MOSCÚ -- Aquí vamos otra vez. Bienvenidos al evento deportivo cuadrienal más comentado del mundo, conocido como la Copa Mundial.
Como espectáculo deportivo y de entretenimiento, no hay nada que se le acerque. El Mundial nos une a través de los continentes y de las culturas. Forma parte de nuestro ADN colectivo, de nuestro patrimonio, aunque apoyemos a diferentes países.
No hace falta tener determinada edad para haber visto el gol de Carlos Alberto que coronó una jugada histórica de Brasil en la final de 1970, o el salto de Maradona para convertir con la mano de Dios contra Peter Shilton en 1986, o el cabezazo que Zinedine Zidane clavó en el pecho de Marco Materazzi en 2006. Probablemente sabes que sucedió, y probablemente sabes lo que significó.
Esa es la magia de la Copa Mundial. Lejos de ser un monolito, ha evolucionado con nosotros, lo que podría explicar por qué ha transitado a nuestro lado a través de las épocas, abandonándonos solamente cuando nos embarcamos en la locura de una guerra mundial. Y sigue haciéndolo. Cada torneo forma parte del mismo hilo narrativo, pero también es único por derecho propio, como una cadena cuyos eslabones varían en tamaño, forma y color.
Este año el eslabón volverá a cambiar --y será un presagio de los cambios que se avecinan-- a tal punto que la Copa Mundial, como la conocemos, nunca volverá a ser igual.
Será la primera detrás de lo que solíamos llamar la Cortina de Hierro, con una nación anfitriona, Rusia, que pasó gran parte de su historia proporcionando una narrativa alternativa al modelo occidental antes de, podríamos decir, capitular (al menos de algunas formas). Un país que durante la última década ha sido marcado por la sangre y la represión como pocos otros pero que ha sido celebrado de igual manera por su creatividad, orgullo, y por sus logros científicos, artísticos y culturales.
Rusia 2018 también será la penúltima versión con 32 equipos – o, posiblemente, si algunos dentro de la FIFA consiguen el apoyo necesario, la última –antes de que el torneo se expanda a 48 equipos, sumando así a casi un cuarto de las naciones que juegan al fútbol a nivel global. Esta Copa del Mundo también será la última en el verano del hemisferio norte al menos hasta 2026, ya que Qatar 2022 se meterá en medio del calendario europeo.
Será la primera Copa del Mundo de la FIFA de Gianni Infantino después de casi cuatro décadas de contar con Sepp Blatter al mando o manejando las riendas desde la Secretaría General. Infantino ha prometido transparencia, poner final a la corrupción y enviar más dinero (con las cuentas más claras) a las federaciones... todo con el objetivo de reestablecer la credibilidad en una organización que se ha convertido en algo tóxico para los sponsors y los fanáticos.
La historia juzgará más adelante si es que ha podido cumplir con todas esas promesas. Mientras tanto, vale la pena recordar que si estamos en Rusia – y que si tenemos que ir a Qatar dentro de cuatro años – es debido a la decisión de un organismo en su conjunto, El Comité Ejecutivo de la FIFA, del cual tres cuartos de sus miembros han sido condenados o suspendidos por incurrir en actividades ilícitas.
Se vienen más cambios. La Copa del Mundo de 2018 será la primera que contará con el VAR (Video Assistant Referees), una innovación que, incluso después de haber sido probada en más de 1,000 partidos de primer nivel en media docena de ligas alrededor del mundo, sigue teniendo muchos detractores.
No hay momento en el que los árbitros sean más criticados y estudiados de cerca que en un Mundial, sus decisiones siguen siendo debatidas años después en algunos casos.
El VAR tiene como finalidad poner punto final a los errores más atroces, pero lo que les debe quitar el sueño al dirigente de arbitraje de la FIFA, Massimo Busacca, y el asesor de arbitraje de la FIFA, Pierluigi Collina, es que cometan algún error catastrófico debido al VAR o que este tenga inconvenientes al momento de utilizarlo. Si eso llegase a suceder, esta también podría terminar siendo la primera y la última Copa del Mundo con VAR.
El Mundial ha pasado de eliminatorias directas a la Fase de Grupos. De 13 a 16 a 24 y finalmente a 32 equipos. Pasó de ser relatada por radio, a la televisión en blanco y negro, a la televisión de color y a las pantallas ultra HD. De no tener sustituciones, a tener tres sustituciones, y a cuatro si hay un tiempo suplementario.
El torneo ha sido disputado en todos los continentes salvo en Australia y en la Antártida. Es una copa que tiene vida, siempre está en evolución. A veces los cambios no funcionan, tal como fue el caso del “grupo final” de 1950 y del Gol de Oro. Con más frecuencia, sin embargo, incluso cuando el cambio ha sido criticado por algunos – como cuando se aumentó el número de equipos africanos y asiáticos o cuando se expandió el torneo de 24 a 32 equipos – este evento se ha fortalecido y hecho incluso más popular. Y así será en 2018.
Dejando de lado todos los inconvenientes que haya tenido o que pueda tener la competencia, los aspectos que no nos agraden demasiado o todos los cambios que tememos, todos los que somos fanáticos de este deporte sabemos que nunca podríamos abandonar la Copa del Mundo, tal como nunca podríamos negar nuestros ancestros o nuestro pasado.
