El sábado por la noche en Salvador quedó clarísimo que Argentina, uno de los aspirantes al título de la Copa América, está lejos de ser un producto terminado. Con algunas decisiones por tomar y ajustes por hacer en ataque, lo mismo va para Brasil.
El caso de Uruguay es diferente. Bajo la tranquila y sabia dirección de Óscar Washington Tabárez, su progreso es sereno, siempre pensando a largo plazo mientras busca resultados a corto plazo.
Estadísticamente, fue el mejor seleccionado sudamericano en el mundial del año pasado. Doce meses más tarde, sería lógico suponer que ha mejorado. La vieja guardia con hombres de la talla de Luis Suárez, Edinson Cavani y Diego Godín sigue fuerte. Y la prometedora generación de mediocampistas jóvenes tiene un año más de experiencia. Uruguay no está intentando desenterrar un modelo de juego; sabe exactamente lo que está haciendo.
Pero eso no significa que no haya dinámica de cambio. Un equipo de fútbol está en permanente estado de construcción. Siempre hay opciones por explorar en busca de la combinación perfecta. Y lo que funcionó la última vez no necesariamente funcionará la siguiente.
El triunfo del domingo por 4-0 sobre Ecuador nos da una idea de lo que Tabárez ha estado pensando. Tienen tantos mediocampistas buenos que resulta difícil meterlos a todos en el once titular. Uruguay terminó el mundial con Matías Vecino, Rodrigo Bentancur y Lucas Torreira operando en conjunto. Ahora, a pesar de su gran temporada con Arsenal, Torreira ha quedado afuera. Vecino y Bentancur están solos en el medio con Nahitan Nández abierto por la derecha y Nicolás Lodeiro por el lado opuesto.
Este cambio se probó por primera vez en marzo, cuando Uruguay supero fácilmente a Uzbekistán y Tailandia para ganar la Copa China. Tanto Suárez como Cavani se perdieron el torneo por lesión, pero el cambio seguramente se hizo con esta dupla de delanteros en mente. Con dos mediocampistas externos, Uruguay logra estirar la defensa contraria y Suárez y Cavani pueden jugar más cerca uno del otro, y cerca del arco contrario.
La entrada de Lodeiro tardó cinco minutos en rendir sus frutos -- recibió un pase cruzado por un extremo, gambeteó a los defensores contrarios y abrió el tanteador con una linda volea. Lodeiro, con el diestro apoyo del lateral izquierdo Diego Laxalt, atormentó a la defensa por un costado mientras Nández, con el respaldo del Martín Cáceres, creó una seguidilla de ocasiones desde la derecha. A Uruguay le salió todo.
Pero Ecuador también le dio una mano. En primer lugar, el entrenador Hernán Darío Gómez sorprendió con su selección. Suele parar al equipo con Carlos Gruezo como escudo de la defensa de cuatro en una formación de 4-1-4-1. Pero Gruezo fue reemplazado por el volante ofensivo Ángel Mena. No fue fácil encontrar justificación para semejante cambio, y Mena terminó siendo sacrificado antes de la media hora, víctima de la necesidad de reemplazar al lateral derecho José Quinteros, quien fue expulsado por un codazo.
Así que Uruguay nunca corrió peligro ni fue puesto a prueba. Eso plantea un interrogante sobre la verdadera efectividad del mediocampo que usaron en Belo Horizonte. La última vez que habían jugado con una idea similar fue contra Arabia Saudita en el segundo partido de Rusia 2018, cuando lucharon para conquistar un deslucido triunfo con Carlos Sánchez y Cristian Rodríguez por los costados.
Ese día, el problema fue el típico de las formaciones de 4-4-2 con volantes externos --problema con el que Inglaterra solía toparse una y otra vez-- los dos del medio pueden quedar superados en número, por lo que al equipo le resulta muy difícil avanzar.
Contra equipos más fuertes que Ecuador, puede que Tabárez tenga que cambiar de estrategia. Torreira reemplazó a Lodeiro en los últimos 15 minutos, y el excelente Federico Valverde también tuvo su oportunidad sobre el final en lugar de Vecino. Con tres volantes centrales, Cavani se volcó más a la izquierda, lo que implica que debe cubrir más terreno.
Como siempre, el espíritu de sacrificio de Cavani y Suárez fue impresionante. Su hambre de copas sigue intacto. Y los jóvenes leones del mediocampo están ansiosos por demostrar lo que son capaces de hacer. El mensaje recibido en los primeros días de la Copa América 2019 es que Uruguay salió a ganarla, y será fascinante ver qué decisiones toma Tabárez cuando los partidos empiecen a complicarse más que el primero del domingo.
