Cómo Gary Kubiak abrió el camino a sus hijos Klint, Klay y Klein en la NFL

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El legendario Gary Kubiak abrió el camino para que sus hijos, Klint, Klay, Klein, siguieran sus pasos en la NFL.


EL LEVI'S STADIUM GUARDA RECUERDOS especiales para Gary Kubiak y su familia. Fue el escenario donde ganó el Super Bowl 50 como entrenador en jefe de los Denver Broncos. Diez años más tarde, su hijo mayor, Klint, también triunfó en el mismo estadio como coordinador ofensivo, ayudando a los Seattle Seahawks a conquistar el título del Super Bowl LX.

Y este domingo, durante el partido de la Semana 9 entre los Las Vegas Raiders y los San Francisco 49ers, se sumará otro recuerdo familiar en Santa Clara. En una de las bandas, Klint, de 39 años, dirigirá a los Raiders en su primera experiencia como entrenador en jefe. Al otro lado del campo, su hermano Klay, de 38 años, colaborará con el entrenador en jefe de los 49ers, Kyle Shanahan, en su rol de coordinador ofensivo. Mientras tanto, el menor de los tres hermanos, Klein, de 35 años, estará en el palco de prensa realizando labores de análisis avanzado de cara al enfrentamiento de la Semana 10 entre los Dallas Cowboys y San Francisco.

“Es curioso cómo funciona el mundo”, comentó a ESPN Klein, quien desde 2022 trabaja para Dallas como visor nacional y encargado de proyectos especiales.

Gary, de 65 años, nunca imaginó que sus tres hijos —Klint, Klay y Klein— seguirían sus pasos en la NFL. Pero, al parecer, estaban destinados a hacerlo.

Mientras Gary se desempeñaba como coordinador ofensivo en los Denver Broncos entre 1995 y 2005 —trabajando para Mike Shanahan, padre de Kyle y exentrenador en jefe—, sus hijos estuvieron inmersos en el fútbol americano prácticamente las 24 horas del día, los 7 días de la semana, lo que forjó su pasión por este deporte.

Gary, quien fue el mariscal de campo suplente de John Elway en Denver de 1983 a 1991, es reconocido por sus cuatro victorias en el Super Bowl (tres como asistente y una como entrenador en jefe en 2016) con los Broncos, además de haber sumado 63 triunfos al frente de los Houston Texans entre 2006 y 2013. Sin embargo, su mayor logro bien podría ser el legado en el fútbol americano que construyó junto a sus hijos.

Klint, una de las mentes ofensivas más respetadas de la liga, es el segundo entrenador en jefe de su familia y una figura clave en la reconstrucción de los Raiders. Klay, quien atraviesa su sexta temporada con los 49ers —la segunda como coordinador ofensivo del equipo—, va camino de seguir los pasos de su hermano y convertirse en el próximo entrenador en jefe de la familia Kubiak. Por su parte, Klein está consolidando una respetable trayectoria como ojeador.

El camino de cada hermano es único. Lo que tienen en común es la influencia de Gary y la forma en que, a lo largo de sus carreras, han hecho suyas las ideas de su padre.

“Sabía que, si (los hijos de Gary) decidían dedicarse a entrenar, serían excelentes, dado todo lo que hizo su padre”, dijo a ESPN Mike Shanahan, exentrenador de los Broncos y dos veces campeón del Super Bowl. “(Gary) sentía un gran orgullo —como cualquier entrenador de fútbol americano—, consciente de que, cuando le llegó su oportunidad, no quería defraudar a nadie. Creo que sus hijos han heredado eso de él.

“Resulta bastante evidente por qué los Kubiak han cosechado tanto éxito como familia”.


KLINT NO CREÍA QUERER SER ENTRENADOR de fútbol americano. Pero, al participar en las reuniones del draft de los Texans en 2009 y escuchar a su padre y a otros entrenadores hablar sobre los alas defensivas, empezó a cambiar de opinión.

“Creo que ese día estaban analizando a (el defensive end) Jason Pierre-Paul”, aseguró Klint, oriundo de Texas. “... Vi una sala grande llena de tipos hablando de fútbol americano; luego, al terminar las reuniones, me encontré en el vestuario de los entrenadores con mi padre y el resto del cuerpo técnico, simplemente sentados allí, charlando de forma distendida.

“Recuerdo haber pensado en ese momento: ‘Vaya, este trabajo no está nada mal’”.

Klint jugó como receptor abierto y jugador de la secundaria en Colorado State entre 2005 y 2009. Tras finalizar su etapa como jugador, Klint tuvo su primer contacto con el negocio familiar. Trabajó como entrenador de control de calidad ofensivo (2010-2011) y como asistente de posgrado en Texas A&M (2012), donde colaboró ​​con receptores abiertos como Mike Evans (quien se ha incorporado a los 49ers esta temporada).

Al principio, Klint quería trabajar en el sector defensivo, dada su experiencia como jugador en la secundaria. Sin embargo, a las dos semanas de empezar, Mike Sherman —entonces entrenador de Texas A&M, quien también dirigió a los Green Bay Packers durante cinco temporadas y formó parte del cuerpo técnico de Gary en Houston— le comunicó que prefería que otra persona ocupara su puesto. Por consiguiente, Klint tuvo que pasar a desempeñarse como asistente de posgrado en el área ofensiva.

“Me sentí realmente molesto por ello. Al final, resultó ser lo mejor que me ha pasado”, dijo Klint.

David Beaty, entrenador de receptores abiertos de los Aggies en 2012, indicó que Klint no era el típico “asistente de posgrado”. Señaló que Klint era una persona proactiva, que siempre iba más allá de lo esperado e incorporaba sus propias ideas para facilitar la ejecución de las jugadas a los jugadores.

“(Klint) podría haber sido el entrenador de receptores abiertos a tiempo completo”, declaró Beaty a ESPN. “Su ética de trabajo era inigualable; nunca he conocido a nadie igual”.

Beaty describió a Klint como un “fanático del fútbol americano”. Nadie llegaba a las instalaciones antes que él por la mañana, y nadie sabía si alguna vez se iba a casa. Cuando el equipo regresaba al campus tras jugar fuera, Klint iba directo a la oficina para analizar el desempeño de los receptores, mientras todos los demás se marchaban a sus hogares.

Beaty añadió que Klint dedicaba muchísimo tiempo a desglosar videos de las formaciones defensivas, coberturas y presiones de los rivales, preparando informes precisos tanto para él como para Kliff Kingsbury, quien en aquel entonces era el coordinador ofensivo de los Aggies.

Aunque Klint no estaba seguro de querer ser entrenador en jefe, Beaty vio las señales.

“Era el mejor enfermero que un médico podría tener”, aseguró Beaty. “Cuando llegabas, lo único que tenías que hacer era tomar el bisturí y ponerte a trabajar”.

Evans, que por aquel entonces era estudiante de primer año, comentó que Klint le infundió confianza al revisar videos y analizar su juego.

“Klint es un crack. Me cae genial”, sostuvo Evans. “Cuando tienes 17 o 18 años, no piensas: ‘Vaya, este tipo llegará a ser un gran entrenador en jefe algún día’. Simplemente piensas: ‘Caray, este tipo sabe perfectamente de lo que habla’. Debería hacerle caso”.

Pero el puesto de asistente de posgrado no estaba bien remunerado. Klint estaba casado con Tessa y, aunque todavía no había nacido ninguno de sus cuatro hijos, sentía que estaba fallándole a su familia, así que quiso probar algo distinto. Dejó Texas A&M y empezó a trabajar en un yacimiento petrolífero en Texas. A las dos semanas de comenzar en su nuevo empleo, Klint se dio cuenta de que echaba de menos formar parte de un equipo. Aunque valoró su experiencia en el yacimiento, su lugar estaba en el fútbol americano.

Unos meses más tarde, en 2013, Kubiak se convirtió en entrenador de control de calidad ofensivo para los Minnesota Vikings, antes de regresar al ámbito universitario.

En diciembre de 2014, Beaty asumió el cargo de entrenador principal en Kansas y, mientras conformaba su cuerpo técnico, contactó a Kubiak para ofrecerle el puesto de entrenador de receptores de los Jayhawks.

El primer trabajo a tiempo completo de Kubiak como entrenador no trajo éxitos para el equipo: los Jayhawks terminaron con un registro de 0-12, una de las tres ocasiones en la historia del programa en las que finalizaron una temporada sin conocer la victoria.

Durante su etapa en Kansas, Klint sentía el deseo de volver a la NFL, donde no tendría que preocuparse por el reclutamiento de jugadores; solo por el fútbol americano. Por fortuna, surgió una oportunidad para trabajar con Gary en Denver. Brian Callahan dejó su puesto como asistente ofensivo de los Broncos para convertirse en entrenador de quarterbacks de los Detroit Lions, lo que dejó una vacante en el equipo de trabajo de Gary.

Anteriormente, Klint nunca había querido trabajar para su padre. Era consciente del estigma que conlleva ser “hijo de un entrenador”. En palabras del propio Klint, no quería sentirse como el hijo que llega a la tercera base simplemente gracias a su progenitor.

Klint empezó a ver la idea con mejores ojos, considerándola una oportunidad no solo para pasar más tiempo con su padre, sino también para aprender de él. No obstante, si aceptaba el puesto en los Broncos, Klint estaba decidido a ser la persona que más trabajara en toda la organización.

“Siempre ha sido algo muy importante para mí”, comentó Kubiak. “Si tenía la oportunidad de trabajar para mi padre, quería asegurarme de hacerlo de la manera correcta”.

Beaty tenía una opinión tan alta de Klint que estaba dispuesto a ofrecerle el puesto de coordinador ofensivo para convencerlo de quedarse.

Sin embargo, Klint ya había tomado una decisión.

Klint pasó tres años como asistente ofensivo de los Broncos. Luego regresó a los Vikings, donde se desempeñó como entrenador de quarterbacks (2019-2020) y coordinador ofensivo (2021). Durante la única temporada en la que Kubiak estuvo a cargo de las jugadas ofensivas, Minnesota ocupó el 12.º lugar en puntos anotados (25 por partido) y el 14.º en yardas totales (362.8). Desde entonces, Kubiak ha ocupado un puesto distinto en un equipo diferente cada año, durante los últimos cinco años.

Tras dirigir la ofensiva de los New Orleans Saints en 2024 y de los Seahawks la temporada pasada, se convirtió en el 25.º entrenador en jefe en la historia de la franquicia de los Raiders.

El gerente general de los Raiders, John Spytek, trabajaba como visor nacional para los Broncos en 2015, cuando Gary estaba allí, pero se marchó antes de que llegara Klint. Ahora, al trabajar junto a Klint en Las Vegas, Spytek ha notado que padre e hijo son bastante parecidos. Klint desafía a sus jugadores y les exige responsabilidad; sus expectativas son constantes, pero también muestra autoconciencia y asume sus propios errores, tal como lo hacía su padre.

“(Klint) es muy minucioso, detallista y trabajador”, afirmó Spytek. “No tiene tiempo que perder. Las llamadas telefónicas duran unos dos minutos, y a veces te cuelgan antes de que tengas oportunidad de despedirte. Lo que valoro es que siempre es la misma persona, día tras día”.

Los jugadores y entrenadores asistentes de los Raiders han elogiado a Klint por su autenticidad y su preocupación por los demás. Klint es directo y no tolera tonterías; sin embargo, cada día deja claro que desea que todos a su alrededor alcancen su mejor versión.

El quarterback de los Raiders, Kirk Cousins, tuvo la oportunidad de jugar tanto para Klint como para Gary en Minnesota. Comentó que tanto el padre como el hijo dominan a la perfección sus sistemas de juego. Cousins ​​añadió que es fácil comunicarse con Klint y mantener conversaciones sinceras.

El ala defensiva Maxx Crosby señaló que respeta a Klint porque es capaz de “poner firme a cualquiera” —sin hacer distinciones— y no rehúye esa responsabilidad.

“Él nos va a exigir, y eso es precisamente lo que buscas en un entrenador”, aseveró Crosby. “Lo único que puedes pedir es a alguien que sea coherente, que ame el deporte y que se mantenga igual en todo momento... Por eso el vestuario lo aprecia tanto”.


A KLAY LE ATRAÍA ENSEÑAR.

Klay fue quarterback en Colorado State entre 2007 y 2010, antes de obtener una maestría en Inglés en la TCU. Aprovechó bien su formación académica, dedicándose a la enseñanza en Strake Jesuit, una escuela preparatoria para varones en Houston.

“Tuve excelentes profesores tanto en la preparatoria como en la universidad; fueron, en cierto modo, mis mentores”, expresó Klay a ESPN. “Creo que (convertirme en maestro) fue el resultado de haber tenido grandes mentores y de sentirme motivado por la materia que enseñaba”.

Klay disfrutaba acompañar el desarrollo de sus alumnos, una mentalidad que trasladó al fútbol americano. Pasó siete temporadas como entrenador en Strake Jesuit, donde, en tres de ellas, registró un balance de 24 victorias y 11 derrotas.

La pasión de Klay por entrenar fútbol americano fue creciendo, y buscaba un nuevo desafío: trabajar en la NFL. Gary contactó a Kyle Shanahan, de 46 años —quien había trabajado bajo sus órdenes en diversos puestos, incluido el de coordinador ofensivo, en los Texans—, para comentarle que Klay quería iniciarse como entrenador en la liga.

Kyle conoce a Klay desde la infancia, debido a que sus padres coincidieron en Denver.

“Me entusiasma muchísimo que haya acudido a mí; me siento muy afortunado de contar con Klay”, agregó Kyle.

En 2021, Klay fue contratado por los 49ers como entrenador de control de calidad defensivo. Al año siguiente, pasó a ser entrenador asistente de quarterbacks. En 2023, tanto él como Klint formaron parte del mismo cuerpo técnico de los Niners, cuando Klint se desempeñaba como coordinador del juego aéreo.

“Fue un año realmente especial. Quién sabe si volveremos a vivir algo así”, dijo Klay. “Crecimos mucho, tanto a nivel personal como profesional. Al recordar aquella etapa, pienso: ‘Tuve la oportunidad de pasar cada día junto a mi hermano, aprender de él y afrontar juntos el duro trabajo de toda una temporada’”.

Desde 2025, Klay ocupa el cargo de coordinador ofensivo en San Francisco, y durante el pasado receso de temporada fue considerado para puestos de entrenador en jefe. Durante la temporada baja, Klay tuvo entrevistas con los Pittsburgh Steelers y, en dos ocasiones, con Las Vegas; sin embargo, retiró su candidatura para dichos puestos con el fin de seguir trabajando junto a Kyle.

No obstante, Klay podría ser candidato a ocupar cargos de entrenador en un futuro cercano. Él ha ayudado a Kyle a llevar a los Niners a un registro de 7-1 antes del partido del domingo contra los Raiders. San Francisco cuenta con una ofensiva prolífica, situándose en tercer lugar en puntos anotados (28.14 por partido) y en octavo lugar en yardas totales (371.4).

“La experiencia que vivimos al crecer resultó sumamente valiosa para desempeñarnos en esta liga y comprender cuáles son las expectativas”, destacó Klint. “Somos afortunados de trabajar en la NFL. Independientemente del puesto que ocupes, eres uno de los 32 elegidos; es todo un privilegio”.


KLEIN SIGUIÓ UN CAMINO DISTINTO en el fútbol americano. Fue receptor abierto durante cuatro años (2010-2013) en la Universidad de Rice. Casualmente, jugó bajo las órdenes de Beaty, quien fue su coordinador ofensivo durante su primer año.

Klein se describió a sí mismo como alguien a quien le gustaba desarmar las cosas y volver a armarlas. Disfrutaba de la idea de conformar un equipo, incorporando jugadores a través de la agencia libre y el draft.

“Siempre me ha fascinado”, comentó Klein. “(Klint y Klay) son ​​de élite en lo que hacen en cuanto a la estrategia y el diseño de jugadas; yo simplemente quería forjar mi propio camino”.

En 2012, Klein realizó una pasantía en los Texans centrada en el tope salarial. Tras graduarse de Rice, se unió al personal de los Broncos en 2014 como pasante en el área de personal. Un año después, fue ascendido a asistente de personal. Su último ascenso con los Broncos fue como scout de la región suroeste, puesto que ocupó de 2016 a 2018 antes de incorporarse a la organización de los Cowboys.

Klein guarda un recuerdo muy especial de la temporada 2016 en Denver. Formó parte del departamento de ojeadores durante la etapa en la que Gary era el entrenador en jefe y Klint cumplía su primera temporada como asistente ofensivo del equipo.

“No es que estuviera en la oficina todos los días con ellos, pero el hecho de ir a la batalla juntos y compartir un objetivo común con personas que son como de la familia... eso es algo poco frecuente en cualquier sector, y especialmente en el nuestro”, afirmó Klein.


A PRINCIPIOS DE AGOSTO, Gary vivía el sueño de cualquier padre.

Estaba sentado en una oficina en San Francisco, hablando de fútbol americano con Klay y Kyle.

Días después, Gary se encontraba en Las Vegas, donde vio a su hijo mayor, Klint, dirigir su primer campamento de entrenamiento como entrenador de los Raiders.

“Que mis hijos estén involucrados en el fútbol americano en este momento es interesante, porque me da la oportunidad de conectar con sus carreras”, declaró Gary. “Sentarme allí, con un iPad en la mano, observar el entrenamiento (de los Raiders) y conversar con (Klint) es algo realmente genial para mí”.

Klint habla con Gary todos los días. Él describe su relación como única, ya que cuenta con Gary como un recurso valioso mientras atraviesa su primera temporada en un nuevo rol. Klint añade que Gary le ofrece un “amor exigente” y le dice la verdad, incluso cuando no es algo que él quiera escuchar.

Gary solía decir que ser entrenador era como cumplir una condena de seis meses de cárcel cada año, debido al tiempo que pasaba lejos de casa.

Por eso, el tiempo que él y Klint trabajaron juntos como entrenadores en Denver y Minnesota fue tan significativo. Gary fue entrenador asistente en jefe de los Vikings entre 2019 y 2020, mientras que Klint se desempeñaba como entrenador de quarterbacks. En 2020, Gary también ocupó el cargo de coordinador ofensivo del equipo, antes de retirarse en enero de 2021 tras 29 años de carrera como entrenador. La temporada siguiente, Klint asumió ese mismo puesto.

Gary reconoce que la responsabilidad de ser entrenador en jefe era sumamente intensa. Sin embargo, sentía algo especial cada vez que dirigía las reuniones del equipo y veía a Klint sentado junto al resto de los entrenadores.

“Estás hablándole a 30 personas en una sala sobre cómo van a ejecutar algo, y de repente miras hacia un rincón y ves a tu hijo sentado allí, mirándote fijamente”, relató Gary. “Como padre, eso representaba una enorme responsabilidad; algo que nunca me tomé a la ligera”.

Los días que Klint y sus hermanos pasaban en el campamento de entrenamiento de los Broncos durante su infancia les permitieron fortalecer su vínculo con Gary, en medio de la exigente rutina diaria del fútbol americano.

Klint recordaba haber sido recogepelotas durante los entrenamientos, colocar el balón antes de las jugadas de “7 contra 7” y escuchar a los jugadores comunicarse cuando se reunían en el campo. A Klint le encantaba ir al hotel Inverness en Englewood, Colorado —donde se alojaba el equipo— y nadar en la piscina los sábados por la noche para pasar tiempo de calidad con Gary. Klint disfrutaba recorriendo el vestuario, fascinado por la presencia de Elway, Terrell Davis, Rod Smith y, sobre todo, el excentro de los Broncos, Tom Nalen, su héroe de la infancia.

“Ves cómo trabajan los grandes jugadores cada día”, dijo Klint. “No solo eso; estar cerca de Mike Shanahan y observar cómo dirigía una organización... son cosas que se te pegan. [...] Eso influye mucho en mí hoy en día”.

Klint explicó que una de las lecciones más importantes que aprendió de su padre fue la de ser uno mismo, independientemente del cargo que se ocupe. Según Klint, Gary era exactamente la misma persona que él veía en casa con sus hermanos.

Al observar a su padre trabajar, Klint aprendió que podía ser un líder sin necesidad de cambiar su personalidad, la cual se caracteriza por ser estable, tranquila y sencilla. Además, Gary hacía hincapié en que sus hijos debían dedicarse a entrenar por las razones correctas.

“No querrías que lo primero que digan sea: ‘Oye, aquel tipo me trató mal’”, señaló manifestó. “Lo primero que deberían decir es: ‘Mejoré como entrenador trabajando para esa persona y me acerqué más a mi familia’. Y eso es precisamente lo que la gente decía sobre mi padre”.

El reportero de ESPN, Nick Wagoner, contribuyó a este artículo.