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Luis Enrique y Quique Sánchez Flores, vecinos pero no amigos

"Nuestros números de local no son los de un equipo que quiere pelear el título", admitió. AP

BARCELONA -- Luis Enrique Martínez y Quique Sánchez Flores se enfrentarán este domingo por primera vez desde un banquillo en partido de Liga y la no realización de la típica fotografía previa a un derbi entre los dos entrenadores ha devuelto al plano la fría, gélida, relación entre ambos.

El hoy entrenador del Espanyol fichó como futbolista por el Real Madrid en el verano de 1994 procedente del Valencia y allí coincidió con el ahora técnico del Barcelona, que había llegado al club merengue en 1991 desde el Sporting de Gijón.

Ambos compartieron dos temporadas vestuario y su inicial amistad se truncó en la segunda y última temporada que compartieron como compañeros.

En el curso 1994-95, a las órdenes de Jorge Valdano, Quique disputó 37 partidos oficiales por 43 de Luis Enrique. Ambos, junto a Laudrup (llegado desde el Barcelona) tomaron parte del 5-0 con que el Madrid respondió al encajado un año antes en el Camp Nou y el asturiano, incluso, marcó un gol (el 4-0) que celebró de manera tan efusiva como después celebraría los marcados como azulgrana.

Aquella temporada el Real conquistó la Liga rompiendo el dominio del Barça, pero al año siguiente las cosas se torcieron en el vestuario del Bernabéu. Aficionados ambos a los entonces incipientes videojuegos, en Madrid aún se recuerda su fiebre con el legendario en España ‘PC Fútbol’ que compartían con Michel y Laudrup.

Incluso existe una anécdota, explicada en un libro escrito por los periodistas Joaquín Maroto y Javier Matallanas, que cuenta la herida que se produjo Luis Enrique en casa de Quique: un corte en la mano por golpear una mesa de cristal y que le llevó a acudir a urgencias en Madrid.

Su entendimiento en el campo, lateral Quique e interior Luis Enrique, iba más allá y en Madrid alumbró la posibilidad de que ese equipo tomase el testigo del Barça en el dominio del fútbol español. No fue así.

EL CHIVATO

Ocurrió que la temporada 1995-96 comenzó de mala manera para el Madrid. Derrotado por el Deportivo en la Supercopa de España, el equipo merengue perdió seis de los primeros diez partidos oficiales de la temporada y transcurridas apenas seis jornadas de Liga transitaba en una deprimente 15ª posición con 5 puntos, 11 menos que el líder Atlético y 9 por debajo del Barça.

El ambiente se enrareció en el vestuario y a la que comenzó a especularse con el despido de Jorge Valdano, cerca de Navidad, el entrenador resolvió apartar del equipo a Michel, Laudrup y Luis Enrique, señalados por el entorno como los causantes de ese mal rollo en el vestuario por ‘rajar’ del técnico durante las partidas de cartas de la plantilla en los desplazamientos.

De forma automática saltó al plano la sospecha de que algún jugador de la plantilla había ‘cantado’ al técnico argentino los nombres de quienes le atacaban en la intimidad del vestuario y aunque nunca se supo con seguridad quien pudo haber sido ese personaje el nombre de Quique Sánchez Flores, a quien unía una excelente relación con Valdano, fue puesto en el plano como el ‘chivato’.

Una derrota, el 22 de enero de 1996, en el Bernabéu por 1-2 frente al Rayo Vallecano provocó el cese del entrenador y su sustitución por Arsenio Iglesias, quien decidió de inmediato aparcar cualquier tipo de castigo en la plantilla.

Tres días después, con Del Bosque como entrenador interino, el Madrid ganó por 0-5 en San Mamés con Luis Enrique y Laudrup (bigoleador) en el once inicial. Michel entró en la segunda mitad y anotó otra de las dianas de aquella goleada en la que Quique también fue titular. Pero entre el lateral y varios de sus compañeros ya no existía ese feeling de antaño.

OLVIDO SIN PERDÓN

Al acabar la temporada Luis Enrique, con la baja en el bolsillo, fichó por el Barça, Quique resolvió su contrato para irse al Zaragoza y sus caminos no volvieron a cruzarse hasta muchos años después.

En mayo de 2011 el madrileño abandonó el banquillo del Atlético de Madrid y entre los nombres que sonaron para sustituirle destacó el de Luis Enrique. Finalmente el asturiano, que dejó ese mismo verano el Barcelona B, fichó por la Roma porque el Atlético eligió a Gregorio Manzano y alrededor del Calderón se especula aún con que Quique no dudó en trasladar al club colchonero la poca confianza que le inspiraba Lucho.

La relación entre ambos ya era inexistente y, más aún, su nulo feeling quedó de manifiesto durante un partido entre Sevilla y Barcelona, comentado por Quique en una emisora de radio y en el que no dejó pasar la oportunidad de criticar de forma muy evidente una sustitución de Neymar.

Desde hace muchos años los derbies entre Barcelona y Espanyol tienen en la jornada anterior una foto amistosa entre sus entrenadores… Pero esta semana no la habrá. Luis Enrique se excusó, de forma fría, en que no tenía tiempo y a Quique Sánchez Flores le supuso un alivio evitarlo.

Ya se vieron y guardaron las formas de manera breve en Tarragona, con ocasión de la Copa Catalunya permitiendo apenas un par de instantáneas, con risa impostada y sin regalarse ningún tipo de elogio.

Y es que hace ya dos décadas una amistad que nació a través de los videojuegos se rompió de forma abrupta porque si algo no perdona Luis Enrique es sentirse traicionado. Es capaz de olvidar… Pero nunca de perdonar.