La historia de Takahara, el exótico refuerzo de Boca que fundó un club de camiseta azul y amarilla

Hay goles que quedan asociados a una carrera o a una etapa en un club. Naohiro Takahara marcó apenas un tanto durante su breve paso por Boca Juniors, pero aquel gol ante Lanús alcanzó para convertirlo en un nombre imborrable dentro de la historia del Xeneize.

El 23 de septiembre de 2001, en una Bombonera que disfrutaba de un gran equipo de Carlos Bianchi, el delantero japonés apareció para participar del 6-1 ante el Granate.

Takahara, el primer japonés en hacer un gol en Argentina

Takahara había llegado a Boca como una de las incorporaciones más curiosas de la historia del fútbol argentino. Tenía 22 años, jugaba en la Selección de Japón y llegaba desde Júbilo Iwata, donde se había convertido en uno de los delanteros más importantes de su país.

Su experiencia en Argentina duró apenas unos meses y estuvo lejos de tener el impacto que muchos esperaban. Disputó 7 partidos y convirtió 1 solo gol: aquel que marcó ante Lanús y que, con el paso del tiempo, terminó transformándose en el recuerdo más importante de su etapa en el club.

Lo que ocurrió después hizo todavía más particular su historia. Takahara regresó a Japón y construyó una extensa carrera internacional, jugó en Alemania, volvió a disputar partidos con su Selección y, cuando muchos futbolistas ya habían abandonado la actividad, siguió jugando.

A los 44 años disputó su último encuentro profesional. Para entonces ya había fundado su propio club, el Okinawa SV, que tiene camiseta azul y amarilla en homenaje a Boca. Y como si faltaran capítulos para una historia insólita, también comenzó a producir café en Okinawa.

"Jugar en Boca tuvo un gran impacto para mí, es por eso que cuando decidí fundar mi club (OSV), y ya que iba a ser mío, no tenía dudas que los colores tenían que ser el azul y el oro", afirmó en una entrevista en 2019 para Diario Xeneize.

El japonés que llegó al Boca de Bianchi

La llegada de Takahara a Boca estuvo relacionada con el interés del club por expandir su presencia internacional y con el vínculo que el fútbol argentino había generado en Japón.

El delantero había quedado impresionado con el equipo de Bianchi y la posibilidad de jugar en la Bombonera lo llevó a aceptar la propuesta. El entrenador también conocía sus condiciones y había dado el visto bueno a su contratación.

"Fue lo máximo, sin dudas. Es un estadio impresionante, con una gran hinchada y grandes jugadores. Fueron solo seis meses y me hubiera gustado jugar más tiempo ahí, pero sirvió para cambiar mi forma de ver el fútbol", expresó en dicha entrevista sobre haber jugado en La Bombonera.

Así, en 2001, Takahara se convirtió en uno de los refuerzos más particulares de un Boca que venía de conquistar la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental.

Su adaptación no fue sencilla. El idioma, el cambio cultural y la enorme presión que implicaba jugar en Boca fueron algunos de los obstáculos que tuvo que afrontar. Años después, integrantes de aquel plantel explicaron que el peso de la camiseta y el ambiente del club habían influido en su rendimiento.

"Creo que Carlos Bianchi me cuidó mucho y pensó bien cuándo utilizarme en los partidos. Yo era un jugador que estaba perdido en un lugar nuevo y que no conocía el idioma. Trató de ponerme en los partidos pensando en que yo no siente presión. Le estoy muy agradecido, fue un honor el jugar con un gran entrenador como es él", afirmó Takahara en 2019 sobre su estadía en el Xeneize y su agradecimiento a Bianchi.

En total, su estadía fue breve, pero le alcanzó para dejar una imagen que ningún hincha de Boca olvidó: la del delantero japonés celebrando su gol ante Lanús.

El club que nació con los colores de Boca

Después de retirarse de los grandes escenarios del fútbol internacional, Takahara decidió llevar adelante un proyecto propio en Okinawa. En 2015 fundó el Okinawa SV, un club que nació con una identidad muy particular y que adoptó el azul y amarillo en clara referencia a Boca.

Takahara no se limitó a ser el fundador: durante varios años ejerció como presidente, entrenador y futbolista de la institución.

El proyecto fue creciendo desde las categorías regionales hasta alcanzar la Japan Football League, la cuarta división del fútbol japonés. El ascenso conseguido en 2022 significó uno de los grandes hitos de la joven institución.

Takahara pasó así de ser aquel delantero japonés que llegó a la Bombonera de la mano de Bianchi a convertirse en el hombre que construyó desde cero su propio club.

Takahara se retiró recién a los 44 años

Takahara no tuvo apuro por dejar el fútbol. Mientras otros jugadores de su generación llevaban años retirados, él continuó entrando a una cancha y llegó a disputar su último partido profesional en diciembre de 2023, cuando tenía 44 años.

Su trayectoria había incluido, además de Boca, pasos por Hamburgo y Eintracht Frankfurt, entre otros clubes, y participaciones con la selección japonesa, incluido el Mundial de Alemania 2006.

Takahara y una vida curiosa: de jugar a 18 mil kilómetros de casa a tener un café en Okinawa

La vida de Takahara después de Boca acumuló episodios tan particulares como su llegada al club. Sus excompañeros recuerdan anécdotas de su adaptación a la Argentina, entre ellas una situación durante un almuerzo del plantel que terminó con el japonés afectado después de tomar alcohol. "Taka tenía sed y le dimos un vaso de Gancia, que tomábamos nosotros y no nos dio tiempo de ponerle soda. Se lo tomó todo de una no lo podíamos despertar”, relató Cristian Traverso.

Pero quizás el capítulo más llamativo de su vida actual esté lejos del fútbol. Takahara también incursionó en la producción de café en Okinawa y comenzó a trabajar con sus propios cultivos.

Así, 25 años después de aquel gol ante Lanús, su historia ya no se reduce a los siete partidos que disputó con Boca: incluye una carrera internacional, un Mundial, un retiro a los 44 años, un club propio con los colores xeneizes y una nueva vida vinculada a la agricultura.

El japonés que cortó la sequía de 25 años en el fútbol argentino

Ryoga Kida, de Argentinos Juniors, anotó un gol el 1 de marzo de 2026 ante Barracas Central y le puso fin a un cuarto de siglo sin goles japoneses en la Primera División Albiceleste. Pasaron exactamente 8.925 días entre ambos gritos nipones en la máxima categoría.