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La oportunidad de Arsenal, a 3 partidos de la Premier y Champions

Con la victoria sobre West Ham, el equipo de Mikel Arteta quedó a las puertas de cerrar una temporada legendaria.


En una temporada cargada de tensión de principio a fin, Arsenal vivió quizá su momento más angustiante este domingo. Obligado a ganar para no permitir que Manchester City se le acerque en la cima de la Premier League, el equipo de Mikel Arteta batalló contra West Ham y contra sus propios demonios, las lesiones, las gigantescas expectativas e incluso el VAR, y sacó un triunfo por 1-0 de un valor incalculable.

Cuando durante largos períodos parecía que la posibilidad de cortar con su sequía de 22 años parecía escaparse de sus manos una vez más, aquel derechazo de Leandro Trossard a 7 minutos del final (y la anulación en tiempo de descuento del tanto de Callum Wilson), culminó una semana soñada para los Gunners, que el martes habían asegurado su lugar en la segunda final de Champions League de su historia con un 2-1 global sobre Atlético de Madrid.

Al curso del conjunto del norte de Londres le quedan, de este modo, tres partidos que pueden transformar en leyenda a un equipo al que las hinchadas rivales le recuerdan sus subcampeonatos consecutivos semana a semana. Solo Burnley, Crystal Palace y PSG quedan en el camino antes de que el largo y paciente proyecto del entrenador vasco por fin rinda frutos.

Una recuperación en el momento justo

En este momento de euforia cuesta pensar que pasó tan solo un mes de aquella devastadora racha de derrotas entre marzo y abril, que comenzó y terminó con caídas ante Manchester City en la final de la Copa de la Liga y la Premier que parecían haber inclinado la balanza firmemente hacia el lado Sky Blue en la lucha.

Por aquel entonces habían confluido varios inconvenientes que habían reducido las opciones de Arteta. Las constantes lesiones de jugadores clave como Jurriën Timber, Riccardo Calafiori, Bukayo Saka, Martin Odegaard y Kai Havertz le impedían contar con su mejor equipo de manera consistente, y muchos de sus atacantes, como Noni Madueke, Gabriel Martinelli y Leandro Trossard, pasaban por su peor estado de forma. El agotamiento físico y mental del plantel era evidente, y coincidió con el momento en que los Citizens habían encontrado su mejor once.

Esa tormenta fue superada en parte con los regresos de Calafiori y Saka, que se reintegraron al once titular y elevaron notablemente el nivel del equipo, pero también por algunas decisiones osadas de Arteta, que había recibido críticas a lo largo del curso por su aversión al riesgo. El desplazamiento de Eberechi Eze al extremo izquierdo le permitió juntarlo con Odegaard para darle dinamismo y creatividad al ataque, y la introducción del juvenil Myles Lewis-Skelly en la mitad de la cancha, al lado de Declan Rice, le aportó una conducción y velocidad desde el fondo que había perdido debido al flojo presente de Martín Zubimendi.

El encuentro ante Fulham fue el banco de prueba de esos nuevos movimientos, y la goleada por 3-0 transformó lo que parecía una rotación de cara al partido de vuelta de semifinal de Champions ante Atlético en el modelo a seguir. En ambos duelos se vio la mejor versión de los Gunners en meses, un equipo revitalizado que jugó con más ilusión de gloria que pánico por que la oportunidad se escape.

El valor de depender de sí mismo

Claro que para que Arsenal pudiera volver a pensar en salir campeón primero tuvo que haber un tropiezo de su rival directo. La victoria que había sacado el conjunto de Pep Guardiola por la liga significó que, si Manchester City ganaba todos sus partidos pendientes, podía igualar el registro de los londinenses.

Eso ocurrió finalmente cuatro días más tarde, cuando previsiblemente vencieron a Burnley, que consumó su descenso con esa caída. Sin embargo, en lo que debía ser una oportunidad de oro para ensanchar la diferencia de gol, los mancunianos apenas sacaron un escueto 1-0, lo que aumentó la presión a ambos equipos de anotar la mayor cantidad posible de tantos en sus duelos restantes. Por si fuera poco, el catalán también tuvo que lidiar con la lesión de Rodri, pieza troncal del mediocampo, y con un partido más en el calendario tras avanzar a la final de la FA Cup, en la que se medirá ante Chelsea y que llegará antes del cierre de la temporada liguera.

En cambio, el siguiente cotejo de los Citizens pudo ser determinante. Everton, que todavía lucha por entrar en las competencias europeas para el año siguiente, le remontó una desventaja inicial para ponerse 3-1 contra todo pronóstico y hacer sonar las alarmas. Los visitantes eventualmente obtuvieron un agónico empate de la mano de Erling Haaland y Jeremy Doku, pero cuando sonó el pitazo final la sensación de dos puntos perdidos era indisimulable. Y gracias a ese desliz, los Gunners solo deberán ganar los dos partidos restantes para coronarse.

Por ese motivo, y por el cómodo 3-0 sobre Brentford con el que Manchester City se repuso a la semana siguiente, la visita a un West Ham que se jugaba la salvación había tomado una preponderancia mayúscula para los Gunners y su fortaleza mental. La dificultad de Arteta para actuar frente a una nueva lesión grave, esta vez a Ben White, pareció condicionar el desarrollo, pero apareció el recientemente galardonado Guante de Oro David Raya para salvar a su equipo con atajadas clave, y el sablazo de Trossard desató la locura una vez más. Si todo sale como sueñan, en un lapso de dos semanas se podría convertir en uno de los goles más importantes de la historia del club.