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Anatomía de los 20 años de dominio de Crusaders

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2017: el día en el que Crusaders volvió a dominar el mundo (1:50)

En Johannesburgo, los neozelandeses se impusieron 25-17 ante Lions, celebraron su octavo título (no lo hacían desde 2008) y, a partir de ahí, gritaron siempre campeón. (1:50)

Es casi imposible imaginar cómo fue que los Crusaders terminaron últimos en la tabla de posiciones. Pero eso fue exactamente lo que sucedió en la primera temporada del Super Rugby, en 1996.

Para una franquicia que desde entonces ha logrado posicionarse como una de las marcas más emblemáticas, con éxitos a la altura de cualquier club deportivo del planeta, el fracaso simplemente no parece tener lugar en su declaración de principios.

Pero mucho antes de conquistar su octavo título en el Super Rugby, en 2017, los Crusaders tuvieron su buena cuota de derrotas. En su segunda campaña lograron cinco triunfos y terminaron sextos.

Y luego algo cambió.

En 1998 llegó a la franquicia un jugador que se convertiría en capitán de los Crusaders y los All Blacks, Reuben Thorne, y esa temporada fue el principio de lo que se convertiría en una de las épocas más dominantes en la historia del deporte.

"En el '98 en realidad nos fue bastante bien porque el equipo de rugby de Canterbury, que formó la base de los Crusaders, acababa de ganar [el National Provincial Championship de 1997] por primera vez en no sé cuántos años ... y superamos al equipo de Auckland dos veces ese año", le cuenta Thorne a ESPN.

"Así que eso les dio a los muchachos mucha fe en lo que estábamos haciendo y en los sistemas que estábamos usando, y quisimos aprovechar eso como una plataforma de lanzamiento en el Super Rugby. Y aunque no arrancamos de la mejor manera en el '98 --creo que después de cuatro rondas volvimos a estar últimos-- en el fondo sabíamos que éramos capaces de vencer a esos equipos porque lo habíamos hecho en el Provincial Championship. Así que de alguna manera ese fue el puntapié para nosotros, nos dio confianza".

Más adelante ese año, los Crusaders superaron a los Blues en el Eden Park de Auckland en el partido decisivo del Super 12 para llevarse el primero de tres títulos consecutivos. Sin embargo, muchas veces se pasa por alto el hecho de que ganaron los tres fuera de casa. Completaron su triplete histórico con triunfos sobre los Highlanders y los Brumbies en Dunedin y Canberra, respectivamente.

Aun así, resulta difícil imaginar que algún equipo profesional actual, de cualquier deporte, pueda alcanzar el éxito que tuvo Crusaders durante la siguiente década. Sí, tuvieron jugadores de la talla de Marshall, Mehrtens, Maxwell, Sommerville y Blackadder; y luego McCaw, Carter, Thorn y Mauger. Pero se necesita cierto ambiente para que los jugadores puedan destapar todo su potencial, más allá de la magnitud de sus habilidades individuales.

Para que un equipo tenga éxito, para que pueda alcanzar la altura que alcanzó Crusaders, debe tener determinada cultura. Para la franquicia de la mitad superior de la Isla Sur de Nueva Zelanda, que el sábado irá en busca de su noveno título contra los Lions, esa ética fue promovida por Wayne Smith.

Smith es un icono del rugby neozelandés. Fue apertura de los All Blacks y luego se convirtió en entrenador. Pero fue como asistente de Graham Henry y Steve Hansen que logró sus grandes éxitos, como las Copas Mundiales consecutivas conquistadas en 2011 y 2015.

"Él [Smith] fue fantástico, yo era chico cuando entré y se hablaba mucho de los valores y de la cultura que queríamos crear", le cuenta Thorne a ESPN sobre sus vivencias con Smith en Crusaders. "Smithy usaba muchas imágenes y lenguaje emotivo para ayudar a construir el carácter, los valores y ese tipo de cosas, e hicimos mucho énfasis en eso.

"Así que creo que eso fue realmente bueno para construir los cimientos del equipo y definir la manera en que queríamos comportarnos y tratarnos entre nosotros. De esta manera se formaron lazos fuertes entre los jugadores, y cuando te encuentras en partidos difíciles, en situaciones difíciles, esas pequeñas cosas que quizás desde afuera pueden parecer un poco cursi, tenían mucho significado para los jugadores que ayudaron a crearlas. Así que creo que eso también fue muy importante para nosotros".

Thorne cree que Smith fue un precursor en su forma de encarar el rugby. Aunque en su ciclo como entrenador de los All Blacks, entre 2000 y 2001, no pudo recuperar la Copa Bledisloe de Australia, como asistente de Henry y luego de Hansen, Smith fue una pieza clave en la recuperación de Nueva Zelanda tras su derrota ante Francia en los cuartos de final del Mundial 2007.

En el año 2000, Smith dejó el equipo para sumarse a los All Blacks y Robbie Deans asumió como entrenador de Crusaders para conducir a los campeones reinantes a un dramático triunfo en el partido decisivo de la temporada. Dos años más tarde se fue el capitán Todd Blackadder y Thorne heredó la responsabilidad de mantener los estándares que había establecido el segunda línea, y de cumplir con las expectativas que venían aparejadas con sus tres títulos en cuatro años.

Y continuaron con una campaña perfecta en el Super 12.

Conquistaron triunfos visitantes en Hamilton, Brisbane, Durban, Johannesburgo y Wellington antes de batir toda clase de récords en la inolvidable paliza que les dieron a los Waratahs en el último partido de la temporada regular.

"Fue increíble, porque a pesar de que habíamos ganado muchos partidos, muchos de ellos habían sido muy parejos, muchos se definieron por menos de siete puntos", dice Thorne. "Pero estábamos en un buen lugar. Los chicos estaban muy conectados y jugamos un muy buen rugby, marcamos muchos puntos. En ese momento pensábamos que el rival iba a anotar, que eso era inevitable, pero eso no importaba si nosotros anotábamos más que ellos.

"Así que hubo muchos partidos con muchos puntos y jugamos un rugby muy abierto y fluido ese año, y supongo que alcanzamos nuestro pico en el último partido de la etapa de todos contra todos contra Waratahs, y ganamos 96-19. Nos salió todo. Si miras atrás, fue una temporada increíble".

Si bien los Crusaders fueron superados en dos finales consecutivas en 2003 y 2004, se recuperaron para conquistar más títulos en 2005 y 2006, y nuevamente en 2008. Esos triunfos fueron construidos en torno a figuras como Richie McCaw, quien heredó la capitanía de Thorne, y Dan Carter bajo la atenta mirada de Deans.

Nueve años más tarde, los Crusaders seguían en busca del esquivo título número ocho. Triple campeón como jugador, Blackadder no había logrado alcanzar el trofeo como entrenador con dos derrotas en la final, en Brisbane y Sídney. Pero esto no opacó su trayectoria, sobre todo si tenemos en cuenta que llevó a los Crusaders a la final de 2011 luego del terrible terremoto de Christchurch que dejó un saldo de 185 muertos. La ciudad estaba muy golpeada, y los Crusaders al menos pudieron ofrecer un pequeñísimo respiro al haber estado a minutos de ganar la final, algo impensable seis meses antes.

Mientras que Blackadder ha estado a cargo, otro ex jugador de los Crusaders ha estado haciendo lo suyo en el fondo. Scott Robertson, un personaje con un carácter completamente opuesto apodado "Razor", se hizo cargo antes de la temporada 2017 de Super Rugby. Para agosto de ese año, la espera de los Crusaders había terminado, después de una sequía de nueve años lograron su elusivo octavo título.

Un back-rower veloz tanto para los Crusaders como para los All Blacks, Robertson dejó una marca de inmediato en la franquicia cuando regresó como entrenador, sus habilidades y su visión como mentor se perfeccionaron primero en Canterbury y luego en el menores de 20 de Nueva Zelanda.

"Siempre ha sido un personaje. Siempre ha tenido una personalidad imponente con mucha energía", Thorne comenta acerca de Robertson. "Pero siempre fue un jugador de calidad. Era duro, muy pero muy físico y cuando jugó de No. 8 en 2003 con los All Blacks, fue uno de nuestros mejores jugadores ese año. Se encontraba en un estado físico fantástico. Muy físico, con buena velocidad y, obviamente, como se puede ver en su función de entrenador, muy inteligente para leer el juego. Admiraba a Razor por la manera en la que jugaba y la manera en la que encaraba el juego.

"Hay que respetar el camino que recorrió Razor. Cuando llegó después de pasar tiempo en el extranjero, pasó casi todo su tiempo libre colaborando como voluntario en Canterbury Rugby; entregándoles su tiempo sin nada a cambio, estuvo en ese ambiente aprendiendo y creciendo, transmitiendo todas sus ideas cuando Rob Penny estaba entrenando a todos esos muchachos. Y realmente se abrió camino hacia ese rol con los Crusaders, trabajó duro hacia su objetivo. Puso toda su energía en el rugby de clubes y se encargó de los juveniles hasta el menores de 20. Por lo que no es que haya salido de la nada. Dedicó su tiempo y energía para ser un buen entrenador, y cuando mezclas eso con su gran personalidad, resulta ser una muy buena combinación".

El éxito de Robinson es testimonio de que todo tipo de personalidad puede florecer dentro de la organización de los Crusaders. No hay dos jugadores o entrenadores iguales, y nadie puede acortar camino si pretende llegar a los niveles más altos, sin importar lo mucho que haya estado involucrado con anterioridad en la región.

Hay otros factores detrás de ese sorprendente éxito también. Por ejemplo, el sistema de academias que parece haber saltado por encima de sus rivales neozelandeses, a pesar de estar todos dentro de la órbita de NZ Rugby.

Los Crusaders salen de una competición de colegios que es muy reñida, y además el torneo Auckland's 1A se ha convertido en un gran foco de atención. Thorne está involucrado en el programa intercolegial como entrenador de Christ del College First XV, pudiendo estar atento a los jugadores con potencial de poder usar la camiseta roja y negra de Canterbury algún día -- donde se sumará como entrenador asistente más tarde este año – o los Crusaders.

"Por el momento es muy fuerte. Hay muy buenas rivalidades. Tenemos suerte en Christchurch. Hay unos cuantos colegios fuertes que tienen buenos programas de rugby y jugamos en lo que denominamos la región Crusader, la parte superior de la mitad de la Isla del Sur – los equipos First XV del tier 1 juegan en esa competición desde Nelson y Blenheim hasta Timaru.

"Y esa es una competencia realmente fuerte. Algunos jugadores de calidad han salido de esa competencia. Los seleccionan y entrar en los programas académicos, ese es el camino a recorrer si es que pretenden seguir una carrera en el rugby. Todo está bien preparado para ellos".

Por supuesto, hay oportunidades limitadas para entrenar en Canterbury y a los Crusaders, lo que significa que algunos ex jugadores han tenido que buscar en otros lados sus oportunidades. Solo en esta temporada, por ejemplo, Aaron Mauger y Daryl Gibson estuvieron con los Highlanders y los Waratahs respectivamente, cada uno llevando a sus equipos a los playoffs de Super Rugby.

Pero el hecho es que los jugadores siempre quieren regresar y colaborar con los Crusaders en el nivel de entrenadores, y eso en sí mismo dice algo acerca de lo que la franquicia ha construido a lo largo de los últimos 20 años.

"Para mí es muy importante que los muchachos que estuvieron aquí como jugadores se hayan sentido inspirados por sus experiencias para devolver algo de lo que han recibido", dice Thorne. "Se sintieron inspirados por los entrenadores que tuvieron y quieren devolver algo de eso para mantener vivo el legado y contribuir con su equipo de alguna manera.

"Es algo muy positivo que dice mucho sobre el programa, que haya tantos jugadores de esa era; muchos de ellos trabajaron con Wayne Smith, Robbie Deans y Steve Hansen por lo que dice mucho sobre sus habilidades como entrenadores para inspirar a los demás y el hecho de que los jugadores que ellos dirigieron ahora son entrenadores pasando sus conocimientos a las generaciones que siguen. Eso dice mucho de Smith, Deans y Hansen".

En medio del dominio de los Crusaders durante los últimos dos años – sólo han perdido tres partidos desde que Robertson tomó el mando – y su éxito inigualable a lo largo de toda la competencia, aún queda por trabajo por hacer este sábado.

La final de Super Rugby contra los Lions parece ser una conclusión predestinada teniendo en cuenta lo bien que han estado jugando los Crusaders – una racha de 14 victorias en fila – y el hecho de que el equipo sudafricano haya tenido que viajar hasta el otro lado del planeta esta semana. Thorne está de acuerdo, pero mantiene la cautela.

"Creo que los Crusaders van a ganar", dice Thorne. "Por la manera en la que han estado jugando y su precisión, están haciendo un juego impresionante. Pero los Lions serán unos rivales duros. Ya lo han demostrado ante los Waratahs. Estaban abajo y siguieron peleando hasta que lograron recuperarse. Su estilo es difícil de contrarrestar. Por momentos son un poco desordenados y un tanto frenéticos, pero eso funciona para ellos, es una estrategia que les resulta efectiva.

"Tienen mucha potencia en la delantera, los forwards son fuertes, será una verdadera batalla. Pero creo que los Crusaders serán demasiado precisos para ellos, demasiado clínicos y además tienen más experiencia en estas instancias”.

No siempre ha sido así, como las temporadas 1996 y 1997 en Christchurch lo atestiguan.

Pero lo cierto es que una vez que los cimientos de la cultura, el compromiso y el desarrollo están en su lugar, y se mantienen con el paso del tiempo, no hay límites para lo que puedas lograr. La organización de los Crusaders ha sido así desde 1998 y continúa reflejando su calidad.