La NFL le devuelve a México parte de todo lo recibido

play
¿Quién tendrá mejor temporada, Cowboys o Steelers? (2:16)

Mientras muchos jugadores aprovechan el verano para descansar, otros deciden invertir sus vacaciones sembrando sueños


Hay una imagen que suele repetirse cada verano. Cuando termina la temporada de la NFL, millones de aficionados imaginan a los jugadores descansando en alguna playa, disfrutando de unas vacaciones bien ganadas después de casi un año de golpes, viajes y presión constante. Es la fotografía que normalmente muestran las redes sociales: yates, playas, campos de golf y destinos exóticos.

Pero existe otra NFL. Una que pocas veces aparece en televisión y que, probablemente, dice mucho más de sus protagonistas que cualquier touchdown o cualquier anillo de campeonato.

Es la NFL de aquellos que utilizan sus semanas de descanso para regresar al origen del deporte. La de quienes cambian el gimnasio por un campo comunitario, un resort por una cancha de tierra y el anonimato del receso por cientos de niños que esperan una foto, un consejo o simplemente la oportunidad de atrapar un pase lanzado por alguien que ya llegó a donde ellos sueñan hacerlo.

Eso fue exactamente lo que ocurrió el pasado 11 y 12 de julio en la Deportiva de la Pirámide del Pueblito, en Querétaro, durante el Pro-Training Clinic Tailgate & Festival. Durante dos días, jugadores y exjugadores de la NFL convirtieron sus vacaciones en horas de enseñanza, convivencia y trabajo de campo, demostrando que el legado de un profesional también se construye cuando no hay cámaras, marcadores ni contratos de por medio.

La imagen adquiere todavía mayor relevancia porque llega justo cuando la NFL vuelve a sentirse más cerca de México que nunca. Esta temporada podrá disfrutarse nuevamente por las pantallas de ESPN, casa de la liga durante décadas para millones de aficionados latinoamericanos, mientras que los San Francisco 49ers preparan su esperado regreso a la Ciudad de México, reafirmando una relación que lleva generaciones construyéndose con una de las aficiones más grandes que la franquicia tiene fuera de Estados Unidos.

No es casualidad que varios de los protagonistas de esta historia tengan precisamente vínculos con la organización de San Francisco.

Tayler Hawkins llegó a Querétaro pensando que encontraría una clínica más. Se fue con una impresión completamente distinta.

El exdefensivo de los 49ers reconoció que jamás imaginó descubrir tantos niños y jóvenes practicando fútbol americano en México. Lo sorprendió la pasión, la cantidad de equipos y, sobre todo, la energía con la que aquí se vive un deporte que, paradójicamente, en ocasiones parece generar menos entusiasmo en algunos campus universitarios estadounidenses.

"Es diferente a como es en Estados Unidos... y me encanta", resumió.

Su reflexión fue todavía más interesante cuando explicó que jamás fue un atleta de un solo deporte. Antes del fútbol americano practicó soccer, básquetbol y prácticamente cualquier disciplina que encontró a su alcance. Esa diversidad, asegura, terminó moldeando las herramientas atléticas que años después lo llevarían a la NFL.

Por eso, cuando habla con jóvenes mexicanos, no insiste únicamente en aprender coberturas defensivas o mejorar la velocidad. Les habla de disciplina, puntualidad, constancia y de aprovechar cualquier deporte para convertirse en mejores atletas. Son habilidades que, afirma, terminan siendo igual de valiosas dentro y fuera del emparrillado.

Incluso recordó el camino que abrió Alfredo Gutiérrez mediante el International Player Pathway Program como prueba de que hoy la distancia entre México y la NFL ya no parece tan imposible como hace apenas algunos años.

Y antes de despedirse dejó un mensaje que hizo sonreír a los aficionados presentes: el cariño que la Nación Niner demuestra en México sí llega hasta los jugadores... y el famoso "Bang Bang Niner Gang" volverá muy pronto a escucharse con fuerza cuando San Francisco regrese al país.

Si Hawkins encontró una nueva perspectiva de México, Alfredo Gutiérrez encontró la oportunidad de devolverle al país parte de lo que le permitió alcanzar su propio sueño.

El exliniero ofensivo entiende perfectamente que hoy su impacto puede ser incluso mayor fuera del campo que dentro de él. Por eso dedica buena parte de su tiempo a recorrer clínicas, hablar con jóvenes y convencerlos de algo que considera indispensable: el talento mexicano existe; lo que necesita cambiar es la mentalidad.

Su propia historia respalda ese discurso

Antes de especializarse en el fútbol americano practicó básquetbol, atletismo, danza, lanzamiento de bala, disco y martillo. Cada disciplina, explica, fortaleció una parte distinta de su juego. El básquetbol le enseñó coordinación y movimientos en espacios reducidos; el atletismo, velocidad; los lanzamientos, potencia de piernas y estabilidad del core.

No habla desde la teoría. Habla desde la experiencia.

Por eso insiste en que el atleta mexicano debe dejar atrás la especialización prematura y adoptar un modelo mucho más parecido al estadounidense, donde los jóvenes cambian de deporte según la temporada escolar y construyen atletas mucho más completos antes de elegir una sola disciplina.

Para Gutiérrez, además, el panorama comienza a cambiar. Observa una Liga de Fútbol Americano Profesional cada vez más sólida, un mayor número de becas deportivas, familias más involucradas y exjugadores de la NFL invirtiendo tiempo y recursos para fortalecer el crecimiento del deporte en México.

En ese contexto también entiende perfectamente lo que representa el regreso de los 49ers como locales al país. Para una organización que lleva décadas cultivando una relación especial con la afición mexicana, jugar nuevamente frente a ese público significa algo más que un partido internacional: representa una manera de agradecer la lealtad de millones de seguidores que nunca dejaron de sentirse parte de la franquicia.

Quizá esa sea la enseñanza más importante que dejó Querétaro.

Mientras muchos aprovechan el verano para descansar, otros deciden invertir sus vacaciones sembrando sueños que probablemente nunca llegarán a conocer. Ninguno de esos niños sabe si algún día jugará en la NFL. Tampoco lo sabían Hawkins o Gutiérrez.

Lo único que saben es que alguien hizo exactamente lo mismo por ellos cuando eran pequeños. Y tal vez ahí radique la verdadera grandeza del deporte.

Los campeonatos llenan vitrinas. Los contratos cambian vidas. Pero dedicar las vacaciones a inspirar a la siguiente generación es una victoria que nunca aparecerá en las estadísticas... y, sin embargo, quizá sea la más importante de todas.