MÉXICO -- El deporte extremo exige la perfección a cada momento. Requiere suerte y tenacidad, pero también una interminable adicción a las emociones fuertes, que premian y condenan por igual, siempre con un centímetro o un segundo como detonantes entre la más grande proeza y accidentes lamentables.
Down Puerto Vallarta marcó un legado por ambas vías: Dejó en claro que el Downhill Urbano puede ser el mayor espectáculo para miles de jalicienses, pero también un arduo reto para riders profesionales, amantes de la adrenalina y el peligro ofrecido por los caminos más sinuosos.
Esta disciplina combina la velocidad con la precisión, comunión casi dispar en la teoría, pero llevada a la práctica con maestría por audaces competidores, que van desde los 16 hasta los casi 30 años, edad perfecta para imponer condiciones entre estrechos callejones, rampas, rocas, terracería y todo, a una velocidad rafagueante.
En la costa de Jalisco el recorrido fue ejemplar: El trazo arrancó desde el mirador del Cerro de la Cruz hasta el afamado Malecón, que por un par de tardes reemplazó la fiesta, la música y el baile por una bruma de nerviosismo y éxtasis, dos elementos que se apoderaron de la Calle Aldama, con la mejor vista posible para más de 20 mil aficionados.
Nada fue sencillo: Imposible relajarse ante un reloj que contempla cada centésima de segundo, en el que se debe descender por un camino apenas visible entre arbustos y hierba, para luego cruzar frente a pasadizos irregulares y al final, aparecer ante tres rampas y una multitud enardecida, insaciable de piruetas y bicicletas voladoras.
Todos los retos fueron resueltos en sólo 01:27.77 minutos por Tomas Slavik, competidor checo de 29 años de edad y multicampeón internacional, quien incluso definió el circuito recién construido como uno de los más duros a los que se ha enfrentado a lo largo de su trayectoria, percepción similar a la de Adrien Loron, el incansable 'Gitano' francés de 25 años.
"Cada uno lo maneja como quiere, pero la pista es muy peligrosa, hay muchos riesgos, muchas cosas para dañarse y caer, creo que la fiesta viene después de la carrera. Algunos salen y lo toman más como vacaciones, pero personalmente sé que es algo muy especial y hay que estar bien concentrado en la carrera", explica con mesura, consciente de cada riesgo.
Y así, ataviado en un traje rojo con su apellido en la espalda, fue testigo de la caída más estrepitosa en dos días de acción: En su segunda ronda de clasificación, el austriaco Franz Grossman estrelló su frente con un balcón y cayó sobre una zona de escaleras. El diagnóstico fue una conmoción cerebral que fue tratada de inmediato y de la cual ya presenta mejorías.
Farid Andonie y Ricardo Peredo fueron otros dos de los riders lesionados en el circuito, aunque sus padecimientos fueron de menor gravedad en relación al choque de su compañero, quien se recupera en Puerto Vallarta en compañía de sus familiares. Un rider nunca deja solo a otro rider y así lo demostró el mismo Loron, quien detuvo su ágil descenso para observar y auxiliar a su colega hasta que la situación lo permitió y hasta entonces, más de 20 minutos después, cruzó la línea de meta.
"Fue realmente un accidente, ocurrió en una de las secciones más completas de la pista. El camino estaba muy bien preparado y tan seguro como era posible", explicó Slavik, ganador del certamen, a través de un comunicado en su página web oficial. Aún para los más experimentados el riesgo es inminente y las consecuencias resultan naturales; incluso bajo las condiciones más controladas es necesaria una dosis de acción que cumpla con las expectativas de todos los atletas.
Sobre las bicicletas o sin ellas, cada uno de los hombres que se dedican a este deporte suelen dejarlo todo cada que la situación les invita. Lo mismo saltan desde un navío hacia el mar mexicano, que se sobreponen a las sacudidas causadas por un error de cálculo entre rampa y recibidor; las cicatrices en su cuerpo resguardan recuerdos y aprendizajes, a veces a costa de huesos rotos o el polvo que deben tragar en sus visitas al suelo.
Antonio Cantú, ingeniero y alguna vez piloto de motocross, es el claro ejemplo de una pasión que se hereda de piel a sangre: Sus hijos Boris y Nicolás incursionaron en el deporte extremo desde edad temprana, el mayor en el deporte motor y el menor en toda disciplina relacionada a las dos ruedas, incluido el downhill, que le trajo hasta Down Puerto Vallarta con tiempo de 1:40.12 minutos.
"Han tenido accidentes bastante fuertes, creo que eso los incita a más. No sé, pero se emocionan y siempre están al pendiente de alimentarse bien, de tener buena salud, de prepararse para las carreras, los eventos y todo eso es importante", explica el señor Cantú respecto a la rutina necesaria para convertirse en un temerario de las pistas, una legión internacional que desconoce el miedo.
La muestra irrefutable la ponen hombres como Antoine Bizet, competidor galo capaz de todo con tal de arrancar el alarido del público: Su rutina ganadora incluyó un par de frontflips y backflips de aterrizaje perfecto, que bastaron para ganar un premio de casi 80 mil pesos mexicanos y una nueva oleada de fans en el estado de Jalisco, que también supo reconocer a maniacos sin corona, como Wil White, dueño de una melena rubia y cero temor en sus intrépidos vuelos.
El joven californiano fue el amo del 'Can-Can' y de un par de 'Superman', dignos de las palmas de un público con sus primeros acercamientos a un deporte que desgañita gargantas gracias a proezas infinitas e impensadas, cortesía de DJ Brandt, Reed Boggs, Ray Fournier y un séquito de más de 30 atletas, quienes semana a semana recorren el mundo contagiados por una misma pasión y profesión, que tarde o temprano volverá a México y con suerte, al 'paraíso' de Puerto Vallarta, hogar soñado de trucos, adrenalina, mar y arena.
