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Cruz Azul sobrevive a todos los tsunamis

LOS ÁNGELES -- En Cruz Azul, el calvario es ajeno. En la cancha, anegada y todo, sigue sumando y manteniendo el invicto. 2-0 al León, una fiera herida por las ausencias de Fernando Navarro y Ángel Mena.

Sus cruces y sus calvarios externos no hacen mella en el equipo. Sobrevive a las tolvaneras que le azotan desde fuera, y con corazón de cemento se mantiene atento al futbol.

Sigue La Máquina saludable en el terreno de juego, pese a ser la más afectada por positivos (asintomáticos) de COVID-19, y se impone con goles de Juan Escobar y de Santiago Giménez desde el manchón.

Y en un partido lavado persistentemente por la lluvia, Cruz Azul se pone impermeable ante el presunto lavado de dinero del que se acusa a quien, según Jaime Ordiales, aún mantiene el poder en todos los escenarios celestes: Guillermo Álvarez Cuevas.

Cierto, la cancha era un atolladero para ambos equipos. Deslució el juego y estancó a buenos futbolistas en la cancha. Pero, ya se sabe, que ni siquiera un nuevo diluvio detendrá un partido de futbol ante el rigor del calendario del Torneo Guard1anes 2020.

Cruz Azul sigue haciendo un futbol sencillo pero aderezado con espíritu y fervor, en cada pelota y en cada lance. Eso, y cuando además hay facultades, convierte a La Máquina en un adversario que con base en persistencia y paciencia saca resultados.

León sufría sin dos de sus mejores hombres. Fernando Navarro, que más allá de las voluntariosas gestas defensivas, sus incursiones inesperadas casi como interior, es un dispositivo imprescindible en el equipo. Ángel Mena con toda su riqueza, y especialmente ante su ex equipo, en un rencor que no fenece, habría sido una bayoneta inquietante.

Cosechando puntos, alimentando ilusiones, generando disfrute con el futbol que intenta, este sábado, incluso a pesar de la encharcada cancha, Cruz Azul es reflejo de la fortaleza interna de la que goza. Y ante semejante mole de cemento sentimental, las ventiscas o los tsunamis de sus directivos, apenas les alborotan el copete.

Mérito tiene, sin duda, Robert Dante Siboldi, pero la disciplina colectiva, la solidaridad de grupo, desde ese día exacto en que decidieron aliarse y echar de fea manera del vestidor a Víctor Garcés y ser capitanes de su propio destino, la responsabilidad de cada uno, fortalece a todos.

Aunque mantienen bajo un rigor hermético ese pacto de sangre, de sangre azul, hecho en el vestuario, queda claro que implica una robusta tenacidad por el compromiso absoluto de matar o morir.

Prueba de ello es que dos de los tres señalados por aprovechar días libres para escaparse a la playa, marcaron los goles de este sábado: Juan Escobar y Chaquito Giménez, éste cobrando con un escopetazo brutal el penalti para el 2-0. El tercero en discordia había sido Adrián Aldrete.

Claro, en su momento, Siboldi jugó su papel de distraído, al asegurar que él jamás se enteró de las vacaciones playeras de estos tres jugadores, las cuales están prohibidas por los equipos, para reducir los riesgos de contagio por COVID-19. Parecería una mentira blanca, aunque peligrosa.

El calendario parece generoso para La Máquina. Visita al polizonte de la Liga de Desarrollo en la Liga MX, el Querétaro, y después recibe a Ciudad Juárez, equipo que ya se sabe, suele crecerse ante equipos con prosapia, aunque tenga, claro, 23 años sin acarrear un trofeo a la dimensión desconocida de los celestes: su sala de trofeos.