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¿Por qué Zlatan, Messi y Ronaldo continúan desafiando la edad y el tiempo?

MÉXICO - Es difícil recordar la última ocasión en la cual los servicios de un delantero de 38 años que regresa de Estados Unidos es disputado por clubes serios en Europa. Es cierto que Zlatan Ibrahimovic es alguien especial, aunque también forma parte de una tendencia. Los flamantes ganadores de los premios Balón de Oro, Lionel Messi y Megan Rapinoe tienen 32 y 34 años, respectivamente. Cristiano Ronaldo cumplirá 35 en febrero próximo. Tampoco se trata de excepciones fenomenales: la tendencia a la madurez dentro del fútbol es amplia y resuena también en otros deportes. Parece que, a pesar de que este deporte se ha hecho cada vez más exigente (los jugadores hacen más sprints y cubren mayor terreno en comparación con lo visto hace un decenio), las carreras de los futbolistas se están alargando. ¿Qué está sucediendo?

“Los atletas de élite se están haciendo mayores”, concluye el científico del deporte Carlos Lago Peñas, de la Universidad de Vigo, en un informe para el Barça Innovation Hub, ala de desarrollo deportivo del club de Messi. Lago Peñas cita un informe que escribió con sus colegas de la Universidad de Vigo (cuyo autor principal fue Anton Kalén), el cual demuestra que la edad promedio de los jugadores en la Champions League se elevó de 29.4 años en la temporada 1992-93 a 26.5 en el torneo anterior. Un ascenso de 1.6 años es mayor de lo que podría parecer en teoría, considerando que la edad promedio de casi todos los equipos líderes se mantiene en una brecha cerrada, entre 23 y 29 años.

En el tenis, la edad promedio del Top 100 entre los jugadores masculinos también ha ascendido en una década, de 26.2 a 27.9, la cifra más alta de todos los tiempos. Los tres tenistas masculinos en la cima del ranking son Rafael Nadal (33), Novak Djokovic (32) y Roger Federer (38), mientras que Serena Williams, de 38 años, sigue siendo considerada con argumentos la mejor tenista femenina. Los autores de la Universidad de Vigo dijeron que estudios efectuados a beisbolistas y triatletas también sugieren “un incremento pronunciado en la edad de la cúspide del desempeño físico de los atletas de élite durante las dos últimas décadas”.

En parte, las carreras de los deportistas de élite se han extendido debido a que las normas del estrellato deportivo han cambiado. Los grandes futbolistas solían vivir como estrellas de rock. No ganaban cuantiosas fortunas, esperando retirarse al cumplir 30 años y, en consecuencia, vivían de forma dispendiosa. Las tentaciones del estrellato eran magníficas; sucumbir era prácticamente la idea. Ferenc Puskas, durante la década de 1950, tenía sobrepeso; en los 60, George Best fue alcohólico y Johan Cruyff, el futbolista dominante de los años 70, era conocido por su adicción al tabaco. En los 80, Diego Armando Maradona tenía sobrepeso y lidiaba con su adicción a la cocaína, mientras que Ronaldinho disfrutaba tanto de la vida nocturna que el Barcelona lo vendió en 2008, en parte debido a sus preocupaciones de que el brasileño fuera una mala influencia para Messi, su joven compañero que lo veía como un ídolo.

En el pasado, también las estrellas eran objeto de patadas en su contra... muchas patadas. En 1966, Pelé salió del Mundial de Inglaterra cojeando. En 1983, el tobillo de Maradona fue estrujado por el zaguero vasco Andoni Goikoetxea, quien era conocido como “El Carnicero de Bilbao”. Marco van Basten salió cojeando de un partido a sus 28 años en 1992 y pudo jugar muy pocos minutos desde entonces. La atención médica consistía frecuentemente de un “fisio” (quien típicamente era un jugador retirado) que frotaba su “esponja mágica” sobre la lesión. Las operaciones eran relativamente primitivas; por ende, una pierna fracturada era casi siempre una sentencia del final de una carrera.

La extensión y transformación del tiempo de una estrella en la cima del deporte se ha debido, en gran medida, a la televisión y después a los avances científicos. En los años 90, los magnates de la comunicación Rupert Murdoch y Silvio Berlusconi pusieron en marcha canales de televisión privados por suscripción que giran en torno al fútbol en el Reino Unido (Sky) e Italia (Mediaset). Ahora que las estrellas del balompié se habían convertido en contenido de televisión, necesitaban de protección con el fin de mantener el producto entretenido. Las autoridades del fútbol comenzaron a sentenciar las faltas con mayor rigor, prohibiendo el quite de espaldas. Durante la mayor parte de su carrera, Messi en particular se ha acreditado tiros libres casi en todas las ocasiones que es tocado por un rival.

Los grandes clubes también hicieron nuevos pactos con jugadores estrellas: les pagaremos grandes fortunas para que vivan como todo un profesional. Ibrahimovic dijo en una oportunidad que, si se contaba con su talento, el éxito es una opción: simplemente hay que decidirse trabajar por él. Cada vez más, las estrellas deciden hacerlo y los departamentos médicos de las distintas organizaciones deportivas han mejorado sustancialmente sus cuidados.

Hace casi un decenio, Ryan Giggs, Javier Zanetti y Paolo Maldini jugaron hasta cumplir 40 años. El líder en trabajos para el bienestar de los futbolistas en esa época era el “Milan Lab” de Italia. “Si puedes predecir la posibilidad de incurrir en una lesión”, me dijo Jean Pierre Meersseman, director del laboratorio del AC Milán en 2008, “uno detiene con anterioridad al jugador”. El laboratorio recopiló millones de puntos de datos de cada jugador en computadoras. Meersseman alardeaba: “La extensión de lesiones no traumáticas se ha reducido aproximadamente en un 90 por ciento, en comparación con los cinco años anteriores”. Agregó que la edad máxima posible para la carrera de un futbolista de alto nivel se ha elevado a “aproximadamente 40 años. Solía ser 34 en la mayoría de los casos.

Desde entonces, los jugadores se han hecho cada vez más saludables. En algunos casos, como por ejemplo Jermain Defoe, Chris Smalling y Héctor Bellerín, se han hecho veganos. Los futbolistas reciben entrenamiento individualizado y utilizan dispositivos con GPS que recopilan estadísticas regulares con respecto a su promedio de trabajo. Se someten a pruebas diarias de saliva para medir su condición física y llenan cuestionarios para evaluar la calidad del sueño de cada noche.

Todos esos avances tecnológicos han ayudado a Messi y a Cristiano Ronaldo a dominar su deporte por un lapso mucho mayor al de otros grandes de la historia del balompié. El argentino ahora cuenta con seis Balones de Oro, Ronaldo con cinco; antes de ellos, el récord individual era de tres. El único intruso en la hegemonía de ambas figuras en el decenio reciente fue Luka Modric, quien se alzó con el palmarés en 2018, cuando tenía 33. Ningún jugador de la actualidad con edad inferior a 32 años ha ganado este premio.

Como es obvio, los futbolistas de hoy siguen experimentando declive físico. Lago Peñas cita un estudio efectuado a diversos jugadores de la Bundesliga: Después de los 30 años, su cantidad de sprints (definidos como aquellas carreras con velocidad superior a los 6.3 metros por segundo, mantenidas al menos por un segundo) fue 21 por ciento menor al de los jóvenes jugadores. Messi, quien era en su juventud un gran recuperador del balón, ahora les deja esa labor a otros: la labor de Arturo Vidal en el Barça es la de servir, esencialmente, como las piernas de Messi. Con un jugador fungiendo de espectador cuando el otro equipo tiene el balón, el Barcelona solo puede jugar en pocas ocasiones con su característico estilo de presión.

Existe otra ventaja de mantener a los jugadores activos por mayor tiempo: en el caso de equipos grandes y pequeños, los futbolistas veteranos y saludables pueden ser la combinación perfecta de mentes maduras y piernas no tan viejas. La toma de decisiones y la inteligencia futbolística parecen mejorar con la edad, escribe Lago Peñas: “El porcentaje de pases exitosos oscila entre un 3 y 5 por ciento mayor para los jugadores mayores de 30 años, en comparación con sus colegas con edades entre 16 y 29 años”.

El matemático David Sumpter, autor del libro “Soccermatics”, ha analizado el extraordinario “razonamiento espacial” de Messi. Con frecuencia, el argentino corre apenas entre 4 o 5 kilómetros por partido, pero cada paso suyo cuenta. Típicamente, Messi busca llegar a un sitio en particular: ese espacio fuera del semicírculo en la punta del área contraria, el lugar de “mayor valor” sobre la cancha. Con frecuencia, éste simplemente caminará hasta allá. Cuando corre, sus compañeros del Barça saben que su primera carrera es un señuelo con la intención de engañar a sus oponentes. Posteriormente, hará una pausa e iniciará una segunda carrera hasta el sitio donde realmente desea estar. Solo entonces, uno de sus compañeros le pasará el balón.

Como alternativa, Messi correrá y se detendrá (de una forma tan rápida que el rival que le marca seguirá por uno o dos pasos más, producto de la inercia) exactamente en el sitio de su objetivo y allí recibirá la posesión del balón. Con una frecuencia asombrosa, el mejor futbolista del mundo recibe el balón sin una marcación en su contra y (gracias a un sentido de los tiempos digno de mérito) mientras su rival más cercano se aleja. Su toma de decisiones compensa una aceleración en declive.

Los tenistas también tienden a mejorar su razonamiento espacial y anticipación con la edad. Federer me dijo este año: “A los 20 años, tienes un gran punto y tu dices: ‘En esta ocasión voy a darle tan duro a la pelota que terminaré haciendo un hueco en la cancha’. A los 37, piensas: ‘Hmmm… probablemente le daré primero por allí, hacer una maniobra para mover a rival y de alguna forma, conseguir acercarme a la red para terminar con una bonita volea’”.

Eventualmente, el desempeño físico de todos terminará decayendo. Tal como me expresó el gerente general de un club deportivo, los atletas son similares a “cubitos de hielo”. Todos se están derritiendo y sus respectivos equipos intentarán desprenderse de ellos antes de que solo quede un charco. El proceso de desgaste podría estar comenzando a afectar a Cristiano, quien (con la exclusión de los penales) ha anotado apenas 12 goles en 20 compromisos entre Serie A y Champions League en la presente temporada (una baja producción, para sus exigentes estándares) aunque eso se debe en parte a que el nuevo estilo del ataque de la Juventus bajo las ordenes de su flamante DT Maurizio Sarri, limita las oportunidades para que el portugués desate sus amados contraataques.

Podríamos ver más excelencia ocasional en los futuros de Cristiano y Messi. El pasado 2 de diciembre, cuando el argentino se alzó con su más reciente Balón de Oro, éste se mostró optimista con respecto al porvenir: “Me siento mejor que nunca a nivel físico y personal. Ojalá pueda extender mi carrera mucho por mucho más tiempo”. Probablemente, lo logrará.