RANCAGUA, CHILE -- El nombre atrae: Pinche Taquería, especialmente en un entorno chileno, donde ni una ni otra palabra significan nada.
Pero, para un nómada reportero mexicano significa oasis en Rancagua, horas antes de que México se enfrente a Ecuador, especialmente si el local se encuentra a dos cuadras del Estadio El Teniente, sede del juego.
Y claro, dentro, entre el menú chileno, están los tacos. “Nuestros pinches tacos”, dice Soledad Bravo, mexicana, oriunda de Guanajuato, cocinera y con la receta secreta de una salsa roja, espesa, intensa, bien condimentada.
Tortillas de harina arropan la carne asada o las carnitas, con cebolla, sin cilantro, pero además fruta en vinagre incluyendo jalapeños. Tres tacos por mil pesos chilenos, alrededor de un dólar y centavos, o 22 pesos mexicanos. Armando Neria, compañero de plataforma en ESPN, devoró cinco de ellos, con la avidez de Arturo Vidal en un casino chileno.
El nombre tiene una explicación: “Decidimos llamarle Pinche Taquería porque estábamos teniendo tantos problemas para echarla a andar que yo ya decía que iba a ser imposible montar esa pinche taquería que queríamos”, explica Soledad, oriunda de Guanajuato, educada en Tamaulipas y que en la Ciudad de México conoció a Christian Ríos.
Christian fue de vacaciones a México, se paseó por Los Mochis, Mazatlán, pero llegó al Distrito Federal, donde Soledad tenía una cenaduría.
Vivieron cinco años en México, hasta que decidieron ser pioneros gastronómicos con esta Pinche Taquería, que le robó el nombre a las circunstancias.
El menú se complementa con platillos chilenos, especialmente los Completos, que son de hecho una comida completa.
“Vamos a regresar a México de vacaciones en diciembre, para estar con la familia”, comenta Soledad, mientras una estudiante chilena observa curiosa la especialidad de la casa, esos tacos de maciza, que en la mezcla de colores llaman la atención.
En esta Copa América, los primeros en asaltar y agotar las existencias de la Pinche Taquería, fueron los colombianos, que antes del juego ante Venezuela alimentaron sus ilusiones, y después del juego, se reconfortaron bajo el dicho aquel, de que “las penas, con tacos, son buenas”.
