededor del mismo protagonista.

Fue a la hora de partido cuando entró en escena el joven delantero para acompañarle en el ataque y coincidió tanto en la rebelión coral del PSG como del comienzo del fin físico de un Atalanta cada vez más apocado, preocupado en defender su renta y consciente, cada vez más, de que alcanzar el sueño iba a ser un desafío descomunal.

El ingreso de Choupo-Moting, la última y desesperada apuesta de Tuchel, convirtió el final del partido en un asedio continuado del PSG, recordando de alguna manera a aquella final de 2014 que en este mismo escenario conquistó contra todo pronóstico el Real Madrid frente al Atlético, que se avanzó en el marcador en la primera mitad y resistió con todo... Hasta que en el último suspiro le empató Sergio Ramos para convertir la pròrroga en un festival merengue.

Esta vez al PSG le sobraron tres minutos. Igualó Marquinhos en el 90 y ya entiempo añadido, con el Atlanta hundido psicológicamente, Ney combinó con Mbappé para que le regalase el gol definitivo a Choupo-Moting. A la que se encontraron Ney y Mbappé se catapultó el campeón francés.

Lo hizo al límite. Y le fue suficiente para que Neymar pudiera sonreir minutos después de que estuviera al borde del llanto.