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El recuerdo de aquella final de 2014

BUENOS AIRES -- Con el primer pie en el Aeropuerto Humberto Delgado de Lisboa, el espíritu de la UEFA Champions League alcanza a cada pasajero. La cartelería del hermoso azul brillante destaca la orejona dorada que anuncia la 58ª final que disputan Real Madrid y Atlético aquel 24 de mayo de 2014 a las 19.45 hora local.

CHAMPIONS Y LA EXCELENCIA
Cada visitante sabe bien para qué arriba a Lisboa esa semana. Llega a vivir uno de los eventos más seductores tanto en lo futbolístico como en lo organizativo. La final de la UEFA Champions League es excelencia tanto en lo competitivo, con el encuentro de los equipos más poderosos del año, con sus futbolistas de elite; y es excelencia también en la periferia: el estadio, seguridad, organización, espectáculo. Es el evento deportivo con más espectadores del mundo: 380 millones de televidentes vieron ganar a Real Madrid su décima Champions en aquel 2014, casi el doble en cantidad de espectadores que el Super Bowl del mismo año, que batió su record al contar con 112,2 millones, según la consultora Nielsen. La UEFA Champions League es el acontecimiento más lucrativo también. Según el New York Times, genera un ingreso de 2 billones de dólares al año.

LA EXCUSA DE VIAJAR
La convulsión que produce una nueva final europea de clubes trasciende la competencia. De pronto Lisboa se convierte en la capital de Europa y los ojos del mundo se posan sobre sus atractivos. La UEFA dispone una serie de hitos en los puntos de interés más relevantes de la capital portuguesa. Durante la semana de la final recibió un 20% más de visitantes que lo normal en todo un mes, según ANA Aeroportos. La guía viajera Lonely Planet describe a la capital portuguesa: “Lisboa, una ciudad vertiginosa con siete colinas, coronada por un castillo árabe y bañada en luz artística, tiene una belleza de cine y una historia cautivadora. Es una capital abierta al cielo, con traqueteantes tranvías y ascensores como el de Willy Wonka; una ciudad de fados melancólicos y de alegre vida nocturna. Modernidad, carisma y escenas de postal: Lisboa lo tiene todo”.

Cada punto de interés de la ciudad se tiñe de merengue y rojiblanco. Los fanáticos visitan al son de sus canciones de tribuna al precioso Monasterio de los Jerónimos, protegido por la UNESCO. El edificio data del siglo XV y es imponente por su ornamento y conservación. Los vistosos barrios de La Baixa, La Alfama, Chiado y Barrio Alto son recorridos por madrileños bebedores, fumadores y ruidosos. Muchos llegaron sin tickets y saben que el ingreso al Estádio da Luz es una misión complicada, pero poco les importa.

Plaza del Comercio es el punto elegido para desplegar el fan zone, organizado por UEFA. Es un festival colorido y musical donde se confunden el ardor por cada equipo finalista, las campañas publicitarias, la reventa de entradas y el clima de excesos propios de una vacación. La invasión del 24 y 25 de mayo es controlada por 1200 agentes que se distribuyeron sobre la ciudad lusitana.

ESTADIO DA LUZ, EL EPICENTRO
El Estadio de la Luz, cancha donde juegan como local Sporting de Lisboa y Benfica sufre una transformación cosmética total. De nuevo los azules radiantes visten el estadio y los logos de UEFA y Champions se destacan en cada rincón. Días antes los fanáticos llegan a retratarse con el gran estadio de 42 metros de altura como decorado mientras se lleva a cabo el despliegue mediático para la cobertura a escala global. Son 550 periodistas y 200 fotógrafos acreditados, 33 cámaras que se distribuyen para contar el devenir de tan sólo un partido de fútbol.

El día del encuentro llegan los fanáticos en su mayoría desde el metro de Lisboa Estación Luz hacia los ingresos al campo. Ahora sí definitivamente la muchedumbre impacta. El desenfreno se apodera de los más de 60 mil espectadores que entran al estadio, pero mucho más de los miles de desesperanzados por ingresar que quedan afuera, gritando, cantando y siempre bebiendo. El evento cuenta con 250 organizadores y 500 voluntarios. Los colores están alternados, Merengues y Colchoneros comparten el territorio en la primera final de Champions disputada por dos equipos de una misma ciudad.

LA VENTAJA DE ESTAR AHÍ
Existe algo que las 33 de cámaras de una transmisión de televisión no pueden ofrecer: El goce del duelo táctico desde una perspectiva presencial. Aquella final de 2014 entre Real Madrid y Atlético fue una pugna estratégica comandada por Simeone y Ancelotti, quien fuera elegido segundo mejor entrenador del mundo aquel año por FIFA. Existió un factor previo al inicio del partido que influyó en su devenir. Diego Costa, la figura de Atlético con 8 goles en 9 partidos de Champions aquella temporada, sufrió una lesión muscular en el empate ante Barcelona que terminó dándole la Liga al Colchonero. Su asistencia en la final era tan relevante que tentó a Simeone a incluirlo como titular, a pesar de no haber transitado los días de rigor para una correcta recuperación. Diego Costa jugó apenas 9 minutos.

Su reemplazo, Adrián no hizo un mal partido, trabajó la presión con sacrificio y contuvo la pelota. Sin embargo, Godín, el central uruguayo (ya había empatado el duelo definitivo de La Liga ante Barcelona) le dio la ventaja al equipo rojiblanco. Más tarde a los 66 minutos ingresó José Sosa.

Real Madrid no podía entrar con penetración individual o pases profundos a la dura defensa colchonera, su estrategia para empatar era centrar para los cabezazos de Benzemá, Bale o el mismo Cristiano Ronaldo. Simeone leyó bien la táctica desesperada de Ancelotti y quemó su último cambio al reemplazar al lateral izquierdo de proyección Felipe Luis por un central devenido lateral con características antiaéreas como Toby Alderweireld, de 1.87 metros.

Faltando minutos para el cierre del partido, desde un saque de esquina y a pesar de los recaudos de Atlético de Madrid Sergio Ramos pone el 1 a 1 y obliga el tiempo extra. Real Madrid, de estar prácticamente perdido se encuentra con vida y esta motivación lo aparenta más armando para encarar la definición.

Ya en el tiempo suplementario, Juanfran choca con Morata en mitad de cancha y su tobillo se lastima fuertemente. Pide el cambio. No hay más cambios. Juanfran difícilmente puede pisar. Atlético vuelca el juego por la izquierda, pero los ojos desde las gradas de prensa están sobre Juanfran, que renguea y prácticamente no puede correr. Ancelotti ordena torcer el juego sobre la banda izquierda. Una jugada de dribling de Di María define la final, desde el lateral de Juanfran, obviamente. Gareth Bale empuja con la cabeza para anotar el 2 a 1. Más tarde, Marcelo y Cristiano decorarían el resultado.

La cadena causal seleccionada es tan sólo una de las posibilidades para explicar el triunfo de Real Madrid. La experiencia presencial permite reencontrarse con el alma del juego y da lugar a un recorte artesanal por parte del espectador sobre el análisis del juego más hermoso y en la más alta elite, como fue aquella final de la UEFA Champions League de 2014.