LOS ÁNGELES -- “Planteamiento mediocre”. “Derrotista”. “Sin hambre”. “Carente de hombría deportiva”.
Las acusaciones están domiciliadas. Las envía con servicio de entrega inmediata, Víctor Manuel Velázquez, presidente del Consejo de Vigilancia de Cruz Azul.
Sin duda, la artillería verbal del directivo hace estragos en la calidad profesional del técnico Robert Dante Siboldi. La alusión es directa. Timorato y pusilánime le llama a su estrategia, bajo la consigna de que planteó el juego ante Pumas, no para buscar el triunfo, sino sólo para intentar evitar la derrota.
Hay una aseveración más: “la peor derrota” en la historia cementera, la llama Velázquez, ésa, la sufrida por 4-0 ante Pumas, y que dejó a La Máquina fuera de la Final del Torneo Guard1anes 2020. Es el equivalente al término #MegaCruzazuleada.
Escucha el Blog de Rafa
Aunque los tortazos verborreicos aterrizan en el abochornado rostro de Siboldi, es evidente que salpican severamente a todos, sí, a todos los futbolistas de Cruz Azul. Especialmente, les atañen esas expresiones de “sin hambre” y “carentes de hombría deportiva”.
Lo peor de todo, o lo mejor de todo, es que la autopsia hecha por Velázquez es tan brutal como inobjetable; tan ultrajante, como cierta; tan insultante, como irrefutable, porque sí, así se vieron, el cuerpo técnico y los jugadores de Cruz Azul, en la derrota humillante en la Vuelta ante Pumas.
Ignominiosas y dolorosas, pero ésas fueron las causas de la muerte de La Máquina en el certificado de defunción: “Planteamiento mediocre”. “Derrotista”. “Sin hambre”. “Carente de hombría deportiva”.
Hay más para los jugadores. Son amenazas bien disfrazadas, pero, insisto, tienen la dirección postal correcta en la cabecita de cada futbolista de Cruz Azul. La advertencia llega cuando Velázquez advierte de que harán valoraciones puntuales del rendimiento de los jugadores.
Aquí valdría precisar si esas evaluaciones llegarán por lo que hicieron en todo el 2020 o sólo por lo que no hicieron en la Semifinal de Vuelta ante Pumas. Es evidente que el juicio sumario debe ser por esos 90 minutos en Ciudad Universitaria, los 90 minutos de la catástrofe.
¿Por qué? Por algo muy sencillo: a lo largo de 2020, lo único que hicieron fue cumplir con sus obligaciones, hacer bien su trabajo, desquitar el estratosférico salario que reciben. Cumplieron con su deber, unos mejor que otros.
Pero, todo el proyecto de 2020, lo arruinaron en 90 minutos. Se colapsó, se desmoronó todo lo bueno que hicieron antes. Y no hablo de ganar o perder, una regla inevitable del juego. Pero sí, hablo de cómo ganar y cómo perder, y a eso se refiere Víctor Manuel Velázquez, a la forma de perder, sin testosterona, sin gónadas, sin lo que él llama “hombría deportiva”.
La obligación de cuerpo técnico y jugadores es hacer las cosas bien, y su premio les aguarda al final del torneo. Pero, renunciar a competir; renunciar a tratar de ganar; renunciar a jugar sin miedo; renunciar a jugar sin taras; renunciar a jugar sin atavismos, ni miedos ni cobardías, renunciar a todo eso, implica que, si ya lo hicieron una vez, podrán hacerlo nuevamente.
Y en el caso de Siboldi, el escenario es patético. Recordemos que no bajó al vestidor tras la humillación ante Pumas, porque el ambiente entre el grupo podía haber degenerado en reclamos y en violencia.
¿Alguien puede explicar cuándo el técnico entrega el mando del vestidor? ¿Cuándo un general entrega, por miedo, con miedo, la espada de su autoridad sin defenderla? ¿Cuándo un general arría la bandera de su dignidad antes de defenderla? Hay que recordar las circunstancias tan peculiares en las que Siboldi sale de Santos Laguna y de Veracruz.
Encima, testigos aseguran que al final del partido, varios jugadores le recriminan a Siboldi, y algunos lo hacen de manera soez y procaz, y entre quienes insultan y lo retan está Milton Caraglio, quien, seamos claros, ha andado dando tumbos y de equipo en equipo sin ser el protagonista que se supone. ¿Tendría Caraglio la mano limpia para lanzar la primera piedra contra Siboldi? Difícilmente.
En su discurso, Velázquez explica que se pondrá final a “vicios de simulación y mentira”, y lo hace para abordar el despilfarro en comprar jugadores que no están a la altura del desafío que demanda Cruz Azul como institución, y hace un compromiso, supuestamente serio: desarrollar las fuerzas básicas.
¿Quién es el más reciente referente de los semilleros de Cruz Azul? El desaparecido --aunque todos saben dónde está--, Billy Álvarez Cuevas, hablaba de Javier Aquino. ¿Aquino? ¿De verdad? Ese mismo que hace unos meses les llamó perdedores y fracasados a todos los involucrados con Cruz Azul y se burló de la racha de 23 años sin título de Liga.
Por lo pronto, la increpación pública a todo el plantel es muy oportuna. Se viene la Concachampions, arrancando con un equipo venido a menos ya, como el L.A. FC. Ojo: con el cinismo que se conducen algunos jugadores, seguramente tratarán de reivindicarse y engatusar a la directiva actual y hasta podrían sorprender en la burbuja emelesera de Orlando.
Sólo una duda: ¿se atreverá ya Robert Dante Siboldi a entrar a su vestidor?
