París Saint-Germain, un 'cliente' conocido para el Barcelona

Getty Images

BARCELONA -- Sonrió Rud Gullit al sacar la penúltima bola entre los cabezas de serie: FC Barcelona. La suerte le había emparejado con el PSG. Fueron saliendo los nombres de Manchester City (que no podía ser rival), Real Madrid (tampoco), Benfica (que se fue con el Borussia Dortmund), Bayern (emparejado con el Arsenal), Porto (Juventus)… Y PSG.

Para el final quedó el Sevilla-Leicester pero por encima de todo alumbró ese duelo entre los campeones de España y Francia, un reencuentro con morbo.

Dos años después de que se cruzaran en la fase de grupos primero y en los cuartos de final después, Barcelona y PSG vuelven a verse las caras, en un duelo que, de entrada, presenta al equipo azulgrana como favorito.

Será el tercer enfrentamiento en eliminatoria directa desde 2013, el cuarto contando los cuartos de final de 1995, quinto con la final de la Recopa de 1997 y sexto en total. Solamente en la primera ocasión, en marzo de 1995, el PSG de Luis Fernandez y Rai superó al Barça.

Las cosas, evidentemente, han cambiado mucho desde entonces. De hecho, han cambiado, y no poco, desde hace apenas medio año. El campeón francés, al que le ha salido un competidor inesperado en la Liga local llamado Niza, mantiene la estructura de los útimos años, aunque ha cambiado en dos facetas trascendentales: el banquillo y el mando.

Unai Emery ha sustituido a Laurent Blanc y Edinson Cavani ha tomado el papel de Ibrahimovic. Y, de momento, los cambios no han significado una mejora para el PSG.

Transcurridas 17 jornadas del torneo galo, el PSG suma la peor estadística de los cuatro últimos años y los cuatro puntos que está por detrás del líder es su mayor déficit desde 2009, antes de que Qatar llenase sus arcas de petrodólares y su vestuario de estrellas.

Aburridos de la seriedad personificada por Laurent Blanc, los dueños del PSG le facturaron para fichar al triple campeón de la Europa League, un tipo, Unai Emery, que destila pasión por los cuatro costados pero cuyo impacto en el juego del equipo ha sido mucho menor a lo esperado.

Clasificar para los octavos de final como segundo no era un fiasco teniendo al Arsenal como competidor… Pero hacerlo por empatar en casa frente a un Ludogorets cuyo presupuesto apenas alcanzaría para pagar el salario de Thiago Silva, Cavani y Di María sí fue una decepción que comenzó a poner en el escenario las dudas que en algunos sectores despierta el entrenador español.

VIRTUD… Y DEFECTOS

En el campo el Barcelona no volverá a cruzarse con Ibrahimovic, protagonista de tres visitas al Camp Nou con el PSG y que en verano dejó su plaza de estrella en poder de Edinson Cavani. El uruguayo suma 22 goles, diez más que las dos últimas temporadas a estas alturas y ha tomado con prestancia el relevo del veterano futbolista sueco… Pero el equipo no acompaña como antaño.

En ataque el equipo parisino sigue siendo poderoso y temible. A Cavani acompaña Di María como mayor apoyo y el fiasco que por ahora han supuesto Ben Arfa, con quien llegó a enfrentarse el entrenador en septiembre, o Jesé lo ha equilibrado con la eclosión de Agustin o la prestancia de Matuidi.

Es en defensa donde el PSG sufre de manera extraña y en ocasiones patética. Si el centro del campo, con la incorporación de Krychowiak y el paso delante de Lucas mantiene el pulso de los últimos años, en la zaga el regreso de David Luiz al Chelsea ha convertido a Marquinhos en una pareja con menos feeling del esperado de Thiago Silva.

Sin solucionar totalmente el déficit de los laterales, Unai Emery, además, ha descabalgado a Trapp de la titularidad en la portería y no son pocas las ocasiones en que el PSG sufre en una defensa que deberá ajustar absolutamente si quiere sobrevivir al Barcelona que ya le eliminó dos veces desde 2013.